23 de octubre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El PSOE utiliza el virus que contribuyó a extender para derribar a Ayuso

Sánchez y Ayuso

Sánchez y Ayuso

La campaña del PSOE y Podemos contra Madrid supone un escándalo con pocos precedentes y sitúa a un Gobierno negligente como instigador de mayores problemas sanitarios.

 

Este lunes comienzan las restricciones en 37 zonas distintas de la Comunidad de Madrid, con 8 municipios señalados, incluida la capital, y un total de 850.000 vecinos afectados por el decreto anunciado por Díaz Ayuso, con una vigencia de dos semanas, renovable y ampliables a otras áreas.

En todos ellos se ha detectado una tasa de contagio de 1.000 casos por cada 100.000 habitantes. Y ésa es la razón para imponer durante catorce días limitaciones en la movilidad, en los horarios comerciales o en el cierre de parques. Incómodas siempre, pero tal vez inevitables para intentar al menos evitar un contagio en cadena como el sufrido en marzo.

Se trata de garantizar, en la medida de lo posible, la integridad y la salud de los residentes en esas zonas y de limitar al máximo la transmisión. Pretender que la intención es otra, como denuncia la izquierda más radical advirtiendo de “confinamientos clasistas”, es una barbaridad que incita a la gente a saltarse las restricciones y a poner en peligro su propia vida para hacer de extras en una burda campaña de quienes buscan, sin más, derribar al Gobierno madrileño.

Y decir, como hace el PSOE, que obedece a los recortes sanitarios y a la calidad de la sanidad y los servicios en esas zonas, es simplemente insostenible. Ni la sanidad madrileña es precisamente la peor de España; ni está privatizada ni, en estos momentos, está saturada: aunque volverá  estarlo si no se adoptan medidas enérgicas, sin la menor duda.

Pocos lugares de España han dado el salto de calidad que ha dado el Sur de la capital y de la Comunidad en los últimos 30 años. El Metro llega a ciudades como Getafe, Móstoles, Alcorcón o Fuenlabrada, que tienen además dos Universidades creadas por el Gobierno regional.

 

Son solo un ejemplo de la metamorfosis experimentada por el Sur madrileño, receptor de hospitales nuevos, grandes parques, nuevos medios de transporte, grandes desarrollos urbanos y unas infraestructuras que hace dos décadas eran impensables. Claro que tienen carencias, pero su avance ha sido formidable. 

Y todo eso no lo han hecho ni el PSOE ni IU, que gobiernan en esos municipios desde siempre, en casi todas las localidades afectadas,  y dejaron deudas inasumibles, como las de Alcorcón o Parla. Las hizo el PP, con Gallardón y Aguirre básicamente.

 

 

Pero más allá de eso, se está produciendo un fenómeno denunciable: los mismos que desvinculan la desmedida mortalidad de España, con 50.000 fallecidos, de la gestión del Gobierno de Sánchez; acusan al de Ayuso del pico de contagios.

Es una manipulación tan burda como la denuncia de que las restricciones son clasistas: hay barrios de Madrid más humildes que los afectados por las limitaciones que no lo van a estar, de momento. Y municipios con una de las rentas más elevadas de toda España, como Alcobendas, que sí lo van a estar desde hoy.

Algún día se tendrá que auditar la gestión de la pandemia en toda España, empezando por la de Sánchez y terminando por la de Ayuso. Sin duda. Pero mientras, convertir las restricciones madrileñas en una excusa para cambiar de Gobierno, es una campaña tan zafia como previsible.

¿Y el resto de Comunidades?

En el País Vasco, Extremadura, Valencia, Aragón, Castilla-La Mancha o Cataluña se aplican restricciones parecidas desde hace días. ¿Deberían cambiarse los Gobiernos o al tener el color ideológico propio o pertenecer a aliados hay que dejarlo estar? ¿Es responsable de todo Díaz Ayuso pero no Urkullu, Page o Ximo Puig?

Si alguien debería ser cauteloso y ayudar sin condiciones, ése es Sánchez. Con él empezó el contagio masivo que aún se paga, aquel mes de marzo en el que tantas alertas sanitarias se ignoraron. Por él se relajó toda España en verano, tras escucharle celebrar que habíamos ganado la batalla al virus. Y de él sigue dependiendo la gestión de la pandemia, como determina la Ley de Salud Pública para casos de emergencias sanitarias.

Que esté más pendiente de cargarle contagios a Ayuso mientras Moncloa sigue escondiendo fallecidos, define al personaje y sus prioridades: le preocupa mucho más el PP que el virus. Y que, con este paisaje deprimente, anteponga los objetivos políticos a los sanitarios y económicos, le convierte en un irresponsable sin remedio.

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