20 de septiembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Ernestina Herrera, el poder más argentino

Ernestina Herrera, la gran dama del periodismo argentino

Ernestina Herrera, la gran dama del periodismo argentino

La muerte de Ernestina Herrera lanza a la leyenda su increíble historia de superación y resistencia al frente del mayor grupo de comunicación de Argentina, detestado por los Krichner.

"Son un poder mediático casi mafioso"

Quien así de rotundo se despachó fue el ya fallecido presidente argentino Néstor Kichner, refiriéndose a Ernestina Herrera y a su mano derecha Héctor Magnetto, protagonistas de unas de las batallas más duras, cruentas y mediáticas de las disputadas entre el poder político y un medio de comunicación en las últimas décadas en Sudamérica.

Ernestina hizo con Clarín lo que Graham con el Post: heredarlo al enviudar y convertirlo en una leyenda

Y lo que está claro es que, para bien o para mal, con la muerte de Ernestina de Noble el panorama editorial y por ende político en Sudamérica ha cambiado sustancialmente.

De la angustia al éxito

Ernestina Herrera era una joven de clase media cuando conoció a Ernesto de Noble en un crucero. El empresario argentino, dueño del periódico Clarín, se separaría de su mujer para contraer pocos meses después matrimonio con Ernestina. En menos de un año él fallecería situándose Ernestina apenas 9 días después al frente del diario, lo que desencadenaría  una cruenta batalla legal con la hija del fallecido editor en la disputa del diario.

En esos primeros meses la viuda contrataría a Magnetto, con el que lograría superar la profunda crisis en la que estaba sumido el periódico, pese a ser el diario más vendido en Argentina.

Y es que desde el primer momento Ernestina dio muestras de su temple y capacidad de trabajo; “Estaba angustiada, pero al mismo tiempo llegué con una tremenda determinación: debía continuar la obra de Noble. No imitándolo, pero sí teniendo presentes sus principios. Recuerdo que ese día todo el personal del diario se reunió en la sala de redacción. Eran varios centenares de personas; les tranquilicé y luego les invité a todos a continuar con la edición, como todos los días”, recordaría años más tarde la empresaria de su primer día a cargo de Clarín.

Porque las circunstancias que la tocaron vivir a la nueva editora no podían ser más convulsas. Primero se sucedió el conocido como “Cordobazo”, un estallido social que sentenció el gobierno al dictador Juan Carlos Onganía, al que seguiría el asesinato del líder sindical Augusto Vandor y que dispararía una espiral de violencia, y meses más tarde el secuestro y posterior ejecución del general Pedro Eugenio Aramburu por parte de un grupo terrorista desconocido hasta entonces, la organización de origen peronista Montoneros.

 

Los Kirchner, grandes enemigos de la editora, que mantuvo una guerra con el poder político desde Clarín y todos sus soportes

 

Pero la terrible dictadura militar que sufrió el país ofreció a Ernestina Herrera la oportunidad de consolidar su poder, al producirse un hecho empresarial clave en el desarrollo de los medios de comunicación argentinos, como fue el hacerse con una parte sustancial del accionariado en Papel Prensa, compañía que suministra el papel a todos los medios de comunicación del país austral, lo que le valió la acusación de haberse beneficiado de la dictadura (hecho del que legalmente fue absuelta hace pocos días).

Pero este hecho no fue el único, ni quizás el más conocido, del que fue acusada Ernestina en relación a su connivencia con el poder militar. Así, las Abuelas de la Plaza de Mayo iniciaron un interminable proceso judicial para intentar demostrar que los dos niños adoptados por la empresaria en 1976 eran hijos de desaparecidos en la época más oscura de la dictadura.

Una Inquisición

Este hecho fue aprovechado por los Kirchner para intentar desacreditarla públicamente en medio de la terrible guerra desatada entre Clarín y el matrimonio, llegando a mandar a la policía a casa de la familia obligando a desnudarse a los hijos para tomarlos muestras de ADN, y donde Ernestina llego a ser encarcelada por negarse a colaborar en un proceso judicial que estaba más cerca de la Inquisición que de un Estado de Derecho.

Las Abuelas de la Plaza de Mayor denunciaron incluso que los hijos de la editora lo eran en realidad de desaparecidos: era falso

Como en el caso del Papel Prensa, tuvo que esperar hasta 2016 para poder demostrar que sus hijos no compartían ADN con ninguno de los desaparecidos que aparecen en el listado oficial, siendo sobreseído el caso por la justicia argentina y condenado el juez que decretó su encarcelación de una manera tan sorprendente como arbitraría.

Porque los últimos 15 años de su vida han estado marcados por su intensas relaciones con el poder político y judicial. Así, en los primeros años del mandato de Ernesto Kirchner su sintonía con el Presidente fue total, pero más tarde se declararía una guerra a muerte entre ellos con gravísimas acusaciones desde el staff político, primero de Nestor y luego de su esposa Cristina.

El gran diario

Aun así, Ernestina nunca quiso responder públicamente a las provocaciones de los Kirchner (Jorge Capitanich, jefe de gabinete de Cristina, llegó a romper una hoja de Clarín en plena rueda de prensa oficial), confiando en su capacidad para revertir situaciones complicadas sin hacer alarde público de su inmenso poder.

Ernestina recibió un periódico en crisis, al que supo rejuvenecer y poner en el centro del poder, y con él de piedra angular crear el grupo mediático más importante e influyente del país, que reunía al canal de televisión más importante, la radio más escuchada y la plataforma digital más contratada de Argentina, así como hacerse con una cuanto menos polémica adjudicación de telefónica móvil: se calcula que a su muerte deja un patrimonio cercano a los 900 millones dólares, habiendo estado considerada la mujer más rica y poderosa de Argentina.

Y es que en la vida empresarial argentina, sin duda habrá un antes y un después de Ernestina Herrera de Noble, la mujer que emuló a Katharine Graham, editora del Washington Post.

 

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