23 de octubre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

¿Para qué quiere Pedro Sánchez tener poderes excepcionales tanto tiempo?

Entre el Estado de Alarma y el verano, la democracia española quedará congelada durante seis meses y un presidente que debe muchas explicaciones tendrá más poder que nunca.

 

 

El Congreso aprobó, con los votos por activa o por pasiva de PSOE, Podemos, Ciudadanos, PNV y ERC, prolongar por sexta vez el Estado de Alarma para sumir a España en el cautiverio más longevo del mundo, donde también se encabeza la terrible estadística de mortandad.

Pero no conviene llamarse a engaño: lo que ayer se aprobó no es una medida sanitaria, sino el permiso a Pedro Sánchez para extender sus poderes excepcionales hasta septiembre, de un modo u otro: desde marzo hasta después del verano, la democracia plena en España va a estar hibernada.

Para eso vale la sexta prórroga del Estado de Alarma. No para prevenir una emergencia sanitaria que, cuando era inminente, se ignoró. Solo hace falta salir a la calle para constatar que los límites y las precauciones son mínimas. O solo hay que escucharle al Gobierno decir que, en unos días, cada Comunidad Autónoma gestionará la epidemia como le parezca oportuno.

Todo el poder

¿Para qué entonces prolongar los poderes excepcionales de un presidente que falló con estrépito en la prevención y ahora usa su pandemia para gobernar como si el Estado de Derecho estuviera subordinado en su totalidad a las decisiones e intereses del Gobierno?

 

 

Sánchez solo quiere que la sociedad empalme el fin del confinamiento con las vacaciones del verano. Y quiere, también, que se olvide de qué ha pasado y por qué y esta tragedia parezca un accidente meteorológico fortuito. Y quiere, por último, terminar de colonizar hasta el último rincón del Estado: el CIS, RTVE, la Guardia Civil, la Fiscalía General o el Poder Judicial.

Eso es lo que han apoyado, para sacar además su beneficio, Bildu o ERC. Y también Ciudadanos, que no puede estar denunciando en las horas pares los abusos de Sánchez y en las impares aprobando con él las herramientas que le permiten perpetuarlos.

El presidente no dio ayer ninguna explicación de nada. Ninguna autocrítica. Ningún consenso. Se limitó a exponer su agenda ideológica, esa “nueva normalidad” que ahora pretende regular por decreto, y a decir bien alto “Viva el 8M” con 43.000 cadáveres de cuerpo presente, parece una osadía. Cuando no un desprecio a los hechos y a las personas.

 

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