La ciudad no es para mí. Largo me lo fiáis.

Pedro Sánchez y Carmen Calvo, tras la votación de investidura

Pedro Sánchez y Carmen Calvo, tras la votación de investidura

Vigente el “tan largo me lo fiáis” que Tirso puso en boca del 'Burlador de Sevilla', nuestros particulares políticos disfrutan del día a día, y de sus abundantes emolumentos.

La complicada evolución de la política española desde el ya famoso -y olvidado- 15M con la rocambolesca emergencia del conglomerado podemita, el fantasma todavía inexistente del italianizante “sorpasso” (ya se trate del de aquéllos respecto a los socialistas, o de los de Ciudadanos al PP), la subsidiaria judicialización de la política como revancha o resultado del exceso de prepotencia (corruptelas incluidas) del poderoso y tantas otras cuestiones ajenas al ejercicio riguroso de la representación ciudadana, amenazan con llevar a España al estado de tedio absoluto. De inoperancia política también.

La frustrada investidura del doctor Sánchez el pasado jueves, por mucho que los más patriotas invocaran a Santiago sin éxito, deja en el aire las dos hipótesis más manoseadas. La del paripé entre Iglesias y Sánchez, en beneficio de terceros empezando por su señora –que yo mismo he defendido y me sigue intrigando- o la de la rectificación de Rivera que exigen los que finalmente han optado por abandonar la formación naranja sin anunciar nuevo destino.

Se han diluido como azucarillos figuras como Cayetana Álvarez de Toledo y el propio Valls, mientras Alberto Feijóo espera a la puerta de su casa el paso de algún cadáver enemigo o adversario, y otro Alberto, el resiliente Garzón, experimenta su difícil cohabitación comunista tras abandonar la ambición ministerial (aunque nunca, al parecer, estuvo en las quinielas del cupo morado) amagando su apoyo sin coalición.

He leído que el Rey no tiene previsto convocar nueva ronda de portavoces -bastante tiene con la que le dedican a diario los de vocación republicana incluido el presidente en presunciones- y aunque ignoro las reservas estivales de Moncloa (Doñana, La Mareta, o cualquier otra del Patrimonio nacional al alcance de los permanentes delirios de grandeza de su inquilino) mucho me temo que entramos en stand by que dicen los ingleses. Que también tienen lo suyo.

Hay un gracioso que propone (me lo ha hecho llegar mi nieto mayor) clasificar los chiringuitos playeros por “ojos de la cara”. Bien traído. Tal vez convenga contar en “huevos” el coste de los chiringuitos políticos cuando los creados por la Junta de Andalucía de Chaves, Griñán y Susana, se airean -eso sí, lo menos posible- con permiso de la jueza María Núñez que causa baja por motivos personales. ¡ Y tan personales!

Tan entusiasmado estaba Ximo Puig tras su macrodiseño gubernamental con la investidura del Jefe, que tuvo que ser rescatado por la Reina para poder asistir a la inocua inauguración del Centro Mundial para la Alimentación Sostenible que el “austero” Ribó –parece que sólo gasta uno de cada sus diez euros presupuestados, incluidas magras subvenciones catalanistas- se dejó para una reelección que adivinó posible.

Vigente pues el “tan largo me lo fiáis” que Tirso puso en boca del 'Burlador de Sevilla', nuestros particulares tenorios disfrutan del día a día, y de sus abundantes emolumentos, mientras los españolitos programamos vacaciones estivales. También yo, con el permiso de ESDiarioCV, me retiro hasta septiembre más preocupado con Venezuela que por lo que queda de una España madura y próspera, ahora inmersa en rebajas universales.

Que ustedes lo pasen bien.

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