24 de octubre de 2017 | DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

La mandarina del 2016

Peco de dar mi opinión constantemente y, ahora que estamos en épocas señaladas, diferentes, amorosas, no está mal hacer una columna blanca, simplemente entretenida de ver y leer.

Mandarina es un término que no diré que he inventado yo, porque sería mentira, pero que sí se asocia comúnmente a mis comentarios en las redes sociales. Lo que sí me atribuyo es la definición, que todavía no ha sido incluida en la R.A.E, pero que si bombardeáis a Pérez Reverte con este escrito es bastante probable que… sigan sin incluirla, pero si se enfada conmigo por la cansinez ya sería para sentirse orgulloso.

Esta es mi propuesta de séptima acepción para la palabra en cuestión:

Mandarina.

En baloncesto, lanzamiento precipitado con heterodoxa ejecución de resultado incierto.

Y ahora sí, vamos al lío, o a la almendrilla, que diría mi querido Siro López. Las mejores mandarinas del 2016 para mí son las siguientes.

Sergio Llull.

El partido iba empate a 92 en la Fonteta. Diot adelantaba a los valencianos dejando solo 1,3 segundos en el marcador. Todos daban el partido por finiquitado, unos por perdido y otros por ganado. Todos no. Él no. Nos regaló esto para la historia. Lo que tampoco se queda atrás es la narración.

 

Matt Barnes.

El infeliz buscaba el alley-hoop y se encontró con el balón dentro del aro.

 

Joan Sastre.

A falta de cuatro minutos y medio el Bilbao ganaba por quince puntos. La grada ya celebraba la clasificación para los PlayOff y ocurre la catástrofe: mandarinón a tablero y drama en Miribilla. No recuerdo un palo tan gordo desde el que le metió Negan al chino.

 

Dwight Howard.

Uno de los lanzapiedras mayores del reino. Un digno sustituto de Shaq desde la línea de tiro libre (y poco más). Pero esta vez nos dejó una especie de pase con un destinatario un tanto extraño.

 

Marcelinho Huertas.

Lo sé, fue en 2015, pero por aquel entonces aún no escribía aquí. Y además me apetece recuperarlo porque Mandarinho Huertas lo merece y porque fue un combo perfecto.

 

Ioannis Bourousis.

Esta me encanta básicamente porque me parece una barbaridad en su conjunto. El partido va empate a 74 y Satoransky mete un canastón dejando solo 0.9 segundos por disputar. Perasovic se había quedado sin tiempos muertos y por tanto su equipo tenía que sacar de fondo y, por supuesto, no había ninguna jugada diseñada. Hanga lanza al balón al aire, Bourussis lo coge absolutamente en el lado contrario de la pista, justo debajo de la canasta, se levanta y la mete, forzando la prórroga. Espectacular todo: el pase, la recepción, el lanzamiento…y la defensa de Ante Tomic.

 

Anna Cruz.

Por la importancia de la competición y por cómo la mete, para mí es la mejor del año. Íbamos ocho abajo a falta de pocos minutos y cuando por fin nos pusimos por delante Turquía empató el partido. Cogió la pelota Anna Cruz y ya no la soltó hasta que ganó el partido. Pasaporte a la semifinal de los Juegos Olímpicos y gloria eterna.

 

Aquí os he dejado mis candidatos. Ahora juzgad y valorad cuál ha sido la mejor mandarina del año.

 

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