Ciudadanos: cómo queda en la Comunidad Valenciana tras la debacle electoral

Aunque ha logrado mejor resultado que la media nacional del partido, desde las bases piden cambios urgentes y más renuncias a parte de la de Rivera

Dentro de la debacle general, Ciudadanos en la Comunidad Valenciana no ha sucumbido con tanto estrépito como en la media del estado. Ha perdido dos tercios de su representación, cuando en el conjunto de España se ha quedado con apenas una sexta parte, y aporta el 20% de los escaños del partido al Congreso, aunque la Comunidad Valenciana representa, en población, el 10% nacional. Ha salvado dos de las seis actas ganadas en abril.

Esa lectura constituía anoche el único consuelo -mayor o menor según quien lo interpretara- en los debates de afiliados y cargos de Ciudadanos, sobre todo en los activos grupos de la aplicación whatsapp. En estos foros ha predominado la crítica a la estrategia desarrollada y los lamentos por la lejanía entre la cúpula y las bases, que se ha reflejado en "contar poco o nada" con concejales y coordinadores locales, como se insiste.

Después de una noche de observar con estupefacción cómo la realidad superaba a la ficción de las encuestas y el batacazo electoral sobrepasaba el calificativo habitual de mayúsculo, el concejal de Cuidadanos en Alboraya Vicente Raga, uno de los analistas del partido con mayor simiente intelectual y menos pelos en la lengua, publicaba a primera hora de la mañana en su perfil de Facebook un contundente artículo en el que reclamaba  la dimisión de Albert Rivera y de su equipo.

Este último matiz, el del equipo, no resulta baladí. Desde la estructura autonómica valenciana se coincide en señalar directamente a dos personas de ese grupo como muñidores de la fallida estrategia de campaña: el secretario general, José Manuel Villegas, y el responsable de Comunicación, Fernando de Páramo. Por tanto, la petición de dimisión se hacía extensiva al ´aparato´.

El referido artículo de Raga apretaba directamente donde más duele a la afiliación, la lejanía de la dirección. "El enchufismo indisimulado y el nepotismo interno en algunos casos, además de hacer un gran daño al partido (¿os creéis que la gente es tonta y no se entera?), no os ha permitido conocer a los militantes y simpatizantes de base tan preparados que tenemos. Os sorprenderíais, incluso podríamos recuperar a gente valiosísima que nos abandonó", afirma literalmente en su texto.

En un partido tan jerarquizado hasta la fecha como Ciudadanos, donde las críticas internas hasta ahora han sido bastante limitadas en muchas casos por temor a represalias, esa afirmación directa muestra públicamente males que han corroído a la formación en opinión de numerosos afiliados y cargos medios, que preferían solamente comentarlos en privado.

"Estamos desolados. Ya preveíamos este resultado y ahora esperamos que se depuren responsabilidades". Esta aseveración viene ya de un alto cargo del partido en la Comunidad Valenciana y no se refiere precisamente a Albert Rivera. Señala más bien a su entorno. La renuncia de Rivera, confirmada posteriormente con las propias palabras del presidente nacional, se daba por hecha. No basta con el adiós del líder, realizado, por cierto, con una empatía y una elegancia que quizás le ha faltado desplegar en debates electorales y, en general, en su estrategia de campaña.

¿Y qué pasa ahora con el partido? Mientras el Consejo General se convoca y decide las características y fechas del congreso extraordinario, las especulaciones se disparan desde dentro. Y desde fuera, quienes cayeron por el camino, los Alexis Marí, José Enrique Aguar, Domingo Rojo y un largo etcétera, recuerdan con regocijo que se han cumplido sus funestos presagios sobre Ciudadanos cuando abandonaron la organización.

La marcha de Albert Rivera no calma los ánimos.  En las bases existe bastante resquemor porque, como apostilla un concejal, "desde la dirección no se han preocupado de que funcione la estructura de afiliación, ni de escuchar sus reivindicaciones, ni de atender a concejales, coordinadores locales...".

Esa sensación que existía se multiplicó en la reunión previa a la campaña con la candidata al Congreso por Valencia, María Muñoz, en Rocafort, en la que, como ya informó EsdiarioCV, el hecho de que trasladara un mensaje más mitinero y movilizador que de explicación de la situación real no sentó bien y se interpretó como una falta de confianza en concejales y coordinadores.

La diputada por Valencia fue designada por Albert Rivera, como anteriormente sucedió con Toni Cantó, tanto cuando encabezó la lista al Congreso por Valencia como cuando lo hizo posteriormente para liderar la candidatura a la Generalitat. La marcha de quien decidió sus nombres, del presidente de la formación, los deja, como recalcan algunas fuentes del partido, en una situación de debilidad. No ocurre lo mismo con la otra diputada por la Comunidad Valenciana junto a María Muñoz, la alicantina Marta Martín, con más predicamento entre las bases porque estuvo en los inicios del auge de Ciudadanos en la Comunidad Valenciana.

Por tanto, la hecatombe electoral y la posterior renuncia del líder sitúa en terreno resbaladizo a quienes fueron encumbrados por Rivera en los tiempos de bonanza de Ciudadanos. También alienta a las bases a pedir cambios en el funcionamiento del partido más allá de la marcha de una persona, que impulsen la participación y la implicación. Y lo piden rápido, porque ya empiezan a surgir conatos de desbandada y llamadas a la puerta de otras formaciones.

 

 

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