Vicent Flor, un censor sin escrúpulos que debería dimitir o ser cesado

Vicent Flor durante su presentación como director de la IAM.

Vicent Flor durante su presentación como director de la IAM.

El catedrático relata los pormenores que han desembocado a su renuncia a editar su libro en la IAM tras el veto a la Introducción por parte del director de la institución pública.

Espero que pronto se haga público el informe íntegro que Vicent Flor presentó al Consejo de Administración de la Institución Alfons el Magnànim de la Diputación de Valencia  para justificar su actuación en la censura que planteó a la Introducción que acompañaba a mi texto, que tenía el título provisional de “Reconstrucción, auge y de decadencia del socialismo valenciano (1979-1995)”.

El libro, como ya he explicado en distintos medios de comunicación y en plataformas digitales, como lo han hecho otros periodistas y autores, era el resultado de un contrato para transaccionar, como expuso mi abogado a la Institución, y evitar una demanda por haber publicado un libro firmado por Benito Sanz, en el que yo había estado trabajando dos años para aportar mi interpretación a los distintos capítulos del libro, cuyos tres primeros llegaron a estar maquetados y en el cuarto tuve que hacer distintas correcciones sintácticas y ortográficas así como traducirlo de nuevo al valenciano .

Yo había propuesto que Manuel Muñoz, licenciado en filología, primer director de las páginas de El País de la CV, director del Palau del Música y posteriormente redactor jefe de política del diario Levante-EMV, hiciera un prólogo, habida cuenta que había sido un espectador y analista de primera fila de los acontecimientos de los que trataba el libro, sobre los años en que el PSPV-PSOE gobernó la Generalitat valenciana.

Tuvo que ser mi abogado el que se dirigiera a Flor para advertirle de una posible demanda por usurpación de un texto elaborado en colaboración, porque uno de sus autores, por su cuenta, decidió lo que era suyo

En un principio Sanz admitió la propuesta, pero posteriormente se desdijo de su aceptación y yo entonces renuncié a colaborar en el proyecto en común. Pero cuál fue mi sorpresa cuando, tiempo después, apareció el texto firmado por Benito Sanz porque, según su versión, yo me había desentendido del proyecto. Efectivamente, del proyecto conjunto, pero Sanz por su cuenta decidió eliminar lo que él creía que yo había escrito y publicar lo que, a su entender, él había redactado, sin entender que en un libro conjunto no existe una parte de uno u otro de los autores, si antes no se especifica por contrato. El libro en el que habíamos trabajado ambos se publicó con el título “La creació de la Generalitat Valenciana. L'etapa socialista 1983-1995” con el nombre solo de Benito Sanz, y salió tal como ya estaba maquetado cortando partes que suponía que yo había escrito.

El tema es que Flor le dio credibilidad y aceptó la tesis de Sanz de que podía eliminar lo que en su opinión yo había redactado, sin ni siquiera consultar conmigo, y argumenta que tenía autoridad -¿quién se la da?- para “llevar les parts que havía escrit Paniagua”, a partir de un testimonio de una captura de pantalla en el queconstaba que me desentendía del proyecto conjunto, pero que en ningún caso ello significaba que se pudiese editar íntegramente lo que ya estaba maquetado y aceptado por ambos. Tanto él como yo podíamos hacer otro libro, pero distinto del que ya estaba en imprenta y redactado y aceptado conjuntamente. Tuvo que ser mi abogado el que se dirigiera a Flor para advertirle de una posible demanda por usurpación de un texto elaborado en colaboración, porque uno de sus autores, por su cuenta, decidió lo que era suyo y lo que debía ser eliminado . Al tiempo que le advertía al director del Magnanum de la responsabilidad adquirida por no comprobarlo a pesar de los correos we transfer que habíamos intercambiado a lo largo de los años de colaboración.

