08 de diciembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Borrell, el ministro que provoca mares de espuma en el nacionalismo

Los trinos del día, a veces melódicos y a veces rebuznos, abarcan todas las modalidades: unos irritan, otros indignan y otros divierten. Juntos, resumen la actualidad de una forma peculiar.

 

 

Borrell, aquel debate con Junqueras

 

El nombramiento de Josep Borrell como ministro de Asuntos Exteriores le ha sentado bien a casi todo el mundo, pues no en vano se le recuerda como uno de los líderes de la revuelta cívica masiva contra el nacionalismo que, en el último trimestre de 2017, llenó las calles de Barcelona dos veces de banderas constitucionales.

El primer gran acierto de Pedro Sánchez, con unas previsiones de que no haya muchos más así de nítidos, no ha gustado sin embargo donde no podía gustar: en el nacionalismo más irredento, que ya ha cargado las tintas contra el nuevo presidente recordando, tal vez, la paliza dialéctica que Borrell le propinó al líder de ERC, Oriol Junqueras, en un celebrado debate televisivo:

 

 

La estaca de Llach

 

Mientras, el soberanismo no ha dejado de echar espuma por la boca, en formato XXL, con una serie de mensajes de protesta que rozan los injurioso y se adentran, con estruendo, en lo cómico. Aunque la réplica separatista da para llenar un libro, elegimos al excantante y puigdemonista irredento Lluís Llach como resume de la alegría que les ha provocado el nombramiento:

 

 

Tiene retranca que un seguidor de Quim Torra, altavoz de la ridícula teoría sobre el exclusivo ADN catalán, se ponga a acusar a nadie de etnicista: es como si un caníbal le reprochara a un cliente del Asador Donostiarra el pedazo de entrecot que en aquel paraíso cárnico probablemente se esté zampando. Esto es darse un estacazo con efecto boomerang.

 

Rufián, el castizo que se autolesiona

 

Y como no hay dos sin tres, rematamos el monográfico y borreliano día con el cachondeo que ha suscitado el cabreo de otro icono del soberanismo, el bueno de Gabriel Rufián, el más castizo de los 'indepes' y el mayor coleccionador de zascas que se recuerda en el indómito Planeta Twitter. Nada más darse a conocer la designación del nuevo ministro de Exteriores; el diputado de ERC dirigió sus dardos a Sánchez Castejón, presidente gracias a sus votos. Y claro, la chirigota gaditana detonó con fanfarria y cachondeo:

 

 

Alguien tiene que decirle a don Gabriel que no se meta en discusiones para adultos y que lo suyo es el monólogo sin réplica desde la tribuna del Congreso, siempre cómo y lo suficientemente amplia como para que quepan allí un diputado no demasiado enjuto y su fotocopiadora. Pero es salir a la calle, a pecho descubierto, y llevarse la del pulpo. Todo en uno.

 

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