18 de marzo de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Sánchez carece de la "exigencia ética" que utilizó para echar a Rajoy

Seis ministros y el propio presidente están tocados por escándalos de distinto tipo, un balance intolerable en tiempo récord agravado por la excusa que utilizó para acceder a Moncloa.

 

 

No existe ningún precedente en la historia democrática de España de un presidente que, en medio año, haya visto a dimitir a dos ministros y tenga en condiciones de hacerlo a al menos otros tres. Pero ése es el caso de Sánchez, tan inusual en su gestión como en su llegada a La Moncloa.

Porque tampoco nadie, ni en España ni en ningún país occidental, buscó una mayoría parlamentaria sin tenerla antes en las urnas, y menos aún a mitad de legislatura y con una moción de censura que, de nuevo, carece de precedentes. Porque nadie se alía para dirigir un país con quienes, al mismo tiempo, hacen lo imposible por acabar con él.

Seis ministros y el propio presidente están sumidos en escándalos infumables: una cifra intolerable

Todo eso es Sánchez, un político sin parangón, pero no precisamente por sus virtudes. Su penúltimo ejercicio de cinismo atiende al caso de Borrell, multado por haberse aprovechado de información privilegiada para vender sus acciones en Abengoa antes de que la compañía se hundiera.

Es el sexto caso de un ministro que, objetivamente, debiera presentar su dimisión por comportamientos que oscilan entre lo antiestético, lo ilegal y lo directamente insoportable, aunque sólo dos de ellos han dejado sus cargos cuando apenas los habían estrenado: la titular de Sanidad, Carmen Montón; y el de Cultura, Maxim Huerta.

Y su tesis

Las vergonzosas declaraciones de la ministra de Justicia, Dolores Delgado, callándose ante posibles delitos o riéndose de las extorsiones de Villarejo; los problemas fiscales de Pedro Duque, Isabel Celáa y ahora la sanción a Borrell dibujan un escenario tétrico de un Gobierno liderado, a más inri, por un presidente más que sospechoso de haber plagiado la tesis con la que logró su doctorado.

Pero si cada uno de esos comportamientos son lamentables, evolucionan hasta la indecencia al proceder de un Ejecutivo que no emanó de las urnas, sino de la necesidad de limpiar la política y elevar el listón ético que, según Sánchez, Rajoy y el PP habían pisoteado.

Sánchez llegó a la presidencia para imponer una supuesta regeneración que ahora pisotea con impunidad

El líder socialista exigió a la ciudadanía que se olvidara de sus propios votos e incluso admitiera un pacto con el soberanismo porque todo ello merecía la pena y se justificaba en la regeneración que él representaba. Si alguien no tiene derecho ahora a esperar condescendencia ni a aminorar las consecuencias de sus escándalos, es Sánchez. Hacerlo o simplemente ignorar sus propias palabras evidencia una catadura moral impropia del presidente de un país como España.

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