El 26 de junio Flor me llama, no para que quitara “el Pròleg”, que de nuevo había elaborado Manuel Muñoz, sino mi Introducción, alegando que yo abordaba cosas del pasado y daba mi interpretación sobre el comportamiento de algunas personas de la Universitat de Valencia

Flor aegumenta que yo no tenía razón porque con anterioridad había un contrato con Josep María Felip, dentro de una serie referida a la evolución de los años de La transición y del PSPV-PSOE. ¿Pero si Felip se había retirado, seguramente por el proceso judicial en el que estabainmerso  por ser exdirector general de la Conselleria de Solidaridad que había regentado el PP? ¿Acaso porque el supuesto proyecto estaba teoricamente concebido antes de mi participación yen el  que el propio Benito Sanz me propuso colaborar conjuntamente en este nuevo volumen, se me obviaban mis derechos de autor?

Fue entonces cuando Flor me llamó (no fui yo, porque el que había hablado era mi abogado) y trató de solucionar el tema proponiéndome un contrato para que yo hiciera un libro propio y distinto.Era una manera, como me señaló mi abogado, de llegar a un acuerdoantes de iniciar una demanda judicial.

Escribí el libro y expliqué en la Introducción todos los pormenores de lo que había sucedido, incluyendo el prólogo non nato de Manuel Muñoz y dando mi interpretación de por qué Benito Sanz había ido poniendo dificultades a medida que trascurría el tiempo de colaboración. El 26 de junio Flor me llama, no para que quitara “el Pròleg”, como falsamente afirma, que de nuevo había elaborado Manuel Muñoz en mi nuevo texto, sino mi Introducción al completo, alegando que yo abordaba cosas del pasado y daba mi interpretación sobre el comportamiento de algunas personas de la Universitat de Valencia, como si él tuviera que decidir y calificar lo que yo escribía porque, en su consideración, no le hacía ningún favor al libro, ¿Y quién era él para afirmar lo que le hacía o dejaba de hacer un favor al libro?, al tiempo que afirmaba que ningún autor le había acusado de censurar nada, hasta ahora.

Claro, cuando alguien comete una falta o un delito podrá alegar que antes no tenía antecedentes y supongo que los tribunales lo tendrán en cuenta para suavizar la pena, pero eso no elimina el hecho cometido. Le envié, en uno de los múltiples correos el siguiente texto (26 de mayo de 2020 a las 12:59): “Querido amigo: He vuelto a releer mi introducción y no encuentro ningún aspecto censurable que pueda atentar a la dignidad y consideración de las personas a las que aludo. Es, como ya te he manifestado, mi interpretación de unos hechos que creo que están suficientemente documentados para mí y con respuestas de otros a los que consulté.

 Una institución pública debe cuidar por la libertad de expresión en contraposición a una empresa privada que puede decidir que no le gusta una cosa y no publicarlo

Precisamente una institución pública como Alfons el Magnànim tendrá que velar por diferenciar lo que es interpretación de un autor, recogido en nuestra legislación sobre los derechos de autor y de la libertad de opinión y de interpretación, de lo que pueda constituir un delito o falta contra personas vivas. He, de nuevo, reenviado mi introducción a juristas para valorar su opinión sobre el tema, y continúan pensando que no existe ningún párrafo que pueda ser objeto de demanda judicial por cuanto en ningún momento entra en consideraciones personales que puedan representar un ataque a la dignidad y honorabilidad de las personas citadas, como ya ha puesto de relieve distintas sentencias de los tribunales en casos parecidos”. Me decía, además, que en su puesto tenía que “saber estar” Le contesté: “Lo de “saber estar” es una expresión retórica que no sé a qué se refiere, porque en mis años de gestión educativa yo podría decir que también he sabido estar y nunca he recibido ninguna sanción por ello, al contrario, me dieron la medalla de la Universidad por mis 48 años de servicios y adquirí la condición acreditativa de catedrático.

