Ni los Simpson se salvan

¿Puede ser que series salvajes como Padre de Familia o American dad sean el canto del cisne de la libertad de expresión?

Las sociedades son dinámicas y el cambio es completamente natural. Heráclito dejó ya enunciado que "ningún hombre puede cruzar el mismo río dos veces, porque ni el hombre ni el agua serán los mismos". Pero cambiar no debe significar llevarse por delante el sentido común. Ninguna sociedad se construye desde cero borrando el pasado, si bien hay que tener cuidado con reinterpretarlo.

Vivimos en malos tiempos para la libertad de expresión y el humor. Todo se ha vuelto ofensivo o, mejor dicho, todos se ofenden con facilidad e intentan detener por la vía legal o del escarnio y linchamiento público aquello que no les gusta. Peor aún, estamos ante un constante revisionismo histórico que lleva no sólo a interpretar todo bajo el prisma de la sociedad actual, sino a querer borrar directamente lo anterior.

Hoy, lo políticamente correcto ha llegado incluso ante una verdadera vaca sagrada como es Los Simpson. Han pasado ya casi 30 años desde la primera vez que aparecieron en antena y ahora se debate el retrato estereotipado de Apu, el dependiente del badulaque, y su posible influencia negativa en relación a dueños indopakistanís de establecimientos similares.

No nos encontramos ante una serie normal, sino un verdadero icono moderno que ha servido para criticar y como canal de denuncia de actitudes sociales a través del humor. Con independencia del uso del estereotipo como herramienta, el personaje de Apu, como otros que pueblan la serie, son vistos con cariño por varias generaciones de televidentes en todo el mundo.

A pesar de ello, la tiranía de lo políticamente correcto, que ya ha llevado a gran cantidad de cómicos a autocensurarse, que ha hecho que las ideas pierdan frescura y valor, se ha extendido hasta amenazar esta carismática familia.

El proceso de retroceso en las libertades ha sido tan largo como terriblemente bienintencionado. El progreso educativo, político y social nos ha hecho darnos cuenta que determinades actitudes eran intolerables o, cuanto menos, debían ser reexaminadas. Todo muy loable, pero el exceso de celo ha invertido la situación como si del movimiento de un péndulo se tratara.

El humor de Benny Hill, lleno de clichés sexistas quizá, era perfectamente normal en su época y reflejo de su tiempo, y como mínimo hoy perdura el recuerdo de sus locas persecuciones finales. En España, no hace tanto tiempo que Martes y Trece hacían humor con el maltrato femenino, cosa que no harían hoy, pero que no dejaba de reflejar la actitud social de la época ante ese fenómeno.

Quizá los anteriores sean ejemplos relativamente claros de cambios a mejor, pero el celo lleva a que particulares y colectivos que se sientan discriminados u ofendidos pidan la retirada de clásicos de la literatura, como el Huckleberry Finn de Mark Twain, por el uso de la palabra "negro", o que por miedo a las demandas no pueda editarse "Tintín en el Congo" en Estados Unidos.

Visto lo visto, ¿Puede ser que series salvajes como Padre de Familia o American dad sean el canto del cisne de la libertad de expresión?

 

*Politólogo y abogado.

 

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