31 de mayo de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

La autocracia de Sánchez: el presidente prefiere amordazar a España que curarla

El presidente del Gobierno, en el debate de este miércoles

El presidente del Gobierno, en el debate de este miércoles

El Gobierno tenía dos opciones ante el drama y ha elegido la peor: desechar el pacto de reconstrucción y apostar por el agit prop contra todo aquel que no acepte su deplorable relato.

Después de 67 días de confinamiento, Pedro Sánchez ha sacado adelante en el Congreso de los Diputados su quinta prórroga consecutiva del estado de alarma. El país continuará en anormalidad constitucional al menos hasta el 7 de junio. El presidente sigue empeñado en acaparar todo el poder, pese a existir medios en nuestra legislación ordinaria para preservar el control de la pandemia.

Pocas dudas quedan ya de que el líder socialista abusa para, sin someterse al control parlamentario, promulgar y modificar leyes a su voluntad. Como le ha recordado Pablo Casado, tanto han regalado los oídos al mandamás socialista que se ha sentido el “Rey Sol”. Hablemos claro: Sánchez ha convertido España, aprovechando el miedo a la enfermedad, en una AUTOCRACIA.

Curiosamente, con esa estrategia de hacer oposición a la oposición tan del gusto de la nueva izquierda, el PP ha vuelto a sufrir la cacerolada de los partidos del Gobierno y sus aliados de todo pelaje político en el Salón de Sesiones de la Carrera de San Jerónimo.

Casado ha comprobado que el presidente sigue en su ya habitual “O yo o el caos”. Para los guionistas monclovitas no importa la realidad, sino armar el relato. Y aunque los llamamientos al frente común se han sucedido desde La Moncloa, el representante del segundo grupo parlamentario ha sido públicamente despreciado. Nada ha cambiado, por tanto, ni parece que vaya a ser distinto en adelante.

 

 

 

A lo largo de estos más de dos meses, Casado ha demostrado ser responsable, incluso tendiendo la mano a Sánchez. Aunque se la mordiese. La gravedad de los acontecimientos no dejaba margen. Había que minimizar los efectos perversos de la pandemia.

Seguramente el líder del PP esperó que el líder socialista le convocaría a un acuerdo para trazar un plan de Estado entre ambos, y con el concurso de otras fuerzas. Nada de eso. Así que, cargado de motivos, al dirigente popular le ha llegado la hora de decir NO.  

Fíjense, porque revela el aroma político, en la oferta del PSC a la CUP, monitorizada desde La Moncloa, para evitar el regreso de Xabier García Albiol a la alcaldía de Badalona. Asistimos a otro “Pacto del Tinell” para impedir el acceso del centro derecha a cualquier poder. No les ha salido bien, pero no han escatimado medios y seguirán intentándolo vía moción de censura.

Sánchez sabe que el lazo que ató a los socios que le llevaron al Gobierno fue el odio al PP. Y ahora que sus aliados le ofrecen menos garantías, no dejará de utilizar ese pegamento para tratar de unir la amalgama ideológica que le escolta. Veremos si le funciona o, como Gabriel Rufián le ha recordado, “está llevándose por delante el espíritu de la investidura”. 

En esa misma línea deben entenderse los tejemanejes de Pedro Sánchez con Inés Arrimadas, la nueva marioneta del PSOE. Ayer jugó con ella… y veremos cuándo la deja caer. La “geometría variable” sirve en este caso como doble aviso.

 

Por un lado, utiliza a la nueva líder de Cs para mantener en tensión a PNV, ERC y Bildu mostrándoles que el PSOE puede encontrar otros aliados, con lo que dejarían de ser prioritarios. Y, por otra parte, desestabiliza aquellos lugares donde populares y naranjas gobiernan de la mano.

El epicentro de la ola anti PP teledirigida por Iván Redondo es la Comunidad de Madrid, convertida en Armagedón de resonancias nacionales. La intervención del portavoz de Unidas Podemos, Pablo Echenique, ha sido ilustrativa sobre esto.

Objetivo Madrid

En el debate parlamentario tildó a Isabel Díaz Ayuso de la “Trump castiza” y afirmó, imitando al diputado socialista Rafael Simancas, que los datos de la pandemia “sin Madrid mejoran bastante”. Infame.

El cierre político de la capital española muestra que es ahí donde el sanchismo desea protagonizar la guerra del bien contra el mal. “Progreso” versus “fachas”. La obsesiva campaña de estigmatización de la presidenta madrileña no tiene límites. 

Aunque para ello haya incluso que ningunear a millones de madrileños. O meter una cuña para romper el gobierno entre PP y Cs. O utilizar a algunos barones del mismo Partido Popular, siempre prestos a que la izquierda mediática les perdone la vida, para amortiguar las quejas de su compañera de filas. Nada nuevo.         

Pedro Sánchez, en lugar de cambiar, pedir disculpas, enmendar sus negligencias y resolver la ineficacia de su Consejo de Ministros aceptando ayudas, se ha agarrado al agit-prop contra los de Génova.

Pablo Casado deberá salvar  la dura línea de descrédito que busca laminar a su partido. Y todo ello, en un clima que se parece  más a la etapa final de Felipe González y José María Aznar que a la que enfrentó a José Luis Rodríguez Zapatero con Mariano Rajoy.

 

 

Si en unas  futuras elecciones el mandatario del PP logra derrotar a Sánchez, será por la mínima. Porque Vox no va a desaparecer. Rajoy no tuvo ese hándicap en 2011, cuando alcanzó la mayoría absoluta con todo el terreno de centro y derecha libre para sus siglas. A  Casado tampoco le vale sentarse a esperar el desgaste del rival.

La alternativa

El Gobierno está bien dispuesto a aprovechar la crisis para enraizar sus obsesiones ideológicas. Mientras se lo permita Europa, extenderá los subsidios que le garanticen apoyos clientelares en enormes bolsas de ciudadanos empobrecidos.

Así que el presidente del PP debe enfrentarse a la izquierda y a sus vigorosos apoyos. Para vencer necesita instalar en los españoles el convencimiento de que su alternativa es más adecuada que el “escudo social” ofrecido por la coalición social-populista.

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