22 de octubre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El mensaje definitivo contra Iglesias y Montero por la millonada que ganan

Iglesias y Montero, contentos de sí mismos

Iglesias y Montero, contentos de sí mismos

La millonada que se levanta cada año la Pareja Real de Podemos genera un terremoto en las redes, con cifras abultadísimas que no siempre son ciertas... pero se parecen mucho a la realidad.

 

 

 

A Pablo Iglesias e Irene Montero les ha cogido la matrícula toda España, hasta un punto que probablemente se explica por los orígenes de la pareja: quienes más atizaban suelen acabar siendo los más atizados; especialmente si te alzaste "en nombre del pueblo" y ahora vives del pueblo como pocos.

No pasan cinco minutos sin que las redes encuentren una razón para meterse con ellos, echarles en la cara su hemeroteca o reprocharles cruelmente sus contradicciones y escándalos; hasta hacerlo Trending Topic casi endémico.

Hay pocas parejas en política tan célebres; pero ninguna de ellas tan destestada. El origen de su nuevo TT ha sido algo que les persigue ya: su elevado nivel de vida, denunciado en este tuit:

 

 

Conviene recalcar, no obstante, que la cuenta está mal hecha y que, aun siendo jugosos los emolumentos de la pareja, no llegan a esas magnitudes: el tuitero que ha encendido la mecha suma las retribuciones de diputado las de ministro, pero en realidad son excluyentes. Cuando se forma parte del Gobierno, no se duplica el sueldo.

Eso sí, los 150.000 euros anuales entre ambos no se los quita nadie, a los que pueden sumarle la ingente cantidad de gastos de desplazamiento, comidas y demás que también soporta el erario público. Pero es igual, si superan esa prueba a duras penas, embarrancan en la siguiente polémica que ya les afecta:

 

 

De ser cierto, se confirmará la insoportable tendencia de Iglesias a mezclar sus intereses personales y políticos, siempre y cuando, claro, pague el ciudadano o su partido: al menos tres relaciones personales y esta otra familiar han pasado de algún modo por la política a su vera; y aunque no sea justo decir que  ése fuera el único mérito de las Dina Bousselham y compañía, la sensación de que así ha sido está muy extendida.

 

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