El escándalo de las ayudas en la pandemia valenciana

Antoncio GAramendi (CEOE), y Salvador Navarro (CEV)

Antoncio GAramendi (CEOE), y Salvador Navarro (CEV)

Cuando los autónomos no han recibido las ayudas, trabajadores en ERTE no han cobrado y las residencias siguen esperando, el Consell adelanta la subvención a la CEV, UGT y CC OO. Escándalo

La semana pasada, el grupo mediático del Presidente continuaba su labor de brocha y pintura para blanquearle, al tiempo que trataba de distraer a la opinión pública con bombas de humo como el “nuevo problema valenciano” (que luego será “el problema del nuevo problema”, y así hasta la escena de la parte contratante de “Una noche en la ópera”). También, mediante la instrumentalización de Baldoví, el Demóstenes valenciano que ha pasado a la historia por una bolsa de tila, utilizado como excusa para preconizar partidos de “obediencia valenciana” (el presidente de la CEV llegó incluso a reclamar un PNV valenciano).

El nuevo cuento oficial, escrito apresuradamente a raíz de sus enfrentamientos con el Gobierno central, narraba la historia del primer Presidente de la Generalidad que había antepuesto los intereses de los valencianos a los de su partido. La verdad se desveló después: Chimo Puig tan solo hacía equilibrios para asegurar su supervivencia dentro del Partido Socialista, mientras los sanchistas le aguardan armados hasta las cejas. Lo que presentaban como una postura poco menos que heroica, no era más que una huida hacia adelante, como se demostró cuando el propio Príncipe Valiente renunciaba una semana más tarde a pasar a la fase 2 “por prudencia” -admisión tácita de que se habían hecho las cosas mal- y desde PSPVPodemos le llovían las críticas a Baldoví, por su postureo en la última votación de la prórroga del estado de alarma.

Rodeado de enemigos internos y externos, amenazado por querellas contra su “famiglia” y su Gobierno, el presidente ha optado por recluirse con su guardia de corps, sindicatos y patronales de obediencia botánica, que tampoco se enteran de nada.

El presidente de la Generalidad está en una posición muy peligrosa. No tiene ninguna información – esto es, ningún poder- en Madrid. Rodeado de enemigos internos y externos, amenazado por querellas contra su “famiglia” y su Gobierno, ha optado por recluirse con su guardia de corps, sindicatos y patronales de obediencia botánica, que tampoco se enteran de nada. Solo así se explica su foto con CEOE, al tiempo que el Gobierno pactaba con los lechones de ETA la derogación de la reforma laboral, ninguneando a los agentes sociales.

La CEV tolera, acomodaticia, que la Comunidad se estanque y que sus competidores tomen ventaja en la industria turística. ¿La clave?: un adelanto del 50% de las subvenciones

Mientras CEOE urge avanzar en la desescalada para recuperar la economía nacional, la CEV tolera, acomodaticia, que la Comunidad se estanque y que sus competidores tomen ventaja en la industria turística. ¿La clave?: la autorización del Consell de un adelanto del 50% de las subvenciones destinadas a la participación institucional de CEV, UGT y CCCO. Todo un escándalo, cuando los autónomos no han recibido las ayudas prometidas, muchos trabajadores en ERTE no han cobrado todavía sus prestaciones, la Generalidad no paga a las residencias y las colas de miseria se hacinan en los comedores sociales.

En esta crisis, el PSPV está partido en su mitad – y en su otra mitad, podrido. Compromís ha recibido un peligroso mensaje: el gobierno de la Nación presidido por un socialista, con Podemos de aliado, prefiere negociar con Bildu. Pero el panorama no es mucho más alentador en la oposición. A la eterna crisis adolescente de Cs se suma la inminente lucha por el puesto de presidente del PPCV. El partido de centroderecha deberá demostrar a su electorado que la renovación de Pablo Casado no fue sencillamente un brutal y torpe relevo generacional y que es capaz de integrar juventud y experiencia de gobierno sin tacha. El residente de la Diputación de Alicante, Carlos Mazón, busca apoyos en Valencia, aunque los conseguidos hasta ahora pueden tener los pies de barro; pero también son perceptibles algunos movimientos telúricos que han arrancado en Castellón.

Posdata: Del oasis valenciano que vendía la prensa del régimen, hemos pasado a la nueva pandemia valenciana.

 

Comenta esta noticia