Nadie come peces

Excluir a los peces de nuestra dieta, además de evitar el sufrimiento de estos animales, es una de las claves para no terminar con la vida marina y destruir los océanos.

El 8 de junio celebramos el día mundial de los océanos.

El motivo de destacar este día es poner el foco de atención en la importancia de estos ecosistemas para la vida del planeta y denunciar la constante y cada vez más irreversible degradación a que los estamos sometiendo.

Las aguas oceánicas están repletas de contaminantes vertidos por los seres humanos. Desde fitosanitarios, pasando por hidrocarburos, antibióticos, cosméticos solares y otros productos químicos de toda índole, hasta objetos de todo tipo, como si de un enorme vertedero se tratase.

Entre estos objetos se encuentran los plásticos, tan cuestionados en la actualidad. Según la ONU, 13 millones de toneladas de plástico llegan al océano cada año, provocando la muerte de cientos de miles de animales y convirtiéndose, aquellos que se degradan, en microplásticos que pasan a la cadena alimentaria mundial al ser consumidos por peces y otros animales marinos.

Además de todos estos vertidos contaminantes, que poco a poco van provocando una muerte silenciosa en nuestros mares, es importante poner de relieve otra de las grandes amenazas para la vida en los océanos, que cuenta también con la intervención estelar ser humano, como no podía ser de otra manera: la pesca.

Sólo en nuestro país, según datos del Ministerio de Agricultura, en 2017 se consumieron por persona 23,7 kilos de “pescados/mariscos”. Entrecomillo el concepto porque, cuando se trata de animales, es habitual disociar el sujeto de aquello que nos comemos. Y los peces no son una excepción. De hecho, nadie dice que come peces…la gente come pescado.

Es más, ese dato ni nos permite conocer la cantidad de animales que de media ingiere cada persona, porque los peces ni siquiera se cuentan por individuos…los peces se pescan por toneladas. Y son alrededor de 80 los millones de toneladas de peces que le robamos al mar cada año.

Si dolorosa es la cifra, lo es más conocer que, según diversas fuentes, alrededor del 40% los animales que se capturan del mar, tras una angustiosa muerte por aplastamiento o asfixia, son devueltos al mar, bien por no ser la especie buscada, bien por no tener el tamaño requerido, bien por sobrepasar la cuota de pesca asignada. Sí, así es. Esquilmamos los océanos y a cambio los sembramos de cadáveres.

La realidad es que nos cuesta más empatizar con los peces y animales marinos que con otras especies con las que tenemos más proximidad genética, pero hay estudios que demuestran que, además de sentir dolor, los peces tienen buena memoria, se organizan en torno a estructuras sociales complejas y cada vez existen más pruebas que indican que podrían tener sentimientos y consciencia. Es más, está incluso demostrado que los pulpos son capaces de jugar. Y estoy segura de que conforme se investigue, se confirmará que no somos en algunos aspectos tan distintos.

Es por este motivo que es necesario repensar el desprecio con que los tratamos.

Si a esto añadimos que nuestros océanos están heridos de muerte, una parte de la solución está en nuestros platos. Excluir a los peces de nuestra dieta, además de evitar el sufrimiento de estos animales, es una de las claves para no terminar con la vida marina y destruir los océanos.

 *Coordinador PACMA provincia de Valencia.

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