La mentira de la lengua en educación

Muchas de las personas que alegan una posición de inferioridad del valenciano deberían de pasarse por las aulas. Se darían cuenta de que la lengua a proteger no es la que ellas piensan

A menudo se nos habla sobre la necesidad de proteger el valenciano en nuestras aulas a causa de la posición de inferioridad de esta lengua frente al castellano, creencia en la que el Consell se excusa para justificar el papel preponderante de "La Nostra" frente a la de todos los españoles. Creo sinceramente que muchas de las personas que justifican este hecho deberían pasarse por las aulas algún día y comprobar cómo se trabaja  y qué lengua se utiliza habitualmente en nuestros centros docentes. Sinceramente, pienso que se sorprenderían. Es más, si fueran capaces de abstraerse y dejar de lado sus prejuicios ideológicos, seguramente se darían cuenta de que la lengua que se debe proteger no es la que ellos pensaban.

La lengua valenciana goza de buena salud en el sistema educativo valenciano. Prueba de ello es el constante aumento de alumnos que desean cursar sus estudios en esta lengua, incluso alumnos cuya lengua materna es el castellano. Puede parecer extraño pero tiene una explicación muy sencilla: calidad educativa.

Los padres quieren lo mejor para sus hijos y saben que en las lineas en valenciano no suelen haber alumnos de otras etnias ni alumnos inmigrantes, hecho que suele hacer que se necesite una mayor atención a estos colectivos y que el nivel de la clase disminuya, por lo que deciden sacrificar su lengua habitual por la que les ofrece mejor rendimiento.

Las familias quieren lo mejor para sus hijos y saben que en las lineas en valenciano no suelen haber alumnos de otras etnias ni alumnos inmigrantes

Por tanto, no hace falta otorgar ciertos privilegios académicos en forma de mejores titulaciones a los centros que cursen en valenciano ya que, además de ser ilegal, es innecesario. Esta situación puede verse agravada cuando se tenga la percepción de que una lengua se está imponiendo a otra, provocando el rechazo de algunos sectores que ven en esta acción una imposición, real o no, ya que puede deberse tanto a la decisión consensuada de un centro como a la decisión particular de un profesor. 

 La pregunta que surge inmediatamente es por qué entonces, a la vista de esta realidad, se intenta potenciar una lengua sobre la otra y la respuesta es muy sencilla, obedece simplemente a una cuestión ideológica. Todos sabemos que el saber es poder y que quien controla la educación puede controlar la sociedad.

Esta cuestión la pude comprobar hace unos años en Cataluña cuando escuché hablar en catalán a unos niños que parecían como mínimo hijos de inmigrantes. Me llamó mucho la atención cómo unos chavales que no llegarían a los 10 años hablaban sobre una bicicleta en ese idioma perfectamente. Entonces decidí investigar un poco sobre el tema resultando que, como en muchos otros casos entre árabes y bereberes que hablan distinto idioma, habían convertido la lengua catalana en su lengua vehicular para poder relacionarse entre ellos.

Posteriormente entendí cómo era posible que hablaran esa lengua y no el castellano, ya que en el centro en el que estudiaban se hablaba catalán y era la lengua que compartían, por lo que evidentemente era la lengua que utilizaban, resultando el castellano una lengua prácticamente residual circunscrita a una materia específica que apenas entendían y escasamente utilizaban. 

Con estas condiciones, ya tenemos el caldo de cultivo para intentar imponer un pensamiento ideológico. Evidentemente sólo podrá calar en la sociedad aquel mensaje que se entienda. Naturalmente, este hecho no es extrapolable a toda la sociedad pero si que nos puede dejar entrever alguna cuestión por las que una ideología puede calar más que otra. Y cuando hablamos de ideología, no hablamos de educación, pudiendo cometer errores de base al hacer prevalecer nuestros pensamientos y sentimientos a la pedagogía educativa y a la razón.

Ya tenemos el caldo de cultivo para intentar imponer un pensamiento ideológico. Evidentemente sólo podrá calar en la sociedad aquel mensaje que se entienda.

Y es que un pueblo castellanohablante en el que de la noche a la mañana su sistema educativo pasa del castellano al valenciano no puede más que augurar un fracaso seguro. Recuerda a otra época pasada de nefasto recuerdo en la que ocurrían casos semejantes pero a la inversa, parece ser que no hemos aprendido al respecto. 

La Comunidad Valenciana es un territorio de enorme riqueza cultural, nuestro legado histórico así lo demuestra y nuestras lenguas cooficiales así lo avalan. Es curioso que un elemento que nos debería unir como es la posesión de una lengua propia está sirviendo hoy en día para dividirnos en vez de reforzar nuestro sentimiento de comunidad.

Quizás cuando entendamos que la lengua no se debe utilizar como elemento ideológico educativo, quizás cuando entendamos que cada persona debe ser libre para elegir la lengua en la que quiere recibir su educación, quizás y sólo entonces demos realmente un paso importante en nuestra evolución como comunidad.

Con estas lineas simplemente pretendo hacer ver que las dos lenguas cooficiales que tenemos en nuestra Comunidad gozan de buena salud y si con estas lineas alguien piensa que el que suscribe es reticente a alguna de ellas, sólo diré que soy un simple profesor castellanohablante que imparte sus clases generalmente en valenciano.

*Docente y presidente provincial en Valencia de Contigo Somos Democracia.

 

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