20 de enero de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El inaceptable silencio de Sánchez para explicarle sus apaños a los ciudadanos

Los pactos que está alcanzando el PSOE con el separatismo son intolerables, y la ausencia de explicaciones antes de la investidura es la mejor prueba de ello.

 

 

Sánchez va a ser presidente de España gracias a los votos, por acción u omisión, de quienes más ganas y esfuerzos le ponen al objetivo de que le vaya mal a España. Esa evidencia debería haber sido suficiente para que el líder del PSOE desechara mantenerse en La Moncloa -a la que llegó con esos mismos apoyos- gracias a ERC, para lo cual hubiera sido suficiente con que se aplicara lo que sostenía públicamente, con especial energía, hasta ayer.

Porque fue el presidente en funciones, cuya palabra no vale nada a lo que se ve, quien rechazó endeudar a la Presidencia con el doble peaje del populismo y del soberanismo y alertó de que una fórmula así le quitaría a él su sueño "y al 95%" de los españoles.

Es tan impúdica la capacidad de Sánchez de decir una cosa y hacer la contraria, ambas con impostada solemnidad, que ni la retahíla de ocasiones en que ha evidenciado esos volantazos son suficientes para superar el bochorno y la sorpresa. ¿Cómo puede merecer respeto y suscitar credibilidad un líder que ha hecho del engaño su principal herramienta?

Es intolerable que Sánchez pacte lo que pacta. E inadmisible que además no se vea obligado a explicarlo

Que esa sea la seña de identidad de un dirigente que además hizo de la regeneración y la transparencia una bandera para justificar su asalto al Gobierno con una moción de censura nefanda, lo hace aún más indecente. Pero lo que remata del todo el desastre es el silencio con el que está cerrando la negociación con el separatismo al que debía aislar en realidad.

Lo que se sabe de su pacto es un peligroso exceso, pues al parecer incluso avala la celebración de una especie de referéndum privativo de los catalanes o denigra al Parlamento situando la negociación en una mesa paralela.

Pero que además se niegue a explicarlo, compareciendo en público para dar todos los detalles antes de su investidura y admitiendo las preguntas de las que ahora se esconde, es inadmisible. Salvo para él, para quienes usarle y, al parecer, para un PSOE entero desconocido.

 

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