Entre casas anda el juego

Las elecciones autonómicas y municipales (y quién sabe si también las generales) están a la vuelta de la esquina y los acontecimientos en política se suceden a una velocidad de vértigo

Las elecciones autonómicas y municipales (y quién sabe si también las generales) están a la vuelta de la esquina. Dejando a un lado el enquistamiento del problema en Cataluña, los acontecimientos en política siguen sucediendo a una velocidad de vértigo. No se si ustedes se habrán parado a analizar la situación, pero lo cierto es que el panorama es desconcertante. 

Por la izquierda, la pasada semana saltaba la noticia:  Pablo Iglesias e Irene Montero, adalides de Podemos, adquirían un chalet con piscina por más de 600.000 €.  Las fotos (hay que reconocer la habilidad de las inmobiliarias para hacerlas) se asemejaban más a un chalet en las Bahamas. Quizá fuese premonitorio el hecho de que la formación política presentara su programa electoral como si de un catálogo de Ikea se tratara. Bueno, bonito, ¿barato?  

Si bien, a priori, la mayor parte de la opinión pública se echó las manos a la cabeza por la desfachatez de la pareja, poco a poco, en algunos medios comenzó su lavado de imagen. En las diferentes tertulias televisivas, sus cabecillas se ponían manos a la obra (aunque el chalet en cuestión está en condiciones de ser habitado y no parece precisar ninguna).Que si también tenían derecho; que si se lo habían pagado con dinero limpio (procedente de su trabajo y no de la corrupción); que si se lo habían comprado para vivir y no para especular; que si lo iban a pagar con hipoteca.

Cada cual aportó su granito de arena y las justificaciones fueron variadas. Tota pedra fa paret. Lo mejor estaba por llegar. Dolidos por el revuelo, la pareja ha tratado de legitimar su decisión convocando un plebiscito para consultar a las bases. Pocas charlotadas como esa se han visto en la historia de la España democrática. 494.000 podemitas, de los cuales supuestamente 493.998 no tienen una casa de semejantes características, están convocados a respaldar a sus líderes para que no se defenestren. 

Y como una cosa es predicar y otra dar trigo, quizá deberían haber planteado la pregunta antes de comprarlo. Lo contrario es empezar la casa por el tejado.Por la derecha, sin tiempo para coger aire, el pasado martes nos despertaba la noticia de la detención de Zaplana. Otro ex presidente del Partido Popular investigado (por blanqueo de capitales). Curiosamente, su detención se precipitó tras comprar una vivienda en el barrio de Chamberí por más de dos millones de euros. A tocateja.

Sin solución de continuidad, la sentencia de Gürtel confirmaba la caja B del Partido Popular. Isabel Bonig, embravecida tras recuperar la alcaldía de Alicante hasta el punto de “hacer el chino” en Les Corts Valencianes, ve como los cimientos de la pretendida renovación del PP se tambalean. Y es que es tarea imposible si el edificio sufre aluminosis.  

En Ciudadanos se frotan las manos, pero no le falta razón a Isabel Bonig cuando señala a algunos diputados autonómicos de Ciudadanos como herederos del zaplanismo. Vídeos, fotos, demuestran la estrecha relación y el afecto de Eduardo Zaplana por el partido de Albert Rivera. Con Emilio Argüeso (máximo representante a nivel orgánico), de los primeros en dar el salto desde el Partido Popujar; con Toni Cantó cantándole alabanzas a Francisco Camps, y Emigdio Tormo, abnegado ripollista, manejando los hilos de la formación en la Comunidad Valenciana, ya pocos pueden dudar de que Partido Popular y Ciudadanos comparten trastero.

Optimista era Isabel Bonig cuando daba por amortizada la corrupción de cara a nuevos comicios, y optimistas son en Ciudadanos cuando se ven heredando el cetro de la derecha en la Comunidad Valenciana. Quizá no hayan aprendido de la experiencia del PSOE y Podemos, que a pesar de las encuestas que anunciaban (o forzaban) el “sorpasso”, éste jamás se produjo.  Y es que no le falta razón a Manolo Mata. Tras una legislatura “tapando agujeros y vías de agua” de sus predecesores, parece lógico que el Botànic tenga otra oportunidad. Después de todo, yo soy de las que piensan que las elecciones no se ganan; se pierden.  

 

*Abogada y excoordinadora de UPyD Comunidad Valenciana.

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