20 de agosto de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

A mí me gustan mayores

Juan Carlos Navarro y Felipe Reyes. Nuestras estrellas terrenales.

Juan Carlos Navarro y Felipe Reyes. Nuestras estrellas terrenales.

No existe otro baloncesto sin ellos. Y mucho me temo que tardaré tiempo en volver a reengancharme y no veo cerca el momento de volver a sentirme identificado al completo con una generación.

Empiezo a planear sobre esa edad en la que se regodea uno más en la nostalgia que en el presente. Creo que pertenezco a esa generación que se pasará la vida haciendo lo que siempre criticó que hacían otros: anhelando su pasado. Al final madurar es un poco eso, convertirte en lo que siempre creíste que no ibas a ser. Crecimos soportando a nuestros mayores con la matraca de Santana, Bahamontes, Di Stéfano, la plata de Los Ángeles, Fernández Ochoa y todos esos referentes que los millenials descubrimos en charlas al calor del braserillo.

Ahora nosotros estamos construyendo esa nostalgia futura y mucho me temo que seremos tan cansinos o más que nuestros predecesores. Hemos vivido y aún seguimos viviendo en algunos casos los mejores momentos del deporte español de la historia. Esto es así, por mucho que la generación anterior pueda apelar a otros éxitos, lo cierto es que los actuales son indiscutibles y veremos si irrepetibles.

 


En el terreno del baloncesto estoy especialmente preocupado. Preocupado sobre todo por la Liga Endesa. Creo que tenemos potencial para seguir teniendo una buena selección durante los próximos años. Una selección más terrenal, pero con opciones de seguir peleando, creo yo. El problema es que la mayoría de nuestros mejores jugadores no estarán aquí, pero tampoco estarán esos especialistas secundarios que tan bien les acompañaron cuando les correspondió y que con tanto oficio mantuvieron a flote una liga doméstica en decadencia.

Algunos ya se fueron y otros como Álex Mumbrú, Sergi Vidal, Albert Oliver, Fran Vázquez, Rafa Martínez completarían ese elenco de grandísimos jugadores que siempre estuvieron aquí dándolo todo. Jugadores considerados de segundo nivel simplemente porque el primer nivel era la estratosfera. Jugadores que llevan rindiendo a un enorme nivel en diferentes equipos durante décadas y que lamentablemente ya no estarán en la próxima.

 Y luego están Juan Carlos Navarro y Felipe Reyes. Nuestras estrellas terrenales. Veinte y diecinueve temporadas al alto nivel. ¿Qué vamos a hacer cuando no estén? ¿A quién vamos a fichar en el SuperManager? A mí me gustan nuestros mayores. Y siento ya esa nostalgia de cuando no van a estar, porque se irán y no queda demasiado para ello. Siento que por detrás viene una generación diferente, no sé si serán mejores (difícil) o peores, me da igual, pero serán otros. No serán estos. Yo tengo 32 años y esta gente lleva más de dos tercios de mi vida conmigo.

Para mí no existe otro baloncesto sin ellos. Y mucho me temo que tardaré tiempo en volver a reengancharme y no veo cerca el momento de volver a sentirme identificado al completo con una generación. Tanto es así que hace catorce años que se retiró Michael Jordan y todavía no he encontrado motivos suficientes para volver a trasnochar.

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