12 de diciembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Sectores de Podemos se frotan las manos con un nuevo "pásalo"

Sectores de Podemos piden repetir la Marcha por el Cambio bajo el "No a la guerra"

Sectores de Podemos piden repetir la Marcha por el Cambio bajo el "No a la guerra"

Mientras Rajoy se muestra prudente, las propuestas "pacifistas" de Iglesias han dado alas a los que dentro del partido morado buscan movilizar bajo el estandarte de la Paz como hace años.

El "No a la guerra" puede volver a la campaña de las elecciones generales de 2015 como sucedió una década atrás, en 2004, cuando los atentados del 11-M y la movilización en contra de la guerra de Irak fueron aprovechados por el PSOE y los partidos situados a su izquierda como eje de un discursopara batir al Partido Popular.

Con una excepción: que esta vez la bandera antibelicista va a ser recogida por Podemos

La ocasión está ahí y las bases de Podemos claman por recuperar la bandera antibelicista del "No a la guerra". La senda ha sido abierta por la postura "alternativa" al pacto antiyihadista de la cúpula podemita. Nadie ha puesto en duda esa elección. Ni siquiera el sector más "purista", encantado con retomar lo que consideran un buen factor de movilización en la calle.

Y es que el estandarte "pacifista" como posible mazo contra el PP de Mariano Rajoy hace furor en las filas moradas y sus aledaños como han mostrado las alcaldesas de Barcelona y Madrid, Ada Colau y Manuela Carmena

Algunos incluso van más allá y han solicitado una presencia constante en la calle y la convocatoria de nuevas manifestaciones contra la guerra. Un paseo por el foro oficial de la formación, Plaza Podemos, muestra hasta qué punto el apoyo a esa estrategia es prácticamente unánime: invocaciones a recuperar el "No a la guerra" como eslogan, críticas a François Hollande y a la industria armamentística, llamamientos a la "guerra en casa contra la corrupción" e incluso afirmaciones que van más allá como el fin de las bases de la OTAN en España o alusiones a ataques "de falsa bandera" son un clamor contra la "política belicista" que, por el momento, se dirigen en un sentido más general ante la prudencia del presidente del Gobierno.

En esa estrategia Podemos cuenta con una ventaja desde su óptica: que, a diferencia de 2004, el PSOE no va a ser competencia a la hora de adueñarse de ese discurso. Y es que el partido de Pedro Sánchez ha mostrado su disposición a mantener el pacto antiyihadista.

Hace una década, aunque PSOE e IU -donde recalaba entonces buena parte del núcleo que daría lugar al partido morado- usaron el mismo eslogan de movilización, el voto fue a parar a los socialistas. Ahora es difícil que eso suceda porque Ferraz mantiene una postura totalmente opuesta a los de Princesa.

Las circunstancias políticas han cambiado. Y mucho. Podemos es el cuarto actor político según las encuestas y los otros tres -PP, PSOE y Ciudadanos- le han hecho el vacío a su discurso alternativo que, por otra parte, no deja de chocar con el del sentido de Estado pregonado en las últimas semanas.

Otros tiempos, mismos actores

Al fin y al cabo, dos destacados miembros fundadores de Podemos no han escondido sus vinculaciones con el agit prop y la movilización contra el Partido Popular entre 2003 y 2004 tomando como referencias el malestar por la guerra de Irak y los atentados del 11-M.

En 2003 Juan Carlos Monedero fue denunciado por el PP al considerar que había estado detrás del portal Noalaguerra.org en el que se había tildado a los diputados populares en el Congreso de "complices de asesinato".

Monedero, por entonces asesor de Izquierda Unida, argumentó que se había limitado a financiar con una cantidad dicho portal pero no era responsable de sus contenidos. "Cuánta hipocresía con el ruido de tambores de guerra que hacen los que nunca ponen el pecho", escribía en Twitter hace tan sólo unas horas.

Tampoco el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, escapa a sus antiguas vinculaciones con la causa del "No a la guerra". Hace apenas un año, Iglesias apuntaba en una entrevista a Iñaki Gabilondo en su programa Otra vuelta de Tuerka que el famoso SMS del "Pásalo" del 13 de marzo de 2004 se había gestado en la Facultad de Políticas por un "grupo de gente" de su entorno.

Una foto de Iglesias y Monedero muestra su participación en la manifestación ante la sede central del PP en la madrileña calle Génova en la jornada de reflexión de las generales de 2004.


Un discurso cuestionado

Sin embargo, Podemos juega ese partido en otra cancha porque las circunstancias del "No a la guerra" de 2004 y las de 2015 no tienen nada que ver. Mientras que la intervención contra Irak de 2003 contó con una cuota transversal de oposición, las operaciones militares contra el Estado Islámico no están en discusión por la mayor parte de la población.

Por si fuera poco, el discurso actual del principal encargado de la redacción de las propuestas de Podemos -algunas de cuyas medidas, como el control de la financiación al ISIS por Estados musulmanes o el embargo de armas, parecen razonables-, Rodríguez, se da de cara con sus actuaciones pasadas.

"Yo estoy por la no intervención militar", señaló el general en una entrevista en días pasados. "No actuó igual cuando era Jemad y envió a los aparatos españoles a realizar labores de escolta y apoyo a los cazabombarderos franceses en Libia", recuerdan fuentes militares.

No es el único terreno fangoso por el que se mueve el general. "Prefiero hablar de lucha contra el terrorismo, no de guerra", afirmó en otra entrevista. Un punto de vista que contrasta con expertos en sociología del conflicto, que consideran al terrorismo como una forma de guerra. Hasta Jorge Verstrynge, muy cercano a la cúpula podemita aunque no sometido a la disciplina del partido, entra en dicha categoría.

De hecho, según su libro La guerra asimétrica y el Islam revolucionario dicha modalidad de conflicto está marcada por organizaciones terroristas, tácticas irregulares, la elección del terreno para atacar por parte del enemigo, la violación de las leyes del Derecho Internacional para conflictos armados, la capacidad de poner en duda la seguridad del Estado como factor de impacto psicológico y una fuerte repercusión mediática. Todas son aplicables a los atentados de París.

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