22 de agosto de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Un temible rumor para Puigdemont hace que la tila corra por litros en Waterloo

Carles Puigdemont.

Carles Puigdemont.

Muchos lo daban por bueno y los menos lo tachaban de bulo pero escuchado en labios de personas dignas de crédito, y legalmente posible, la política catalana daría un viraje de 180 grados.

"Finalizado" el juicio del procés, Miquel Giménez aseguraba en VozPópuli este jueves que "debemos tener presente que no hemos presenciado el final de nada" y se hacía eco de un "rumor que recorría pasillos y despachos de la santa casa. Rumor que muchos daban por bueno y otros, quizás los menos, tachaban de simple bulo".

Rumor, "escuchado en labios de personas dignas de crédito", según el cual Marchena podría poner en libertad provisional a los inculpados, esperando la sentencia, aduciendo que ahora no existe el riesgo de fuga que se produjo cuando se les ingresó en prisión.

Algo que "haría bajar notablemente la tensión" porque no se puede olvidar que "los presos políticos han sido el caballo de batalla principal del separatismo".

Claro que, para Giménez, "había también quien consideraba con cierta malicia que era lo peor que podía pasar a Puigdemont. Junqueras en la calle, a la espera de sentencia, con aureola de mártir, paseándose por Cataluña, haciendo política en olor de multitud, mientras el fugadísimo se come las uñas -y las langostas- en Waterloo. Que es foti, que se joda, me decía un amigo de Esquerra".

El caso es que, concluye el periodista, "si esto fuese cierto, y legalmente podría serlo, la política catalana daría un viraje de 180 grados" en el juego político. Sobre todo porque, en su opinión, "Junqueras es el hombre del futuro, el que pactará con el gobierno de España, el que convocará un referéndum pactado. Esquerra aspira a ocupar el vacío convergente y a día de hoy no existe nadie que le dispute el lugar". 

Para Giménez "la tesis junqueriana es diabólicamente inteligente: no renunciamos a la independencia, pero como, hoy por hoy, no es posible, saquemos todo el rédito que podamos y seamos los administradores de la autonomía, eso sí, hinchada de competencias y dinero a más no poder. A cambio, aseguraremos la paz social, cierta apertura en los medios de comunicación públicos, en las instituciones catalanas y el necesario sosiego de cara a las próximas elecciones autonómicas. Es decir, buscar la influencia a través de la hegemonía en Cataluña y los votos en el Congreso". Con este panorama,"no es extraño que en Waterloo la tila se tome por litros". 

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