04 de diciembre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

España protesta con razón, pero debe hacer primero estas preguntas a Sánchez

Pedro Sánchez, en el Congreso

Pedro Sánchez, en el Congreso

El hartazgo de la ciudadanía es lógico y plausible, pero debe aprender a encauzarlo para no ayudar a un Gobierno que solo sabe hacer caricaturas falsas de la indignación.

 

 

La Razón publica este lunes un nuevo documento que consolida lo que ESdiario ha venido contando desde hace semanas, con cifras, comparativas, pruebas y fechas: el Gobierno tuvo constancia fehaciente de la dimensión del coronavirus en un informe firmado por el propio Ministerio de Sanidad a fecha 24 de enero. Y no hizo nada.

Desde ese día hasta que se decretó el Estado de Alarma, pasaron 50 días. Y en ese tiempo, el mismo Gobierno que presume ahora de “rapidez”, desoyó hasta 40 avisos claros de la OMS, la Unión Europea y sus propios servicios sanitarios, magnificando el peligro y exponiendo a la ciudadanía a un riesgo que pudo mitigar.

El resultado es que, a día de hoy, tenemos 613 muertos por millón de habitantes, más de doble que EEUU y entre cinco y cien veces más que la práctica totalidad del mundo. Y soportamos un crecimiento del desempleo nueve veces superior a la media europea y el doble de hundimiento del PIB.

Decir estas cosas, con rigor, es bastante más razonable y eficaz que permitirse un desahogo en la calle, por muy hartos que estén los ciudadanos y muchas razones que tengan para protestar contra un Gobierno que amplificó los riesgos del coronavirus por su negativa a tomar medidas a tiempo.

Porque a Sánchez le viene mucho mejor la imagen de ciudades tomadas por coches dando bocinazos, encabezados por VOX, que responder, una a una, a todas las preguntas. Sin duda es una caricatura deformada de la naturaleza de la protesta, mucho más amplia y razonable que la proyectada por los altavoces mediáticos de Sánchez, ufanados en esparcir la falsedad de que solo acuden personas envueltas en banderas preconstitucionales y a bordo de coches de lujo.

Tiempo habrá de celebrar manifestaciones y de enjuiciar las negligencias evidentes del Gobierno en sede institucional o judicial, pero mientras conviene no darle excusas para que siga evitando responder a las preguntas que, probablemente, se hace una inmensa mayoría de ciudadanos.

 

 

¿Por qué tiraron a la papelera las alertas internacionales que otros atendieron? ¿Por qué permitieron hasta el 9 de marzo aglomeraciones masivas sabiendo que eso potenciaba un contagio masivo? ¿Por qué permitieron vuelos con Italia hasta el 10 de marzo y dejaron las fronteras abiertas hasta el 17 de marzo? ¿Por qué desaconsejaron el traslado de nuestros mayores a los hospitales y pidieron que les dejaran encerrados en su habitación?

¿Y por qué el coronavirus ha dejado cien veces menos muertos en Corea que en España cuando partimos de las mismas cifras y avisos? ¿Por qué desecharon la compra de material sanitario a tiempo? ¿Por qué no hicieron ni hacen test a casi nadie digan lo que digan? ¿Por qué no da cifras reales de fallecidos?

Concentrarse en interrogar a un Gobierno que fue imprevisor cuando debió adelantarse y ha coaccionado los procedimientos democráticos para fabricarse una excusa a medida, puede ser ahora más útil que gritar "basta ya", por merecido que se lo tenga Sánchez.

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