25 de septiembre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

La epidemia se ha vuelto a descontrolar por la desidia de un Gobierno negligente

Pedro Sánchez

Pedro Sánchez

El virus vuelve a golpear a España como a nadie en Europa, con otro fallo inaceptable de Sánchez y sus ministros, de vacaciones mientras la emergencia seguía vigente.

 

 

Desde que Pedro Sánchez se fuera de vacaciones, animando a los ciudadanos a hacer lo propio, los contagios han subido en España cerca de un 25%, para rozar ya los 400.000 oficialmente reconocidos. Y la mortalidad se ha multiplicado casi por nueva en apenas siete días, pasando de una media de 15 fallecidos por semana a otra de 135.

Si a esto se le añade la existencia de transmisión comunitaria y la confirmación de que el 8% de los test realizados dan positivo, tres puntos por encima de la cifra que la OMS utiliza para hablar de pandemia, la conclusión no puede ser más inquietante: estamos de nuevo en una situación muy parecida a la de marzo, con una curva ascendente imparable y la sensación de que puede volver a pasarnos lo mismo.

Lo sorprendente es que esto nos pase después del confinamiento más prolongado de Europa y con el uso más generalizado de mascarillas en todo el continente, lo que solo puede explicarse por dos razones: nunca dejamos de estar en situación de brote y, además, la laxitud de las autoridades ha derivado en una reducción de las defensas en la ciudadanía.

 

De lo primero hay pocas dudas. Aunque el propio Sánchez anunciara solemnemente que se había ganado la "batalla" al virus, lo cierto es que no fue así y que ahora seguimos pagando las negligencias de febrero y marzo, cuando la inepcia del Gobierno ante las alertas sanitarias que le llegaban provocó un contagio masivo que seguramente sigue explicando las cifras de ahora.

 

 

Y de lo segundo, hay que reconocer probablemente una cierta irresponsabilidad en determinados sectores sociales, pero no resulta sencillo mantener la tensión preventiva cuando las propias autoridades se relajan, miran para otro lado, anuncian "victorias" sanitarias inexistentes y avalan con su comportamiento personal una distensión generalizada.

¿Qué va a pensar un joven, por ejemplo, si lo que ve en el presidente del Gobierno o en el portavoz sanitario es cómo se van de vacaciones a la playa y se comportan con una frivolidad incompatible con el panorama que realmente teníamos?

Si a Sánchez y a su Gobierno hay que imputarle, sin duda, el impacto del brote original, que llegó a España sin su participación pero se extendió por su negligencia; hay que adjudicarles también el repunte: se han dedicado a ignorar sus responsabilidades más elementales y a cargar en las Comunidades Autónomas un liderazgo que es indelegable. Y así estamos. De nuevo al borde de la catástrofe, sin habernos recuperado de la que ya sufrimos como nadie en el mundo.

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