No me importa en absoluto lo que Benito u otros puedan aplicarme, son sus opciones. Lo que sí es cierto que él decidió por su cuenta publicar lo que él creía suyo y ya estaba maquetado y que un libro conjunto correspondía a los dos, y eso considero que es peor que lo que yo pueda decirle como que utilizaba las fotocopias Rank Xerox de la diputacion para recopilar su documentación, como era público y notorio, que yo no tengo inconveniente en darle un giro lingüístico a esa expresión. Pero todo lo demás es mi relato, al igual que muchos autores hacen para justificar por qué escriben lo que escriben, y no creo que contenga nada peyorativo, como me han señalado algunos juristas. Otra cosa es que los aludidos puedan contestar lo que consideren oportuno como lo reconoce el artículo 20 de nuestra Constitución.

A ti puede parecerte inapropiado, lo que puedo entender, pero dejemos a los lectores, a los críticos y medios de comunicación que decidan. Y una institución pública debe cuidar por la libertad de expresión en contraposición a una empresa privada que puede decidir que no le gusta una cosa y no publicarlo, pero no parece adecuado que lo haga una Institución Pública. Es también curioso que ante un contrato firmado tengas que dárselo a dos informadores anónimos. Espero que eso sea una práctica habitual en todos los libros que editas y no analicen, ideológicamente en este caso, el contenido global de lo allí escrito. En todo caso, si no lo vas a editar ya tendré otras ofertas que no pongan pegas al texto, y me pensaré las oportunas gestiones, públicas y privadas, por incumplimiento de contrato en el caso de que no se edite por Alfons el Magnànim. Y no te preocupes, no te enviaré ya ningún Pensamiento para antes de dormir porque además no creo que te hagan falta porque tu sabes bien “saber estar”. Un saludo. Javier Paniagua i Fuentes.”

Estuve dispuesto, no a cambiar la Introducción, si no a suavizar, si procedía, algunas expresiones, e incluso le pedí a Flor que me dijera qué partes debería modificar, sin que nunca me contestara sobre el tema

Me contestó que utilizaba un tono amenazador: y le respondí: “No sé donde está el tono amenazador. En todo caso toda amenaza puede ser objeto de delito y deberías por tanto denunciarlo. Te recuerdo que he sido miembro de la Institución Alfons el Magnànim y del antiguo IVEI desde su creación y de la revista Debats y de su Junta directiva. No creo haber hecho referencia en mis emails al mundo anglosajón, aunque bien es verdad que entre los que revisaron mi tesis fue el profesor E.H. Hobsbawm a quien en dos ocasiones invité a la UNED porque estudié con él en Londres, y a entrevistarse con Joan Fuster aquel al que le opusieron una bomba en su casa de Sueca, como recordarás. Fuiste tu quien me propuso un nuevo contrato para superar la crisis con Benito y yo acepté porque me pareció una buena salida, como reconozco en la Introducción.

Todos, en principio, somos igual de demócratas mientras los tribunales no digan lo contrario. Y lo único que espero es que los informantes que, en todo caso debieron tal vez evaluarlo antes de firmar el contrato, aunque hay editores que no lo hacen antes en función de la confianza intelectual que depositan en el autor, como ha sido en ocasiones en mi caso con otras editoriales, y solo se atengan a expresiones sintácticas u ortográficas, pero en ningún caso a consideraciones ideológicas o de opinión” Recordándole también que yo había publicado en el Centro de la UNED Alzira-Valencia “Francisco Tomás y Valiente” donde él era tutor, más de 130 libros como editor de distintas colecciones, sin que en ningún caso, planteara ninguna censura.

Pero además se le ocurre alegar la clausula 6 del contrato firmado por mí, por la vicepresidenta, en nombre del presidente de la Diputación y del Secretario General de la Institución, que afirma que el editor supervisará el original como si eso se estuviera refiriendo al contenido del texto y no a los requisitos de presentación establecidos (número de páginas, orden de correspondencia del índice, formato, ortografía…), algo que aparece en todos los contratos de edición referidos a cuestiones de forma pero nunca a lo escrito por el autor. E incluso afirma que no tiene contrastada algunas consideraciones por las que anteriormente el libro no fue editado, aludiendo así en su informe, de manera subrepticia, a otros responsables anteriores de la Institución, ya que al parecer el motivo puede adivinarse, pero no tiene pruebas. ¿Es que acaso uno no puede emitir una opinión de su propia cosecha, como hace cualquier periodista, locutor o escritor en sus múltiples publicaciones que hoy día circulan, afirmando lo que él supone sin que tenga pruebas fehacientes? Tiene que insinuarse que “puede adivinarse” ¿Qué es lo que puede adivinarse? ¿No es capaz de decirlo sin que ello suponga ningún contratiempo?

