13 de diciembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El secesionista que curaba el cáncer

Artur Mas, 'padre' político de Puigdemont e 'hijo' de Pujol

Artur Mas, 'padre' político de Puigdemont e 'hijo' de Pujol

El autor da un repaso monumental al carácter, la actitud y la estrategia de un nacionalista cualquiera, encarnado en Artur Mas. Y propone una comparación para entender su siniestro juego.

Siempre he pensado que un nacionalista, sea de la naturaleza que sea, es un sujeto con una significativa tendencia hacia el onanismo, la soledad y el aislamiento, y por lo tanto bastante proclive a cualquier manifestación psicopatológica relacionada con la paranoia y la obsesión.

Un nacionalista es anómalo, peligroso, infantil, eunuco mental, ingenuo, con razonamientos propios de la fase genital

Solo hace falta echarle una ojeada por encima a los personajes que atizan el nacionalismo catalán y el pancatalanismo. Parecen sacados de un cómic de Súper Humor.

Sin embargo, esta no es una conclusión de calado personal, o mejor dicho, es una conclusión que me ha llegado después de leer a Unamuno, Ortega, Orwell, Camus, Cela, Vargas Llosa o Pío Baroja, entre otros, y no encontrar en ninguno de ellos una palabra amable hacia esta tendencia política.

Un peligro

Enemiga histórica íntima de los de abajo y del progreso, en el sentido más amplio de la palabra, esta peligrosa tendencia política no solo redujo a escombros Europa no hace mucho, sino que guarda siempre un punto en común: utilizar las bajas pasiones y el chivo expiatorio ("los judíos nos roban", "España nos roba") para que una pequeña oligarquía perfectamente orquestada se llene los bolsillos con el dinero de los ciudadanos.  

De ahí que para ser de izquierda y nacionalista es necesario antes ser el Oso. Tan siquiera atizar la posibilidad de que una de las regiones más ricas pueda someter a referéndum su escisión unilateral del país que la hizo rica es, desde un punto de vista estrictamente ideológico, no ya de izquierda caviar, sino de izquierda esquizofrénica.

La anomalía

Pero siempre recuerdo que cuando de verdad me convencí de que un nacionalista es un individuo anómalo, peligroso, infantil, eunuco mental, ingenuo, con razonamientos propios de la fase genital y una genuina tendencia hacia la ficción deliberada, fue al toparme con aquella entrevista a Artur Mas (al hilo de publicar un libro biográfico titulado “Artur Mas: el hombre, el político, el pensador”).

 

 

Artur Mas, un tipo corrupto que ha llevado a una comunidad autónoma de España al filo del abismo, por una cuestión puramente personalista y mesiánica. Un tipo que, no hace mucho y tras ser inhabilitado de sus funciones públicas, abandonó las dependencias judiciales arropado por numerosos cargos públicos en activo levantando sus varas de mando, como si fueran los palos de una república bananera. 

Oligofrenia interesada

Pero, como les decía, cuando me convencí de la absoluta, maléfica e interesada oligofrenia de un nacionalista fue al leer lo siguiente en aquella entrevista a Artur Mas, el hombre, el político, el pensador -solo faltó nombrar en la biografía El Gran Amante-. Siento mucho no poder cortar y pegar el texto original, ya que lo leí en prensa de papel -soy un tío corriente, del montón, de costumbres-.

A saber: 

Entrevistador: Recientemente usted ha prometido que, si gana las elecciones, en Cataluña habrá menos casos de cáncer.

Artur Mas: Exacto.

Entrevistador: ¿Busca con eso ganar más votos?

Artur Mas: La gente no es tonta. La gente sabe perfectamente lo que vota.

Entrevistador: Pero usted sabe que su promesa contra el cáncer científicamente no es posible.

Artur Mas: Si no es posible, habrá que hacer que la ciencia sea más democrática.

¿No les parece gracioso? A mí tampoco.

 

 

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