Las dos maldiciones del socialista Echávarri que han encumbrado al PP-Alicante

Luis Barcala (PP), nuevo alcalde de Alicante

Luis Barcala (PP), nuevo alcalde de Alicante

Estos días oirán hablar mucho de la maldición del Ayuntamiento de Alicante, que con el recién elegido Luis Barcala (PP) lleva cinco alcaldes en diez años. Pero hay una doble maldición de su antecesor, Gabriel Echávarri, que conviene no olvidar.

El mandato de Echávarri ha sido de todo menos tranquilo. La ciudad de Alicante venía de ver a dos de sus últimos tres alcaldes (Luis Díaz Alperi y Sonia Castedo) desfilando por periódicos e informativos siempre con alguna causa judicial pendiente. Y llega Echávarri, y tiene que dejar el cargo porque tiene dos procesamientos pendientes. El PSPV no podía aguantar por más tiempo a un alcalde dos veces imputado (irónicamente una de esas imputaciones es por despedir a la cuñada del que le ha sustituido como alcalde) si quería preservar su credibilidad. Así que forzó la salida del primer edil no sin dificultades.

La primera maldición de Echávarri -que por cierto antes había militado en Unión Valenciana- ha sido su peripecia política, en la que además de su doble imputación ha tenido que gestionar un complicado gobierno tripartito que se rompió precisamente porque tardaba mucho en irse. Tripartito que luego se quedó simplemente en un gobierno socialista en minoría.

Recordemos que el pleno alicantino se compone de 29 concejales, a saber: 8 del PP, 6 del PSPV, 5 de Guanyar, 5 de Ciudadanos, 3 de Compromís, y 2 no adscritos (uno ex C's, y otra, ex-Guanyar). La legislatura actual empezó con un equipo de gobierno sustentado en una mayoría absoluta justita de 15 concejales (todos los de la izquierda), y ha acabado con otro de sólo 6 (los socialistas). Los populares gobernarán hasta 2019 con 8.

La segunda maldición de Echávarri ha sido su pronóstico de que, a su marcha, o se volvían a unir PSPV, Guanyar Compromís y alguien más (o un tránsfuga o C's), o el PP volvería a gobernar antes de las próximas elecciones. Y ha salido cruz.

Explicación de voto

Por resumirlo mucho, C's, a lomos de las encuestas que le dan como fuerza más votada en sólo dos capitales españolas (precisamente Alicante pero también Valencia), y en una dudosa estrategia, ha decidido que no iba a propiciar otro alcalde socialista. Tampoco lo ha hecho su ex, Fernando Sepulcre, que además es diputado provincial. En esa institución apoya al PP. En la municipal se propuso a sí mismo como alcalde de concentración, no les digo más.

El otro tránsfuga, la ex-Guanyar Nerea Belmonte, tenía y tiene cuentas pendientes con su ex-partido: para dar su voto a la candidata socialista, Eva Montesinos, pedía por escrito el compromiso de que un pleno venidero le restituyera el sueldo (los tránsfugas están penalizados), y la honra vilipendiada. No olvidemos que Belmonte fue expulsada del tripartito y de Guanyar hace dos años por adjudicar contratos menores a una empresa de su entorno. Cuentan los cronistas municipales que su ex-jefe, Miguel Ángel Pavón, digno hasta decir basta, no ha querido tragar con lo del sueldo. Pavón se ganó fama durante su etapa en el gobierno municipal de ser tan “bloqueador” y amigo de las asambleas que convertía al Tripartito en inoperante. También se dice que los excompañeros de Belmonte hablaban pestes de ella. Y, claro, Belmonte no era ajena a nada de todo eso.

Y por más que se empeñó el embajador plenipotenciario de Ximo Puig, José Muñoz, que ha salido del envite como el Gallo de Morón, no hubo manera. A alguna de las citas previas negociadoras cuentan que Belmonte acudió acompañada de Elsa Martínez, que si no es del PP lo ha sido. Así que Belmonte ha votado en blanco, que para el caso era como no votar. O votar al PP. Ha salido del pleno escoltada.

Desde Valencia el hombre para todo de Puig, Manolo Mata, ha comparado el caso de Belmonte con el famoso “tamayazo” madrileño que permitió a Esperanza Aguirre ser presidente. Mata ha dicho dos cosas curiosas sobre la votación en el Ayuntamiento de Alicante: una, que el resultado “ha llenado de satisfacción al lado oscuro de la ciudad”, y dos, que “es la constatación de que el PP, que no puede ganar legitimamente las elecciones, se ha visto aupado a la alcaldía de la décima ciudad de España”. Lo cierto es que las elecciones en Alicante las ganó el PP, aunque hasta ahora no haya podido gobernar.

Tampoco ha quedado bien parado como negociador Miguel Millana, desde hace menos de un mes secretario general del PSPV en la ciudad de Alicante. Millana fue conseller con Joan Lerma, pero sobre todo estuvo en la UGT de Alicante cuando el que mandaba en el sindicato era Ángel Franco, máximo valedor de Gabriel Echávarri, a su vez mentor de Eva Montesinos. Todo queda en casa.

Mucho mejor le ha ido sin duda al homólogo popular de Millana, el presidente local Toño Peral, que tampoco es un recién llegado. Le ha ido bien a Peral, y le ha ido bien al PP, que ahora ya tiene la diputación y la alcaldía de la segunda provincia y ciudad de la Comunidad. Ninguna de esas cosas hubiera sido posible por cierto sin el concurso del ex-C's Sepulcre, condición necesaria y suficiente en el primer caso y sólo necesaria aunque insuficiente en el segundo, como ya ha quedado explicado. Los populares se han venido arriba y tanto César Sánchez (Diputación) como Isabel Bonig (PPCV) han asegurado que la reconquista del poder valenciano empieza en Alicante. En cambio el PSPV de entrada se ha quedado sin las dos principales alcaldías de la Comunidad, aunque conserva la tercera (Elche) y la cuarta (Castellón).

De cara a 2019

Con la votación que este jueves ha dado la vara de mando alicantina a Luis Barcala podemos concluir varias cosas: que el PP va a tener difícil poner de candidato el año que viene a nadie que no sea Barcala (había otros nombres en la carrera); que el PSPV va a tener difícil volver a gobernar Alicante durante un tiempo (visto el espectáculo); y que si hay un damnificado en esta historia es la socialista Eva Montesinos, con la que parece que todo el mundo se lleva bien, aunque ya ven ustedes de lo que le ha servido. Hay quien cree que el resultado de esta batalla puede influir en el Botànic, aunque no parece probable porque al final si no se ha llegado a un acuerdo no ha sido por culpa ni de PSPV ni de Compromís. En puridad, tampoco de Podemos.

 

 

 

 

 

 

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