22 de abril de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Gistau destroza a Rufián por su experimento fallido en La Sexta y le hunde

No hay derecho a que un "esforzado aunque limitado muchacho" encuentre por fin un destino manifiesto y quiera redimirse de toda una vida de absentismo laboral y luego le pase esto...

Reflexiona este martes David Gistau en su columna de El Mundo que tal vez los residentes en Madrid estén decepcionando a los independentistas, algo que empezó a pensar con el "pobre Gabriel Rufián".

A su juicio, "no hay derecho a que un esforzado aunque limitado muchacho encuentre por fin un destino manifiesto y quiera redimirse de toda una vida de absentismo laboral adentrándose gallardamente en la misma capital de las tinieblas y ésta corresponda, no proporcionándole un martirio, sino convirtiéndolo en una socialité".

Aquí recuerda que "en una medida verdaderamente desesperada, se hizo acompañar por las cámaras de La Sexta en una expedición por el Valle de los Caídos" al que se refirió como "la guarida de la Bestia".

Guasón, ironiza Gistau que le vimos triscar "como temiendo una emboscada, pero allí no apareció Bestia alguna que examinara el heroísmo de nuestro paladín. Se tuvo que volver Rufián sin haber tenido ocasión de clavar una mala estaca y, la verdad, me dio pena".

No solo eso, sino que el hecho de que los de Madrid sean una estafa "terminaron de confirmarlo los indepes aerotransportables del finde": "Madrid, qué chungo, la capital del fascismo, el río de Marlow, tam-tams y calaveras clavadas en palos. Pero luego, nada. Sol y vermú en Malasaña, la ciudad libre y ajena a alienaciones militantes como acostumbra, indiferencia al paso de los tractorianos, un poco ridículos al tratarse de adultos uniformados con colores tan chillones, que iban como fascinados con el descubrimiento de la gran ciudad y, en cuanto olvidaran que tenían que mostrarse agraviados, preguntarían por el precio de la entrada para un musical". 

En conclusión: "Que se manifestaran con libertad es la mejor demostración de que los del Supremo no son presos de conciencia ni tienen las ideas sometidas a juicio. El escaño de Rufián, el que ha hecho famoso su show tremendista, también lo demuestra". 

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