11 de agosto de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

La entrada de Vox en el Parlamento Vasco amarga la noche a PNV y Bildu

Urkullu, este domingo votando en la localidad vizcaína de Durango.

Urkullu, este domingo votando en la localidad vizcaína de Durango.

Urkullu gana cómodamente y los de Otegi se disparan para consolidarse como segunda fuerza. Los de Abascal suman en su corta historia un nuevo récord con representación en Álava.

El oasis vasco va a ser de nuevo la próxima legislatura, el oasis del PNV. Ni el derrumbe del vertedero de Zaldivar, ni los casos Miñano y Alonsótegui -dos de los últimos escándalos de corrupción que salpican al nacionalismo-; ni las críticas de los profesionales sanitarios por la gestión del Gobierno Vasco durante la crisis del Covid, han pasado factura a Ínigo Urkullu frente a un Bildu muy al alza. Solamente Vox ha logrado arruinar la fiesta del nacionalismo y los batasunos con una auténtica sorpresa.

El lendakari ha revalidado su victoria de 2016 y ha mejorado sus resultados pasando de 28 a 31 escaños. Añadido a la ligera y pírrica mejoría que también logran sus socios del PSE (+1), el PNV se garantiza de la mano de los de Idoia Mendía una cómoda mayoría absoluta hasta 2024. Suman 41 escaños sobre una mayoría de 38.

Tumba con esta holgada victoria una amenaza que le ha sobrevolado toda la campaña del 12-J, aunque más como una estrategia de Podemos que como una opción viable: el tripartito de izquierdas Bildu-PSE-Podemos que pudiera replicar en el País Vasco la alianza parlamentaria que las tres formaciones tienen en el Congreso de los Diputados.

Este domingo electoral, con una participación a la baja, deja un escenario calcado al que reflejaban las encuestas. A la holgada victoria de Urkullu (31, tres más) y la mejora de los números del PSE , se suman el sostenido crecimiento de Bildu como segunda fuerza de la Cámara de Vitoria -gana 4 escaños- , el nuevo varapalo de Pablo Iglesias (pierde 5 parlamentarios) y el retroceso de la coalición PP-Cs. Carlos Iturgaiz ve esfumarse 4 de los 9 que Alfonso Alonso obtuvo en 2016.

Vox ha dado la gran sorpresa de la noche logrando el escaño que disputaba por Álava y representación en un nuevo parlamento regional tras su irrupción en las pasadas elecciones autonómicas. Los de Santiago Abascal logran situar a Amaia Martínez en la Cámara de Vitoria y se garantizan un incuestionable eco mediático y político para los próximos cuatro años.

 

Carlos Iturgaiz, entre Pablo Casado e Inés Arrimadas en el único acto electoral en el que los líderes de PP y Ciudadanos han participado juntos.

 

Cabe destacar que los dos grandes derrotados de la noche han sido los dos partidos que cambiaron a su candidato en vísperas de la precampaña electoral. El PP vasco viró del alma más moderada que representaba Alfonso Alonso a un discurso mucho más duro con el nacionalismo, como el representado por Iturgaiz, repescado a última hora por Pablo Casado. El resultado de la operación y de la coalición pionera entre populares y naranjas: esos 4 escaños menos.

Peor aún es el balance de Iglesias, que impulsó la candidatura de Miren Gorrotxategui frente a Rosa Martínez, un jaque que provocó la dimisión del líder de Podemos en el País Vasco, Lander Martínez. Los morados han pasado de acordar los presupuestos de Urkullu hace unos meses a defender el tripartito de izquierdas para echar al PNV de Ajuria Enea. Las consecuencias: Iglesias pierde 5 escaños.

De esta forma, el PNV posibilista que han impuesto Urkullu al frente del Ejecutivo y Andoni Ortuzar al frente del partido, ha vuelto a demostrar este 12-J que se consolida con una engrasada maquinaria de victorias electorales. Y con un PSE resignado desde hace años a dejar de ser alternativa para convertirse en muleta del nacionalismo, ambos partidos seguirán ocupando el poder político cuatro años más. Lo harán de nuevo en el Gobierno Vasco, lo hacen en las tres diputaciones forales y en la gran mayoría de los ayuntamientos.

 

Amaia Martínez, flamante parlamentaria autonómica de Vox en la Cámara de Vitoria.

 

Y en clave nacional, vuelve a quedar en evidencia que, como ocurrió en Cataluña en los últimos comicios autonómicos, Génova 13 tiene un problema serio en el País Vasco. Que van a obligar a Pablo Casado a diseñar la refundación del PP vasco.

También las urnas vascas zanjan que Podemos encadena su quinto desplome electoral en otros tantos comicios. Pablo Iglesias ha dejado de ser el que fue en 2015: ahora resta más que suma. Y Vox sigue cruzando líneas que parecían imposibles hace apenas dos años. Hasta en la comunidad menos favorable.

 

 

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