24 de octubre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El escándalo de "Quién quiere ser millonario" o el placer de engañar a la banca

Hacer trampas en un concurso de televisión parece algo imposible. Sin embargo, hay quienes lo han logrado llevando a cabo una serie de artimañas que jamás nadie hubiera imaginado.

 

 

Codicia, ambición, avaricia, dinero fácil… ¿Es posible hacer trampas en un concurso de televisión? Parece que sí, pero para una friki de los concursos tipo trivial como yo resulta toda una frustración, la sensación más parecida que he vivido fue allá en el pleistoceno el día que me enteré del asunto de los Reyes Magos. Yo, que llevo más de una década marcando el tiempo vespertino con el diapasón del rosco de la tele, me entero de que no sólo se pueden hacer trampas en este tipo de programas, sino que en su día un trío de listos logró burlar las reglas de la versión británica de ¿Quién quiere ser millonario?

Movistar ha estrenado el primer capítulo de la miniserie Quiz: el escándalo de ¿Quién quiere ser millonario? que narra la historia real de Charles Ingram, un ex comandante del ejército británico que protagonizó un tremendo escándalo tras ser acusado de hacer trampa en el concurso con más audiencia de la televisión británica. La serie analiza cómo Ingram, su esposa Diana y un cómplice presente en el plató, Tecwen Whittock, consiguieron burlar las normas del concurso.  

El escándalo saltó en septiembre de 2001 por culpa de un ataque de tos. Ingram, que aparentemente surgía como un concursante mediocre, logró acertar la pregunta del millón de libras. Su extraño comportamiento y la colección de insólitos carraspeos de un miembro del público, carraspeos que se amoldaban a la respuesta correcta, provocaron los recelos de los productores, tanto que no pararon hasta demostrar el fraude ante los tribunales.

Desde el minuto uno, como espectadora, y a pesar de mi auténtica fascinación por los quiz shows, me resulta inevitable colocarme del lado de los tramposos, de los débiles, de los que se proponen engañar a los de la pasta (a la banca) y casi lo consiguen.

James Graham firma el guion de esta miniserie protagonizada por actores de la talla de Matthew MacFadyen Sian Clifford que encarnan al matrimonio, y  Michael Sheen, que se mete en la piel del veterano presentador Chris Tarrant. Pero si hay alguien que deja su marchamo creativo ese es, sin lugar a duda, Stephen Frears. El director británico es el responsable de éxitos como Las amistades peligrosas, Héroe por accidente y las impagables Mi hermosa lavandería y Ábrete de orejas, de las que bebe para dirigir esta miniserie protagonizada por personajes comunes, sujetos con los que te podrías topar cualquier mañana en un vagón de metro o en la barra de barrio de una ciudad sin nombre, un matrimonio que comparte desde en minuto uno sus sueños, su desencuentros y sus mediocridades.

Quiz: el escándalo de ¿Quién quiere ser millonario?  gira en torno a una farsa, cuyos protagonistas no son sólo los farsantes, sino todos los que pululan a su alrededor. A medida que aumenta el metraje, la trama se transforma en un asunto coral cuyos secundarios de lujo otorgan la fuerza necesaria para continuar con la intriga. No importa que el espectador conozca el desenlace, la historia te atrapa puesto que desvela los entresijos de la creación televisiva, cómo se ideó el concurso, cómo su productor Paul Smith apostó su capital para poner en marcha su idea y cómo llegó a convertirse en el concurso de moda, el programa de más éxito de la televisión, con audiencias millonarias en la dorada época en la que no existían plataformas digitales. Cuando en lugar de ver la televisión acompañados por una segunda pantalla, nos sentábamos en familia a ver la tele, para ver y concursar desde el sofá del salón de casa. Nada más.

Paradójicamente, ninguna familia en Inglaterra pudo ver la victoria de Ingram. Los productores ya estaban con la mosca detrás de la oreja, de manera que enlataron el programa en cuanto brotaron las primeras sospechas de fraude. Los que sí pudieron conocer a los Ingram fueron sus dos alter ego de ficción, Matthew MacFadyen Sian Clifford, ambos conocieron a los presuntos fulleros durante el rodaje de la serie que deja una pregunta final abierta al público. Hasta aquí puedo leer.

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