11 de agosto de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Por qué Podemos ha puesto a Vicente Vallés en la picota y le ha salido rana

Pablo Iglesias y Vicente Vallés

Pablo Iglesias y Vicente Vallés

La guerra de Podemos contra Atresmedia no es casual ni fruto de un calentón. Hay claves que lo explican: son éstas, pero no les sirven de gran cosa. Han pinchado en hueso.

 

 

¿Cómo y por qué un periodista con la reputación contrastada como Vicente Vallés ha pasado a ser el 'enemigo público' número 1 del 'pabloiglesismo'? La causa más evidente, el 'casus belli', fueron las palabras del líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, en las que aseguraba que guardó una copia de la SIM de una mujer mayor de edad que no le pertenecía porque quería ahorrarle “presión”.

Vallés, que se limitó a señalar esa contradicción entre un discurso feminista y una praxis 'machirula', terrminó con la paciencia del vicepresidente del Gobierno, bastante tocado ya por todo el 'Caso Dina' y cuyas terminales políticas y mediáticas llevaban días lanzando pellizcos de monja contra el periodista.

Quienes conocen a Vallés saben de sobra que cuenta con una trayectoria acreditada en diversos medios, incluidos públicos, y con distintas Administraciones. Hombre discreto, serio y trabajador, Valles ha puesto sobre la mesa las contradicciones de políticos de todo tipo y condición.

Pinchan en hueso quienes creen que una campaña de este calado, por muy molesta que sea en redes, va a hacerle mella. Todo lo contrario: salvo los 'groupies' de turno, la reacción ha demostrado que esa estrategia tiene las patas cortas.

Hasta ahí Vallés. Pero, ¿a qué responde tal nerviosismo? Básicamente, a que el 'Caso Dina' ha puesto de manifiesto el gran tongo de Pablo Iglesias y sus más cercanos con las cloacas. Ya relatamos aquí cómo lo que ha salido a la luz ha generado desconfianza incluso entre los periodistas considerados más cercanos a la formación morada. Luego, como ya señalamos en su momento, están los activistas. Pero esos hace tiempo que les reventaron las costuras.

 

La relación de Podemos con los medios de comunicación y con los periodistas nunca ha sido fácil. Y la actitud de algunos de sus cuadros y dirigentes daría para comentarse desde sus inicios. Un comportamiento que ha ido agravándose de la mano de un entorno de 'hooligans' con cargo, agrupados en torno a un grupo de Telegram y caracterizados por una constante tendencia al 'pelotismo', en una eterna huida hacia adelante.

 

 

No extraña que el exasesor argentino de Iglesias, Pablo Gentili, cuyas enseñanzas parece haber olvidado frente a la línea de los Del Olmo y compañía, acabara soltando lastre de tan pesado paquete.

La 'rajada' de Pablo Echenique no es casual. A nadie, ni dentro ni fuera de Podemos, se le escapa que la Vicepresidencia de Iglesias mantiene línea directa con su grupo parlamentario, donde Echenique -que, recordemos, siempre se ha arrimado al Sol que más calentaba en el partido, pasando del trotskismo 'anticapi' de Teresa Rodríguez a la 'patota' del secretario general- ejerce de 'poli malo'. Y que un tuit como el que publicó arremetiendo contra Vallés tenía todos los 'ok' de las más altas jerarquías del partido.

Detrás de esa acción se esconde, también, un nerviosismo evidente, la sensación de haber perdido la iniciativa en los medios de comunicación. Los actuales responsables de Podemos saben que su proyección mediática es menor y que ésta, en muchos casos, es a la defensiva.

El desgaste sufrido por el partido y por la acción de Gobierno, las contradicciones entre su discurso y su acción, la pérdida del miedo a las campañas de sus partidarios en las redes sociales (donde también han quedado fuera de juego en liderazgo), les ha situado en una posición complicada. Y la respuesta ha sido, una vez más, progresar en los ataques.

Lo esbozó hace tiempo un excompañero de viaje de la formación morada, hoy, como muchos otros, fuera del mismo: “Todo se jodió el día en que esa tropa llegada de IU y del PCE, gente capaz de liquidar federaciones con cuatro gatos para ganar unas elecciones internas en un partido exangüe, canibalizaron la cúpula del partido. Si eran capaces de actuar así con una formación que tenía muy poco que ofrecer, imagínate con Podemos, que les abría las puertas del poder”.

No es casual

Luego, claro, hay otras circunstancias, como los modos de otros acostumbrados a reinar como señores de horca y cuchillo en las aulas de Somosaguas y de hacer 'agit prop' en una televisión de barrio con un grupo universitario (Contrapoder) y de activistas callejeros (Juventud Sin Futuro), básicamente los mismos, a su servicio. Y es que la historia de la formación morada, la verdadera, todavía está por escribir.

Tampoco las presiones y ataques contra el Grupo en que trabaja Vallés (Atresmedia) son casuales. Antena 3 y La Sexta son las grandes referencias informativas de la televisión española, las favoritas de la ciudadanía para conocer la actualidad. No hay que ser un lince para saber la influencia y la relevancia que tienen.

Los mismos que ahora cargan contra Vallés y su Grupo son los mismos que obvian, de forma interesada, los ataques y polémicas generados por parte de otros representantes políticos, desde dirigentes del PP a Vox pasando por el entorno del sanchismo al independentismo catalán. Lo que viene siendo periodismo, vaya.

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