15 de septiembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Sánchez no presenta un programa sino una herramienta de coacción a Iglesias

Un verdadero programa no se improvisa en cuatro reuniones ni se "privatiza" con la autoría de entidades ajenas al Gobierno, pero así sí sirve para cercar a Podemos. Ése es el objetivo.

 

 

 

Pedro Sánchez presenta este martes al PSOE el programa de Gobierno que, según su propio relato, recoge las pretensiones de todas las entidades progresistas de España. La rimbombancia del invento evidencia su verdadera naturaleza, que no es otra cosa que poner entre la espada y la pared a Podemos: se trata de retar a Pablo Iglesias a que se atreva a decirle no, en un nuevo intento de investidura, a una miriada de colectivos con las que se siente identificado.

Es una operación de propaganda y presión tan burda como efectista, entre otras cosas por la insólita complicidad de buena parte de las televisiones dispuestas a repetir, sin matices, el relato sanchista sobre el valor de ese programa improvisado en reuniones tan masivas como improductivas y poco serias.

 

Porque la elaboración de un programa no se colectiviza ni se compone de las ideas improvisadas de nadie, sin presupuesto ni coherencia con un todo que necesariamente ha de ser definido por quien haya sido elegido por los ciudadanos en las urnas: esa misión no se puede delegar, ni por razones de solvencia técnica y económica ni, tampoco, por mero decoro democrático.

Sánchez no presenta un programa colectivo y progresista, sino una herramienta de presión a Iglesias bajo amenaza de Elecciones

La enésima campaña de publicidad de Sánchez no está destinada a proponer un vademécum riguroso a los españoles, sino a cercar a Podemos para obligarle a respaldar su investidura en las condiciones que solo debiera permitirse quien goce de una mayoría suficiente y no quien, por contra, disponga de solo 123 diputados: los mismos que le parecieron insuficientes para Rajoy, a quien obligó a repetir las Elecciones solo seis meses después de celebrarse en 2015.

Un trágala

Una negociación, sea con Podemos o con Ciudadanos, no es un trágala improvisado, sino un proceso serio y equilibrado de concesiones, de síntesis y de suma que necesariamente culmina con un acuerdo estable y reconocible para el administrado, que tiene derecho a  saber qué le proponen, cuál es su coste y quién lo va a gestionar.

Lo que hace Sánchez, una vez más, es malear las instituciones y los procedimientos para convertir en un fin lo que solo debiera ser un medio: su investidura. Estando en las antípodas de Podemos, es comprensible su irritación ante una estrategia que dice ser de pacto pero es en realidad de coacción. Para eso, mejor acudir a las urnas, que es la especialidad del líder socialista desde que en 2015 comenzara su errática andadura.

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