Saquen esas manos sucias de las togas

Este Gobierno que preside un doctor de dudoso crédito, va a protagonizar si nada lo remedia, un nuevo episodio de desfachatez e indolencia. Insatisfecho con sus virulentos ataques a los ropones judiciales en su definitiva ofensiva a Montesquieu, la emprenden ahora con la toga académica, de birrete a birrete, de mufeta a muceta. ¿Dónde están los guantes blancos de la imparcialidad, de la mesura, de la verdad al fin, con los que fueron investidos los primeros?

El actual rector de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP por sus siglas), el profesor Lora Tamayo, que ejerce con brillantez desde su nombramiento apenas hace 10 meses, ha hecho pública la petición de dimisión solicitada por el doctor Duque, su negativa y la consecuencia: su cese. ¡Qué horror!

La UIMP es una Institución universitaria autónoma, adscrita al Ministerio de Educación –en este caso el de Universidades- que goza de prestigio internacional desde su creación en el año 1983, cuando Santiago Roldán López encabezara la lista de rectores en la que hasta el actual, se encuentran Ernest Lluch, Luciano Parejo, Salvador Ordóñez y César Nombela.

Cuenta con sede en las siguientes ciudades españolas: Santander, Barcelona, Cartagena, Cuenca, La Coruña, Granada, La Línea de la Concepción, Huesca, Santa Cruz de Tenerife, Sevilla y Valencia.

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Con más de una veintena de doctores Honoris Causa, desde que en 1992 lo fuera Albert O. Hirschman, pensador relevante, hasta el último en 2017, el Nobel de Física Shuji Nakamura. Nuria Espert, Oriol Bohigas, Montserrat Caballé, como Mariano Barbacid, José del Hierro, o Helmut Schmid, entre tantos, dan cuenta de la grandeza de su envergadura académica.

Su sede de Valencia –la más cercana-, actualmente en el Palacio de Pineda tras su certera intervención arquitectónica, acogerá por ejemplo en los próximos días el Congreso Internacional sobre Orden Público, Seguridad Ciudadana y Justicia Preventiva y las IX Jornadas Internacionales sobre Conducta Alimentaria. El Congreso cuenta con un Comité Científico de primera, formado por juristas de primera, de pensamiento e ideología diversa e idéntico prestigio.

El Aula Virtual, común a todas las sedes, permite ese contacto permanente entre estudiantes y profesores, también entre ellos, que hace hábito de la optimización de las herramientas electrónicas como un complemento de excelencia de la práctica presencial. De innovación educativa permanente.

Los Estatutos de la UIMP, aprobados en abril de 2002, establecen en su artículo 12 el procedimiento de designación de Rector. Lo nombrará el Gobierno a propuesta del Ministro de que ostente la competencia de Universidades de entre catedráticos de universidad elegidos por el Patronato, previamente conformado por hasta quince expertos y reconocidos profesores o investigadores de ámbitos distintos, nombrados por el Ministerio que presidirá el Secretario de Estado de Universidades. Son unos estatutos concisos, modernos, y operativos.

No he sido capaz de detectar en este documento esa extraña figura de “moción de censura académica” por la que el Patronato, con mayoría cualificada, podría proponer al Ministro el cese del rector y la elección por ese mismo Patronato de uno nuevo. Ni encuentro argumentación posible de lo que sería un más que curioso giro de un Patronato que, hasta la fecha, mantenía su confianza, estímulo y aplauso a la política académica del rector Lora Tamayo. Quien hace muy bien, y le dignifica, no cediendo a la presión ministerial –léase capricho de rendimiento electoral- que de forma tan poco académica como elegante se le ha hecho llegar.

No debieran estar muy seguros de la efectividad de la medida cuando se ha optado por la impúdica decisión de renovar también el Patronato.

Ni que decir tiene que la medida, por regular que se pretenda, es literalmente insólita y extravagante. Contenedora de cierta indignidad, cierta ignominia. Pura injerencia gubernamental. Cuando la Institución es autónoma y así se le reconoce en su aprobación fundacional.

El rector Lora Tamayo, como también su antecesor César Nombela, a su extenso currículum académico e investigador, une el de gestor eficaz. De ello dan fe los años de presidencia de ambos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Y por cierto Nombela es uno de los miembros salientes del Patronato. Lo que no es casualidad sino artimaña.

Ignoro cual puede ser la actitud de los honorables miembros del Patronato –antiguos y nuevos- ante la solicitud que se les hará en breve. Sé la que me gustaría: que mantuvieran la confianza en el Rector que ese mismo Patronato apoyó, la que han mantenido hasta este momento.

No se trata ya tanto de que esa maniobra sucia –porque limpia no es- no prosperara, sino de una invitación formal y contundente a la clase política a no poner sus manos manchadas sobre nuestras togas académicas.

Ya he lamentado otras veces que las famosas palabras del rector Unamuno en la Universidad de Salamanca no fueran pronunciadas como conocemos, pero fuera como fuere, la UIMP es el templo de la sabiduría y Lora Tamayo su sumo sacerdote.

Mala cosa para la salud democrática tan cacareada que el asunto se zanjara con el “cese” fulminante y mal anuncio de otros posibles excesos alejados de aquélla.

Hay que recordar –hoy que la legalidad está en permanente debate- que el ya citado artículo 12 de los Estatutos establece que el Rector de la UIMP tiene todas y cada una de las competencias y atribuciones de los rectores de las universidades públicas españolas. Con la diferencia sustancial, claro, que en estas últimas el rector es elegido por sufragio universal ponderado. Tan legítimo lo excepcional como lo normal por extremada mayoría.

Una vez más, he leído pocas –por no decir ninguna- quejas de instituciones o colegas, nada de la instrumental CRUE, nada de un hipotético colectivo identificado con el Rector Lora Tamayo. Yo sí lo estoy.

José María Lozano Velasco. Catedrático de la Universidad Politécnica de Valencia

 

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