11 de agosto de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

La nueva trampa de Sánchez e Iglesias a Casado para atraparlo en su telaraña

Pedro Sánchez y Pablo Casado

Pedro Sánchez y Pablo Casado

Moncloa no quiere ni en pintura pactar con el PP. Su apuesta sigue siendo la "vía Frankenstein", pero hará lo imposible para que parezca una apuesta inevitable.

 

 

La carrera de aplausos con la que durante 48 horas seguidas celebró Pedro Sánchez, junto a los suyos, el plan europeo de recuperación, fue propio del manual de usos de la factoría Iván Redondo. Se ha hecho de la posición de poder una plataforma propagandística.

Se saca brillo al cargo allá donde su presencia tenga rentabilidad mediática con la misma soltura con la que se esconde al presidente en aquellos lugares donde deba dar explicaciones o, simplemente, pueda sufrir el desgaste del malestar ciudadano.

Apuntalar la imagen de “estadista” de Sánchez, ahora tan dañada por la gestión del coronavirus, es una prioridad monclovita. Sin embargo, las entretelas de semejante despliegue de marketing revelaban el intento de recuperar oxígeno de un equipo al que ya le va faltando.

Porque, a pesar de las versiones azucaradas del panorama, que intentan poner una cortina delante para aparentar que no pasa nada trascendente, es lugar común en círculos gubernamentales el pánico ante el cataclismo económico que se nos viene  encima. La falta de trabajo y dinero da al traste con todo.

 

Caliente aún en La Moncloa la euforia desatada, Pedro Sánchez ordenó desplegar su artillería para hacer del acuerdo en el Consejo Europeo la palanca que sirva para activar a las demás fuerzas a respaldar los Presupuestos Generales del Estado.

El argumento que va a utilizarse hasta el aburrimiento es el de que no se trata de unas cuentas públicas más, sino de las cuentas de la reconstrucción para canalizar los fondos de Bruselas. De ahí que, según los guionistas presidenciales, incumba a todos los actores políticos su puesta en marcha.

 

 

Lo cual es ir demasiado deprisa. Claro. Porque, en realidad, apoyar esos Presupuestos es apuntalar la continuidad durante al menos dos años de la coalición PSOE-Podemos. Una coalición ideologizada hasta el punto de priorizar sus intereses particulares y ajustar cuentas, reales o ilusorias, con el PP. Y, sobre todo, que hace frente a la crisis con recetas condicionadas por un sectarismo que en la mayor parte de los casos impedirá la adopción de acciones efectivas.

Al fin y al cabo, en la mente de Sánchez siempre predominan los guiños que polaricen la confrontación con el centro derecha. De hecho, lo que alimenta en estos días la incertidumbre son las diferencias en el Gobierno entre guardar a Cs como comodín o bien centrar los esfuerzos en la mayoría de la investidura y presionar a ERC para el sí. De momento, Pedro Sánchez quiere jugar con ambas opciones.

Rechazo al pacto transversal

Pablo Iglesias, al contrario, se declara abiertamente incompatible con los naranjas. “Un bocazas hasta decir basta”, en palabras de un compañero socialista del Consejo de Ministros. Y es que el presidente ha retrasado a conciencia la mesa de diálogo con Cataluña para evitar que lastre una negociación con los de Inés Arrimadas.

Quienes, por cierto, anhelan la vía 221, que son los escaños que sumaría su pacto con el PSOE y el PP dejando fuera a populistas y radicales. Sánchez, en cualquier caso, rechaza tajantemente esa fórmula.

La realidad es que presidente y vicepresidente segundo han dedicado numerosas reuniones a analizar el escenario y coinciden en priorizar la vía Frankenstein, aunque tan compleja suma parlamentaria se le haga cada vez más cuesta arriba al líder socialista.

Está por ver, además, si es viable ante unas más que probables elecciones catalanas en otoño. Quizá en septiembre, cuando llegue la hora, el secretario general del PSOE no tenga más remedio que elegir entre lo posible.

Y ello aunque, por descontado, el deseo más íntimo de Pedro Sánchez sea orillar a Pablo Casado. Resulta llamativo que los asesores del presidente no hayan considerado en ningún momento la mano tendida del líder popular.

Quien la seguirá tendiendo en estos momentos de emergencia nacional. Incluso al líder popular no le viene mal alargar la vida de la coalición social-comunista para, alejándose él de la extravagancia política, ir ganando hechuras de presidente de Gobierno. 

 

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