14 de noviembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Cataluña lo centra todo: así condiciona el problema catalán la cita del 10N

“Si Pedro es visto como el único capaz de arreglar el problema, esa autopista nos llevará a la victoria el 10-N”: ése es el diagnóstico político que ya se hace en Moncloa.

 

 

En La Moncloa se respira un ambiente de prudencia. La violencia en las calles impuesta por el independentismo, amarrado a la sentencia del Supremo contra los líderes del “procés”, son los últimos “estertores” del naufragio de un proyecto, según palabras de Pedro Sánchez. Aunque ha bastado para mantener la tensión. Hay gravedad en el rostro impenetrable del presidente.

La previsión, de hecho, pasa por conservar activado el dispositivo de alerta de manera indefinida. Según precisan ilustres “fontaneros” de Interior, “no puede pillarnos desprevenidos ningún nuevo giro de los acontecimientos”. Las últimas llamas han terminado por convencer a quienes dudaban de convocar a los líderes de los principales partidos.

Se desea mostrar a los españoles, o al menos intentarlo, una imagen de respuesta conjunta ante unas autoridades catalanas que jalean a los violentos y dan la espalda a la policía autonómica, que se aferra por mantener la seguridad en las calles.

 

Se trata, de que no haya cabos sueltos. Nada se quiere dejar al azar, aunque se reconozca que el secretismo del “tsunami democràtic” busca sobre todo atrapar a las Fuerzas de Seguridad del Estado con la guardia baja. El presidente recibe de los suyos información puntual de los acontecimientos. Tanto a nivel policial como político.

La agenda de Sánchez permanece de momento abierta. Este jueves y el viernes estará en Bruselas, en el Consejo Europeo dedicado sobre todo al Brexit, pero ha dejado en el aire protagonizar nuevos mítines de partido a partir del sábado. La prioridad ahora es Cataluña.

El control

“Quedan muchos días por delante”, advierte La Moncloa, que asegura confiar en los Mossos d’ Esquadra, aunque sin descartar su cansancio y que puedan acabar “arrugándose ante la presión”. Si esto ocurriese, Pedro Sánchez tiene previsto tomar el control aplicando la Ley de Seguridad Nacional.

 

 

“Para ser eficaz, mejor no apresurarse”, gusta repetir a José Luis Ábalos al respecto. El Gobierno desea trasladar fundamentalmente la idea de que tiene todos los instrumentos en sus manos para que prevalezca el Estado de Derecho. Los tres principios en los que Sánchez insiste guían la réplica: firmeza, proporcionalidad y unidad de las fuerzas políticas.

Este último punto ha servido al presidente para intentar “amarrar” a Pablo Casado y Albert Rivera, siempre señalados, sobre todo el líder de Cs, como protagonistas de una “política de baja altura”. Con mucho desagrado se ha tomado La Moncloa la convocatoria de Rivera, para este próximo domingo, de una concentración en la plaza Sant Jaume de Barcelona bajo el lema “¡Basta ya! Justicia y convivencia”.

Porque, aunque desde despachos próximos al líder del PSOE se despejen balones y se insista en que “ahora tocan las razones de Estado y no las de partido”, todos tienen muy presente la cita electoral que se viene encima. Y a Pedro Sánchez, según sus estrategas, el tema catalán le está sirviendo para situarse en el centro del tablero político.

El caso de Rajoy

Por más que desde su entorno se diga que “Cataluña acabó con la imagen de Mariano Rajoy”, “lo desarboló ante propios y extraños”, la condición de presidente es un elemento diferenciador que juega a favor de Sánchez. Los asesores socialistas lo saben, claro.

Consideran que una acertada gestión del tema catalán es su mejor baza para la remontada de cara a las urnas. “Si Pedro es visto como el único capaz de arreglar el problema, esa autopista nos llevará a la victoria el 10-N”, aseguran. ¿Y de lo contrario? Tal hipótesis, al menos en estas delicadas horas, nadie la quiere ni tan siquiera contemplar.

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