21 de septiembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Nos despertaron del sueño

Eslovenia fue mejor equipo desde el principio.

Eslovenia fue mejor equipo desde el principio.

Somos una maldita dinastía del baloncesto. Pero también somos humanos. Y a veces las cosas no salen como uno tiene en la cabeza. Porque todo lo que pudo ir saliendo al revés, salió peor.

Es muy complicado ponerle nombre a una derrota como la que anoche sufrió -y sufrimos- la selección española de baloncesto. Fracaso me suena muy injusto. Fracaso sería no haber llegado hasta aquí y no haber peleado. Drama me parece excesivo. Es un deporte y tenemos que aceptar sus reglas: ganas, pierdes, te alegras, te enfadas, lo que sea, pero la vida sigue. Cero dramas. Varapalo me gusta más. Implica desazón, pesadumbre, disgusto. Y ha sido eso, un disgustazo. Pero no es ni un drama ni un fracaso.

Esta selección lleva compitiendo y atesorando metales casi sin parar desde 1999. Y lo que es mejor, haciéndonos gozar. Pero lo que suele pasar cuando van pasando los años es que por detrás viene alguien más joven e irremediablemente con más ganas que termina por pasarte por encima. No creo que Eslovenia tenga mejor selección que nosotros. Pero sí creo que han sido mejor equipo desde la jornada uno. Y es lógico que tengan más hambre de triunfos, fundamentalmente porque no tienen absolutamente ninguno en su historia. Nadie en España reconocerá esto, pero pasa.



No es momento de despellejar a nadie, ni la gira de preparación, ni la ausencia de soluciones desde el banquillo ni nada. De verdad que no. Porque esto siempre ha funcionado así y siempre ha traído consigo muchas medallas. Somos el mayor talento baloncestístico del siglo XXI, solo comparables con las antiguas URSS y Yugoslavia a nivel europeo. Somos una maldita dinastía. Pero lo que también somos es humanos. Y a veces las cosas no salen como uno tiene en la cabeza.

Porque todo lo que pudo ir saliendo al revés, salió peor. Las lesiones de Llull y Abrines, sumadas a las bajas de Mirotic y Rudy, hicieron que nuestro poderoso juego exterior original perdiera mucha potencia. Una primera fase de risa con equipos de bajísimo nivel hizo que no compitiéramos en condiciones hasta cuartos de final. Y este puntito extra lo tenía Eslovenia, que además de hacer el mejor partido de su corta historia, necesitó de una de nuestras peores actuaciones en el siglo XXI para conseguir su pase a la final.

Encomiable la labor de Juancho o Sastre, a los que les cayó el papelón de tirar del carro cuando nadie lo hacía. Pau al margen, creo que a esta selección le queda fuelle y que hay futuro para seguir compitiendo, aunque creo que ha llegado el momento de dejar de pensar que vamos a ganar porque somos los mejores. Han sido años muy locos donde hemos jugado a ser la USA del viejo continente. Pero ya. Como digo en cada dura derrota: pierdes, das la mano, felicitas al rival y te vas a casa para intentar ser mejor el año siguiente.

Seremos nosotros los que, con canas en la sien y gafas de cerca diremos a nuestra gente que vimos a la selección de los Gasol y compañía

No tiene mucho más misterio el deporte. Cometeríamos, además, un gran error si olvidamos que el domingo hay una medalla en juego. Un bronce que viniendo de donde venimos sabe a poco pero que cuando nos pongamos a mirar para atrás dentro de cincuenta años, sumará como todas. Y hay que ganarla. Hay que ganarla porque sois un equipo que se sobrepone a cada varapalo. Nunca se sabe cuando se acaba una historia de amor, pero es decisión de cada uno el vivir cada día con pasión. Por si acaso es el último.

Nuestro amor por este deporte y esta generación ya es eterno. Seremos nosotros los que, con canas en la sien y gafas de cerca diremos a nuestra gente que vimos a la selección de los Gasol y compañía. Que sí, que llevamos muchos años disfrutando con buen baloncesto pero que como aquella nunca habrá ninguna, hijo mío.

Pues ahora es ahora. Ahora no es dentro de cincuenta años. Traed un metalito más, anda. Para la colección.

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