08 de abril de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT
  • Eduardo Arroyo

    Globalización

    Eduardo Arroyo es doctor en biología y licenciado en bioquímica y en filosofía y letras. Fue socio fundador y columnista de “El Semanal Digital” desde los inicios. Crítico con su época, aboga por una nueva ética de los deberes humanos como primera garantía de la libertad.

Blowin´ in the wind

El fracaso de Donald Trump en Wisconsin ha llevado a mucho merluzo a opinar de cosas de las que no tiene ni idea.

El fracaso de Donald Trump en Wisconsin ha llevado a mucho merluzo a opinar de cosas de las que no tiene ni idea. Es posible que mediante subterfugios legales coloquen a uno o dos testaferros -a lo Ted Cruz-, como gusta a las elites de la política homologada. Sin embargo habría que estar muy ciego para no percatarse de que hay más cosas que están pasando: hoy soplan ya vientos distintos- Blowin' in the wind- y hay que saber escucharles.

Parece que algunas fuerzas han sido ya conjuradas y que es muy dudoso que regresen al ostracismo. En primer lugar, Trump ha liberado en los EEUU un coloso que es ya la fuerza más poderosa del siglo presente: el nacionalismo. Los delirios globalistas de los liberales están de capa caída. Esto se manifiesta en algunas cuestiones más concretas, por ejemplo, la seguridad en las fronteras. La frase de que “Vamos a construir un muro y Méjico va a pagarlo” ha conectado con el pueblo, pese a que no guste a las élites de Wall Street y del “Belt Way”. Por este motivo, los candidatos republicanos que se resistan a hablar de seguridad en las fronteras o, sencillamente, que aboguen por el discurso de “puertas abiertas” a lo George W. Bush o Barack Obama, están sencillamente acabados.

El segundo coloso liberado por Trump es la economía popular, suplantada por otro de los delirios liberales: el “libre comercio”, que no es ni mucho menos libre salvo para las grandes empresas transnacionales. La gente se está dando cuenta de que el precio del “libre comercio” consiste en industrias devastadas, ciudades empobrecidas -como la otrora próspera Chicago- y paro masivo.

La tercera fuerza desatada es la de la política exterior al servicio del pueblo. Las personas no entienden que tengan que ir a morir a miles de kilómetros de distancia porque unos supuestos “intelectuales”, en sus devaneos, acuerden que así ha de ser y lo escriban en las páginas de alguna sesuda revistas. Hoy muchos se han percatado de que “The Weekly Standard” o el editorial de “The Wall Street Journal” es pura basura al servicio de unos intrigantes fracasados.

En Europa pasa algo parecido. Angela Merkel tiene que aplacar la rebelión de su propio partido y los esbirros de la “Verfassungschutz” no han podido impedir que la contestación popular alcance en algunas zonas del país casi el 25% de los votos.

Por doquier surge la respuesta. El patriotismo, la protección del carácter único y singular de los pueblos, es el futuro. A la globalización liberal le crecen los enanos. Y si creen que todos los votantes de multitud de fuerzas políticas emergentes, a lo largo y ancho de todo el mundo occidental, van a irse a casa mientras que nuestros políticos vuelven a las “puertas abiertas” en las fronteras, a la deslocalización económica sin más y a guerras absurdas estilo Iraq o Ucrania, desde luego es que son mucho más estúpidos de lo que podríamos imaginar. Ya es hora de que entiendan que el clamor de tantos responde a problemas reales que solo ellos se empeñan en no ver.

 

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