Cuando los políticos dejaron de hacer política

La política se ha vuelto tan líquida que cuesta discernir lo que es real de lo que es pura propaganda

Debió de haber un momento, quizás imperceptible, en que muchos políticos dejaron de hacer política. La política se ha vuelto tan líquida que cuesta discernir lo que es real de lo que es pura propaganda. Gestos, contorsionismo, cambios de ideario a base de congreso y rearmes ideológicos son las únicas armas que tienen los partidos ante el vertiginoso ritmo que ha tomado la política entre tanta red social y tanto público aburrido de desilusionarse.

Buena cuenta de ello, de la liquidez, da la negociación previa para sacar adelante los Presupuestos Generales del Estado. Quienes siempre pactaron con los nacionalistas no ven ahora con buenos ojos que se pacte con esos mismos nacionalistas.

Quienes vinieron a ejercer de árbitro entre las dos grandes familias políticas del país han preferido quedarse de brazos cruzados y echar más leña al fuego mientras la situación en Cataluña y en el resto de España sigue deteriorándose.

Se echa en falta ese debate político que negocie su voto en función de medidas concretas. Los grandes partidos no pueden quedar a los pies de los partidos independentistas. Podría evitarse, pero hay quién ha decidido que es mejor dejar caer al Gobierno en manos de quienes no creen en el Estado.

Creen que así obtendrán mejores resultados en las próximas elecciones, y puede que así sea, pues a río revuelto ganancia de pescadores. No se dan cuenta de que dejando al Gobierno pendiente del voto de los independentistas no sólo se deja caer al Gobierno, sino que se deja caer a toda España.

Nuestro país necesita Presupuestos para seguir funcionando, pues el decreto no es infinito. No puede quedar el futuro de tanta gente en mano del cálculo electoral de unos determinados partidos políticos.

Imaginad que el tercer partido de España, ese que venía para evitar que decidiesen siempre los pequeños partidos nacionalistas, hiciese política con mayúsculas. Imaginad que negociasen políticas concretas fiscales, educativas, territoriales, de igualdad. Imaginad que pactasen unos Presupuestos y una fecha de elecciones. Pero no, es preferible dejar que la situación política siga deteriorándose.

Sigan, porque después de ustedes, señores, sólo queda el populismo.

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