Pascua militar y el exilio saudí

Constitución, Constitución y más Constitución fue la modélica contestación de Felipe VI

Tengo pendiente comer un roscón de reyes, hecho en casa, con dos buenos amigos en una tradición que nos dura ya nueve años. Es lo que tienen los acontecimientos importantes: octava. Como la historia, que no conviene reescribir ni mucho menos tergiversar, sino celebrar bien por brillantez, bien por la fatalidad finalmente vencida, que con ambas se ha forjado la de España.

Quiso la fortuna -o los caprichos de Chronos- que el rey Juan Carlos naciera, en el exilio de sus egregios padres en Roma, precisamente el día que se conmemora, desde 1782, la toma de Menorca (y de todos los tan queridos talaiots que Rafael Trénor muestra con devoción) por la Armada franco española: la víspera de reyes, de la Pascua militar. Casualidad o afortunada coincidencia borgiana, en la vigilia de Reyes -y de la Pascua militar- también celebra SM Juan Carlos I su cumpleaños. Esta vez en un extraño y forzado autoexilio saudí. Un disparate.

Resultó, a mi juicio, más que inoportuna la referencia de la ministra de Defensa a los militares retirados que se han permitido discrepar de manera pública o privada (aun con excesos en algún caso excepcional) con la política gubernamental. El uso de la mascarilla tal vez ocultó su propio arrobo al hacerlo de forma tan oportunista y sectaria, evidenciando una vez más la política de crispación que se dicta desde Moncloa como garantía de su ordeno y mando permanente. La argumentación oficialista no deja de ser un sofisma elemental y pretender división entre los mandos ya retirados -lo ha explicado raudo y pedagógico el teniente general Pérez Alamán- y los que entonces fueron sus subordinados, no es digno de la máxima responsable política de las Fuerzas Armadas delante de su más alto representante, el Jefe del Estado.

Sabemos del juego político con que se cocinan los discursos institucionales de la Corona, aunque ignoro si al Rey se le deja meter cuchara en el del Gobierno (que supongo que no), por lo que ambos debieron ser conocidos con antelación. Constitución, Constitución y más Constitución fue la modélica contestación de Felipe VI. Que es, en la práctica, la que está respondiendo a todas las andanadas destructivas de la unidad y la concordia que se dirigen desde el Ejecutivo, como método, contra una España que no saben gobernar. No sirve si otros lo hacen, o lo harían, peor. Es su
responsabilidad hacerlo. Y hacerlo bien. Tenemos derecho a exigirlo.

Como el niño malcriado -para seguir con la efemérides- que no pudiendo dominar su juguete recién estrenado opta por destruirlo y acomodarse a otros ya utilizados aunque le aburran, el gobierno de Sánchez, incapaz de ordenar la compleja realidad con la que se topa, se refugia en sus tediosos y trasnochados juguetes ideológicos, azuzado por sus ambiciosos amigotes de cuchipanda.

Hasta Julio Rodríguez -flamante jefe de gabinete del vicepresidente podemita- ratificaba en su libro Mi patria es la gente, la importancia de la Pascua militar y, en ella, de las asociaciones y fundaciones militares que, esta vez, la ministra denuesta.

Confesaré que, desde el antibelicismo en el que habitualmente se instala la llamada clase intelectual, ese alarde de disciplina y formalidad, uniformidad incluida,  que rodea el acto que se celebra en el Salón del Trono del Palacio Real, me ha resultado normalmente ajeno. No así este año en que la figura del Rey Felipe VI se consolida como la única garantía de que esta España nuestra no se vaya al carajo. Así que, sea mi humilde doble felicitación. Al rey Juan Carlos por su onomástica, y al rey Felipe por su coraje.

PS. La “cagada”, como con certeza ha sido calificada por José Luis Torró la cabalgata valenciana de reyes, es demostración de que, armoniosamente y a cuatro manos, nuestros dirigentes autonómicos y locales no pueden ser más tontos, puesto que no creo, sinceramente, que lleguen a ser tan malos.

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