06 de junio de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Pablo Iglesias ya utiliza el drama sanitario para hacer propaganda de Podemos

Pablo Iglesias, el pasado 3 de marzo en el Senado

Pablo Iglesias, el pasado 3 de marzo en el Senado

Podemos pone en entredicho el apoyo global al Gobierno, que incluye aplazar los reproches a sus graves errores, con una indigna campaña ideológica de autopromoción.

 

 

El líder de Podemos y vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias, ha iniciado una injustificable campaña de propaganda sobre sí mismo y su partido que, amén de un despropósito, constituye una intolerable agresión al espíritu de consenso que su Gobierno está teniendo de casi todas las fuerzas políticas y de la sociedad en su conjunto, no sin esfuerzo.

Iglesias compareció ayer, lo que en su estado de cuarentena ya es como mínimo discutible e irresponsable, para arrogarse las medidas más sociales del plan de choque económico contra el coronavirus, como si el dinero lo pusieran él y su partido y no el conjunto del Estado: que no es más, por cierto, que la organización de los recursos públicos que ponen los propios ciudadanos.

 

Pero además de ese ejercicio de impudor, el secretario general del partido populista aprovechó la coyuntura para hacer proselitismo de su ideología, un neocomunismo populista de infaustas consecuencias allá donde se ha aplicado: convertir los recursos públicos en una especie de pr

 

opiedad del poder y denigrar la iniciativa privada como hizo, es sencillamente inaceptable.

Desde Amancio Ortega hasta la sanidad privada, los hoteles y decenas de empresas de todo tipo, están dando un ejemplo de solidaridad que comienza con su contribución fiscal y laboral habitual al sostenimiento de la sociedad y culmina con sus desinteresadas aportaciones en tiempos tan difíciles como los presentes.

 

 

Todo el sector privado, en fin, es imprescindible para que existan y mejores los servicios públicos, y establecer una diferencia en estos momentos no solo es una monumental falacia, sino que además resta energías y recursos a la sociedad en el momento en el que los necesita.

Para rematar la aciaga jornada, el vicepresidente del Gobierno toleró la difusión en los canales de Podemos de un repugnante vídeo en el que, en esa misma campaña infame de autopromoción, se utilizaban imágenes del drama del 11M o de la catástrofe del Prestige al objeto de comparar la supuesta eficacia de su Gobierno y de su partido con la de otros Ejecutivos precedentes.

Romper el consenso

Que eso coincida con el pleno respaldo de Casado a Sánchez, discutible si incluye mirar para otro lado ante los errores pero necesario para lanzar un mensaje de ánimo a la sociedad, hace aún más abyecta las manipulación de Podemos.

Y que que lo diga o haga el dirigente de un partido que ha estado semanas negando la gravedad de la epidemia y que ha estado confinado en casa por el riesgo de contagio de la irresponsable pareja que tiene, esa ministra de Igualdad que echó a las calles a miles de mujeres en plena pandemia, es una desfachatez. Pero que lo afirme un representante cualificado del Gobierno, es un escándalo.

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