17 de octubre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

La debacle, la violencia y las mentiras del procés, al descubierto

El exquisito celo de la sala de Supremo que enjuicia a los cabecillas del Golpe institucional en Cataluña ya fue, desde el primer momento, un espléndido antídoto contra esa idea manipulada del Tribunal que el independentismo ha querido esparcir desde el primer momento.

El brillante juez Marchena y todos los magistrados han evidenciado, como podía ser de otra manera, un escrupuloso respeto a los procedimientos que en sí mismo acalla todo el ruido previo, pero también una independencia para dirigir el juicio sin someterse a los intereses ni caprichos de nadie: ni se ha dejado amedrentar por el soberanismo ni, tampoco, han evidenciado deseo alguno de ejercer de justicieros antes que de jueces.

Con pruebas

Solo por las formas el varapalo al soberanismo, un movimiento retrógrado que se sustenta en la mentira y la propaganda, ha sido ya notable. Una sensación que se confirma, de manera contundente, con la abrumadora existencia de pruebas, documentos y huellas de todo tipo sobre lo que todos estos dirigentes llevan haciendo desde 2012.

Lo que se está viendo en el Supremo hace aún más inaceptable que cualquier partido se apoye en soberanistas para poder gobernar

Los testimonios del exsecretario de Estado, del letrado del Parlament, del exdelegado del Gobierno y del coronel de la Guardia Civil al frente del operativo de seguridad aquel infausto 1-0 rematan, casi definitivamente, a los acusados, pues evidencian no sólo la reiteración y dimensión de sus tropelías; sino su comisión a sabiendas, de manera premeditada y plenamente conscientes de lo que hacían.

A la fuerza

Sin un Estado de Derecho sólido, hoy Cataluña sería independiente, a la fuerza, saltándose la ley y por imposición de un conglomerado de partidos que aspiran al imposible de que haya democracia sin respetar las normas, arrogándose una autoridad mayor que no reconoce a nada ni a nadie.

En si mismo, ese discurso y las decisiones que se tomaron es violencia, pues la provoca, la incita y finalmente lleva a su comisión. Por mucho que algunos hayan tratado de convertir la respuesta al procés en un acto de represión policial y judicial; lo que el Supremo está enjuiciando, con hechos y testimonios documentados, es un atentado palmario a la Constitución que hace aún más desalentadora la posibilidad de que prosiga un Gobierno amparado por quienes lo cometieron.

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