Estuve dispuesto, no a cambiar la Introducción, si no a suavizar, si procedía, algunas expresiones, e incluso le pedí a Flor que me dijera qué partes debería modificar, sin que nunca me contestara sobre el tema (“estoy dispuesto a valorar las sugerencias concretas, como te he manifestado por teléfono, de aquellos párrafos que puedan para el editor ser susceptible de consideración conflictiva para la Institución. Tengo firmado contrato con esa Institución y entregué el texto en la fecha indicada (marzo del año en curso) y espero la resolución de lo que se considera “no publicable” de acuerdo con el criterio del editor” email enviado el 26 de mayo de 2020 a las 12:59) “.

Esperé un mes a que me diera una respuesta y al final decidí renunciar al contrato y publicar el texto en otra editorial que no practique la censura.

Pero él se refería al texto íntegro de la Introducción, proponiendo que lo eliminara completamente y para resguardarse "surgieron" los dos informantes anónimos para así tener una justificación que le permitiera sentirse respaldado, cuando no es habitual si existe un contrato ya firmado. ¿No se llama a eso censura? En el documento/informe, donde se contenía la Introducción, que le presenté posteriormente al presidente de la Diputación de Valencia, le proponía cambiar, si fuera necesario, algunas expresiones por si eso creaba susceotibilidades y así lo hacía constar en el mismo documento, sin que ello supusiera ninguna alteración de los argumentos utilizados y de las personas aludidas, pero Flor no se da por enterado de esta propuesta mía y por ello mantiene que lo publicado en la prensa no coincide  con la versión que le entregue al Presidente de la Diputación que supongo se lo habría  llegar. Esperé un mes , que  es tiempo que dan las instituciones académicas para wmitir un informe a que me diera una respuesta y al final decidí renunciar al contrato y no entablar ninguna demanda con la diputación, como le manifesté al presidente de la diputación en la audiencia que me concedió el 4 de junio del año en curso y publicar el texto en otra editorial que no practique la censura.

Pero, en realidad, nada cambia, porque cuando afirmo que Pedro Ruiz “impidió que Piqueras entrara en el Departamento” porque difería de su interpretación historiográfica, estoy dando mi opinión de un hecho, desgraciadamente frecuente en la Universidad española, que otros profesores han manifestado en otros casos. Y si eso no fuera cierto que el aludido escriba su versión y entonces será el momento de presentar los testimonos que respaldan mi afirmación como lo hace el mismo José Antonio Piqueras (hoy catedrático de Historia Contemporánea de la Universitat Jaume I) en el escrito que me remitió y que envié a Flor.

Este director, Vicent Flor, además de tergiversador es incompetente y, en mi opinión, debería recapacitar sobre su actuación. Le reconocería a Vicent Flor que, en un acto de sinceridad consigo mismo y con la Institución Alfons el Magnànim, abandonara un cargo que, a todas luces, le ha venido demasiado grande, aunque no le veo tan proclive a la higiene democrática. Y porque además, no se atiene,  en mi criterio y el de otros que han seguido el tema, a la verdad de los hechos y no porque el PSPV-PSOE desee controlar esa parcela, como va divulgando algún sector político. 

No estaría de más que los miembros del Consejo de Administración de Alfons el Magnànim recabaran todos los testimonios e investigaran los hechos descritos para dictaminar si hubo o no censura por parte de un cargo público, como en tiempos pasados ya afortunadamente olvidados.

 

(*) Ex director de la UNED Alzira-Valencia. Ex diputado en el Congreso por el PSPV-PSOE.

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