No abandones a nuestras mayores

La violencia de género en la vejez existe, está presente, y ahora más que nunca, con el confinamiento, debe de ser un horror para estas mujeres

La santa muerte. Así titulábamos un capítulo de nuestro libro Relatos salvajes de género sobre la violencia de género en la tercera edad, nuestras mayores, un colectivo bastante vulnerable en muchos aspectos y especialmente en estos momentos de pandemia mundial. Por eso, no les explicaré nada que ya no se haya dicho, porque él bombardeo televisivo de noticias veraces y no fiables es extenso y existe una línea fina en la que es difícil de vislumbrar la verdadera fiabilidad y verosimilitud de las cosas, provocando una inseguridad y pánico en muchas personas que son difíciles de controlar.

 

La violencia sobre la mujer obviamente ha pasado a un segundo plano, pero no perdamos la atención. No dejemos que sufran porque pensamos que no se puede hacer nada, tenemos a las mejores policías del mundo y cada vez demuestra más el ciudadano mundano que no consentiremos el maltrato a ningún nivel, por no decir que nuestro sistema de justicia español en defensa de las personas vulnerables cada día avanza en aras de protegernos. Los españoles estamos hartos de los abusones…

 

Ahora mismo, nuestra preocupación principal está en la protección de la salud por el coronavirus, por esa prioridad y pánico a la enfermedad, pero la violencia de género en la vejez existe, está presente y que ahora más que nunca debe de ser un horror para estas mujeres, que son doblemente colectivo vulnerable, y también principal factor de riesgo del Covid-19.

La convivencia las veinticuatro horas al día con su maltratador es un clima de tormento dificultoso, estresante y que nadie parece percatarse de esta cuestión, porque son personas que por su educación han estado y están sometidas a su marido, dándose múltiples situaciones de maltrato, y como están educadas así no denunciarán nunca, por la dependencia económica, por el qué dirán, por desconfianza en el sistema judicial, por no ser una carga para sus hijos y por supuesto como hemos dicho antes por su fuerte educación machista. Antigua, retrograda, y perjudicial.

 

Nos preocupa también la violencia de género a pesar de la que está cayendo, porque ahora las ancianas podrían ser bastante más vulnerables y los agresores pudieran aprovechar la situación en su propia maldad. Investiguen aquellos casos que no les cuadren, ahora es un momento que aprovechan las ratas para fastidiar a los mayores que no se pueden defender.

 

Se daban antes de esta situación ocasiones de detección en las diferentes actividades dirigidas a mayores como comidas, excursiones y otras muchas más realizadas por los servicios sociales, en los que es más fácil y posible visualizar esta situación, en algunos casos son los mismos profesionales de servicios sociales los que intentan solucionar esos problemas y en otros, son  los que lo ponen en conocimiento de la policía, poniéndose en marcha un protocolo para salvar la vida de esa mujer. Cuestión ahora olvidada, apartada por la prioridad y la alarma del Covid-19.

 

Pero ahora, todo eso ya no está, no se puede salir de casa, los hijos tampoco pueden ir a visitarlos para evitar contagios. Y es entonces cuando la mente humana empieza a desvariar, y el depredador está al acecho con su típica cólera somatizada, ahora todo se multiplica por mil, el encierro, la incertidumbre, el miedo al contagio y un largo etcétera que va a pagar su mujer, así que si antes estaban en peligro, ahora son carne de cañón cien por cien, es una bomba de relojería, y estas mujeres preferirían que todo acabara de alguna forma que seguir sufriendo de esta manera.

Así que además de salir al balcón a aplaudir (cuestión que me parece fantástica sobre todo para los niños y abuelos), vecinos… agudicen sus sentidos y si escuchan o perciben o simplemente intuyen que una vecina suya está o puede estar pasando por esta situación de atosigamiento y maltrato, por favor, sean valientes y llamen al 016, al 112 y a las fuerzas y cuerpos de seguridad policiales, porque son ellos los que en cada caso concreto sabrán qué hacer y cómo actuar. Al menos, dispondrán de datos para posteriormente puedan actuar en el caso de que no puedan aportar pruebas fehacientes o de referencia. Saber lo que pudiera estar ocurriendo para actuar en consecuencia.

 

Que decir que cada vez que escuchamos el número de muertes por el virus se nos pone la carne de gallina, y nos deja pensativos para la reflexión. Nos sentimos tristes al pensar en todas esas familias que pierden a sus seres queridos de esta forma tan absurda y extraña, desde la distancia y no nos queda otra que entender el descanso de quien sufre… como decía el fantástico Edgar Alan Poe:“Y de pronto me dominó la calma y quedé sonriendo al brillo de la muerte, como un niño con una chuchería nueva”.... el final del sufrimiento.

 

Descansen en paz todos estas personas y reorganicémonos adecuadamente para parar la pandemia sin olvidarnos de las personas que antes del virus ya estaban en peligro.

 

*Grupo EmeDdona 

           

 

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