11 de diciembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

¿Europa sabe defenderse?

Europa es vulnerable frente al terrorismo. Ahora se plantea una hoja de ruta distinta que, junto a la OTAN, cambiaría el panorama. Si se atreve a aplicarla y pagarla: son 5.000 millones €.

El brutal atentado terrorista de Barcelona confirma una certeza cruel: el terror fundamentalista no va a parar. La pregunta es si estamos dispuestos y preparados para hacerle frente. Y la respuesta, aunque para muchos es negativa, puede que sea positiva: algo se mueve en Europa, aunque sea a paso de tortuga.

La combinación entre las advertencias de los Estados Unidos, cansados de asumir casi en solitario el coste económico y humano de la defensa; y el apogeo del terrorismo radical, parece haber provocado un cambio y la UE ya se plantea abiertamente subir sus presupuestos militares y, sobre todo, su filosofía conjunta para frenar los desafíos y asumir responsabilidades que hasta ahora desechaba.

El primer paso ha sido elocuente. La Comisión Europea ha propuesto recientemente crear un Fondo Europeo de Defensa dotado de hasta 5.500 millones al año a partir del 2021 para incentivar proyectos conjuntos de investigación, desarrollo y adquisición conjuntos de capacidades militares entre los países de la UE. Con otras palabras, para aumentar su potencia militar.

Europa se plantea dedicar 5.500 millones más cada año a Defensa, pero la burocracia amenaza con enfriarlo

El Ejecutivo comunitario plantea destinar además 500 millones en 2019 y 2020 para cofinanciar prototipos industriales a través del Fondo y elevar dicha cifra a 1.000 millones de euros al año a partir de 2021.

TODOS DEBEN PAGAR

Y espera que los Estados miembros aporten "cuatro euros por cada euro" del presupuesto europeo para desarrollar y adquirir como tal las capacidades de forma conjunta, que seguirán en manos de los países. Es decir, espera que aporten unos 2.000 millones en 2019 y 2020 para capacidades y 4.000 millones anuales a partir del 2021.

"Los Gobiernos deben haber indicado claramente que están listos para comprar el resultado del producto final de estos proyectos. No queremos perder nada de dinero", ha explicado el vicepresidente de la Comisión Europea responsable de Empleo y Crecimiento, Jyrki Katainen, que ha defendido que el Fondo "será un revulsivo" para incentivar la cooperación, aunque "todo dependerá de la voluntad política de los Estados miembro".

Y es que son los países de la UE los que al final deberán costear las capacidades militares. Éste ha sido el gran inconveniente hasta ahora, y mucho tendrá que cambiar la mentalidad para lograr una visión en equipo de un área tan crucial.

Bruselas sólo contribuirá a cofinanciar proyectos de prototipos de consorcios en los que participen "al menos tres empresas de dos Estados miembro" diferentes y el 50% del capital de cada empresa deberá estar controlado por capital europeo.

También se tendrá en cuenta a la hora de conceder los contratos que el consorcio subcontrate a su vez a pequeñas y medianas empresas transfronterizas, que también podrán optar a ayudas del Banco Europeo de Inversión y fondos estructurales para especialización inteligente.

 

El camión responsable del brutal atentado de Niza el verano pasado: en dos años el radicalismo ha dejado en Europa más de 300 víctimas

 

Y habrá una mayor cofinanciación para los proyectos que se desarrollen a través de la cooperación estructurada permanente (PESCO), que permitiría a un grupo de países avanzar en su integración en defensa por su cuenta, ya sea para desarrollar capacidades o lanzar una misión si una mayoría cualificada de países lo avala.

CAPITAL NACIONAL PARA INSTRUMENTOS DE DEUDA NO COMPUTARÁN

La Comisión también plantea a los Gobiernos "soluciones financieras" para facilitar la adquisición conjunta de capacidades como "la financiación puente" en la que los Estados miembros se presten dinero o "instrumentos de deuda" como eurobonos para proyectos concretos en defensa y limitados en el tiempo.

 

Una imagen de Barcelona, nada más producirse el atentado

"Si diez países quieren adquirir capacidades de satélites en lugar de hacerlo por separado, podrían crear un MEDE (Mecanismo Europeo de Estabilidad) en defensa, que pueda asumir pérdidas y luego un vehículo especial podría hacer la compra en nombre de los Estados miembro", ha explicado Katainen. Las contribuciones de capital nacional o garantías se descontarán del esfuerzo estructural a la hora de calcular el objetivo de déficit o deuda.

El Ejecutivo comunitario ha presentado un documento  con tres escenarios para el futuro de la defensa europea hasta 2025

El Ejecutivo comunitario espera que las propuestas se aprueben a principios de 2018 y que los primeros proyectos concretos de prototipos comiencen a financiarse en 2019. Todo muy lento, muy tecnócrata, pero en el lenguaje europeo esta hoja de ruta es un avance espectacular para lo que es habitual.

La Comisión ya propuso en noviembre destinar 500 millones anuales a partir del 2021 de presupuesto común al Fondo para proyectos de colaboración en investigación en defensa. Antes, destinará 90 millones hasta finales de 2019 para un proyecto piloto con la Agencia Europea en Defensa en los próximos tres años para proyectos de investigación.

