Nuevos aires en la Comisión Europea

Por primera vez en la historia de la Unión Europea, una mujer, la actual ministra de defensa alemana Ursula Von den Leyen, ha sido elegida como presidenta de la Comisión

Los tiempos cambian y el avance de la mujer en sectores públicos e institucionales es ya un hecho. Lejos de la presencia anecdótica hace apenas 30 años, comienzan a alcanzar, por méritos propios finalmente reconocidos, posiciones de suma relevancia. Esta semana, por primera vez en la historia de la Unión Europea, una mujer, la actual ministra de defensa alemana Ursula Von den Leyen, ha sido elegida como presidenta de la Comisión.

No ha sido ningún camino de rosas; la campaña para resultar elegida ha resultado dura y ha obtenido el resultado más ajustado que se recuerda, con el apoyo de grupos euroescépticos como los italianos del Movimiento Cinco Estrellas, el Fidesz del húngaro Viktor Orban y el partido Ley y Justicia polaco. Está por ver si estos apoyos acabarán lastrando su actuación futura.

No son pocos los retos que aguardan a la futura guardiana de los tratados, ferviente europeísta y entusiasta del Programa Erasmus, al que considera uno de los mejores creados nunca por la Unión. Su elección se produce en un momento en que Europa se encuentra más dividida que nunca en relación a cuestiones vitales que requerirían de respuestas conjuntas, como el desafío migratorio, el pulso con la Rusia de Putin y lucha contra el cambio climático.

Europa no puede presumir de éxito en su tratamiento de la inmigración irregular, especialmente desde la crisis de los últimos años a raiz de la crisis Siria y el coladero libio.

Hemos asistido a actuaciones vergonzosas de todos los gobiernos europeos, especialmente del italiano, que da la sensación de que habría preferido más cuerpos ahogados que personas rescatadas con vida.

En España recordamos todavía la llegada del Aquarius al puerto de Valencia, una operación puramente estética y mediática que nunca volvió a repetirse en casos similares, pese a presumir de acto humanitario por parte de un gobierno progresista.

Más recientemente, la detención y posterior liberación de Carola Rackete, capitana del Sea Watch 3, a quien el primer ministro italiano, Matteo Salvini, tildó de delincuente, volvió a golpear conciencias en toda Europa.

El desafio ruso, fake news aparte, es una constante desde que el durmiente oso ruso despertó con Putin. Los pulsos han sido incesantes y con cuantiosas victorias rusas, aprovechando la proverbial debilidad del gigante con pies de barro que es la Unión; un gigante en lo económico y un enano en lo político. La crisis de Crimea, con la anexión de facto de la región por parte de Rusia frente a una UE paralizada, fue solo la puntilla a un problema enquistado en el ADN de la Unión.

El clima es ya una preocupación transversal y que, para obtener resultados, requiere de actuaciones conjuntas y compromiso, no una vuelta a la firma de tratados cuya letra y espíritu se corrompe mediante triquiñuelas posteriores. La UE debe dar ejemplo y comprometerse en una labor que la ciudadanía, cada vez más concienciada, reclama.

 En suma, muchos desafíos para estos tiempos cambiantes, pero retos que serán enfrentados con nuevos y renovados aires.

 *Politólogo y abogado.

 

 

 

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