ESCENARIOS PARA LA DEFENSA EUROPEA EN 2025

En paralelo al fondo, el Ejecutivo comunitario ha presentado un documento de reflexión con tres escenarios para el futuro de la defensa europea en el horizonte de 2025 tras la salida de Reino Unido de la UE en función de un grado de cooperación más o menos ambicioso. El objetivo último es reforzar la capacidad de Europa de defenderse por sí misma frente a las crecientes amenazas y reforzar su capacidad de intervenir de forma autónoma en caso necesario.

"La naturaleza de la relación trasatlántica está cambiando. Más que nunca, los europeos necesitan asumir una mayor responsabilidad de su seguridad", resume el documento.

El primer escenario contempla una mayor cooperación entre los Estados miembro pero todavía "en gran medida de forma voluntaria" y decisiones 'ad hoc' para responder a una amenaza o crisis, aunque la solidaridad no sería vinculante, sino que la decidirían los países y la industria de defensa, por su parte, seguiría fragmentada, dado que el desarrollo y adquisición de capacidades seguirían siendo a nivel nacional.

 

España es más eficaz en la lucha antiterrorista, con frecuentes detenciones de 'militantes' del DESH como éste, capturado en Ibiza el año pasado

 

Es decir, la UE continuaría desplegando operaciones militares "relativamente pequeñas" dirigidas a la gestión de crisis y la respuesta a amenazas no convencionales como el terrorismo, la ciberamenazas o híbridas seguirían siendo nacionales. Con la diferencia de que ya no estaría nada claro que Estados Unidos se encargara en solitario de los problemas de origen que acaban exportando grandes desafíos a Europa.

DEFENSA COMPARTIDA

El segundo escenario plantea "una defensa y seguridad compartida" en el que la cooperación en defensa entre países "se convertiría en la norma más que en la excepción" y habría "una mayor solidaridad financiera y operativa".

El escenario ideal de la UE quiere unir la potencia de la OTAN a una Defensa compartida y bélica de todos los socios

Los países alinearían más su planificación nacional de defensa y promoverían el desarrollo y adquisición conjuntos de capacidades multinacionales con apoyo del Fondo Europeo de Defensa, en transporte estratégico, aviones no tripulados, comunicaciones por satélite y de vigilancia marítima y equipos ofensivos. Y habría estructuras de planificación y mando y logística a nivel europeo.

En este escenario, la UE permitiría aumentar de manera "significativa" su capacidad para proyectar la fuerza militar y podría realizar "operaciones de alta intensidad para combatir el terrorismo y las amenazas híbridas". Los países con las fuerzas armadas más potentes ejecutarían las operaciones en nombre de la UE. Pero todos tendrían que financiarlas con arreglo a su capacidad. Sería algo revolucionario en comparación con los parámetros actuales.

¿UN EJÉRCITO EUROPEO?

El tercer escenario de la "defensa y seguridad común", el más ambicioso, contempla "un mayor nivel de integración de las fuerzas armadas" de los países y que la asistencia mutua sea "la norma". Los Estados miembros sincronizarían de forma total sus presupuestos en defensa para desarrollar las capacidades prioritarias, que se adquirirían de forma conjunta con apoyo del Fondo.

"La UE podría dirigir operaciones de alta intensidad para proteger mejor Europa, incluido potencialmente operaciones contra grupos terroristas, operaciones navales en entornos hostiles y acciones de ciberdefensa", según el documento.

Incluso en este escenario "más ambicioso", la UE "de ninguna manera sustituirá o duplicará con la OTAN", que sigue siendo la responsable de la defensa colectiva de sus miembros, ha explicado Mogherini. "Hablamos de explorar vías en que la UE puede contribuir a su propia seguridad a través del refuerzo de es las capacidades civiles y militares", ha precisado.

"No va de sustituir ni a la Alianza ni a EEUU", ha zanjado, insistiendo en que la UE aspira a seguir cooperando con EEUU pese a "cierta imprevisibilidad" en posiciones sobre "algunas cuestiones" como el cambio climático.

HASTÍO Y FALTA DE REACCIÓN

El documento de trabajo, una hoja de ruta válida pero expuesta a la aparatosa burocracia europea y a la dificultad para poner en común a los distintos países, coincide con una ola de cierta indignación de la ciudadanía europea ante la incapacidad de sus gobernantes para responder al pulso fundamentalista.

Y, en esa línea, algunos dirigentes europeos también muestran su descontento, tanto con las políticas de inmigración cuanto con las de Defensa. Los más claros al respecto han sido el expresidente de España y el exdirector de la propia OTAN, que coincidieron en un foro del Instituto Atlántico es la imperiosa necesidad de implicar ya a la poderosa Alianza Altlántica en la respuesta al yihadismo y en preguntarse en voz alta, como hizo Aznar, si es posible la integración de millones de musulmanes en Europa y controlar a la vez el mantenimiento de los valores democráticos occidentales.

 

 

 

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