La ciudad no es para mí. Fichajes

Los fichajes conllevan también despidos. Con o sin reconocimiento de los servicios prestados, viejos y no tan viejos valores de la palestra política hacen mutis por el foro.

Me amina un buen amigo a detenerme en esta nueva práctica electoral, cosechada con abundante éxito mediático en los deportes de masas. Tanto en éstos como en aquélla los goles hay que meterlos después.

Las temporadas deportivas, sin embargo, son más cortas y ordenadas. No cabe adelantar la final con agudos cálculos aritméticos. Ni las casas de apuestas pretenden acertar, ni animar a unos o intimidar a otros.

Las legislaturas y mandatos, más tediosos e inciertos. Tras la elección, el ganador trabaja fundamentalmente –en exclusiva en muchos casos- en mantener el puesto. Agotar o adelantar puede ser dilema mientras augures propios o extraños amasan la decisión del líder.

Fichaje viene de ficha y la ficha –una suerte de currículo reducido sin espacio para la exageración- la encabeza el nombre y, claro, el sexo. Suele consignarse cuna y edad, luego habilidades y los títulos que las acreditan. Finalmente experiencia, logros anteriores y aspiraciones.

Las más completas incluyen un apartado confidencial cuyo indicador más atractivo se sitúa en los extremos (nada que declarar o valores y joyas; como en la aduana).

Y en el argot popular un (o una) ficha es persona, cuando menos, singular. (Las del parchís son otra cosa; aunque se comen entre ellas).

El verbo fichar –aun no reflexivo- admite dos acepciones. Y si uno presume de fichar a otro o de fichar por alguien de postín, fichar a diario es propio de simples currantes.

Como pasado, acompañando a ser o tener, la cosa se pone fea y el sujeto pasa a estar bajo sospecha.

Pero lo cierto es que, remedando a Camarón, los partidos políticos españoles se entretienen en el camino “fichando voy, fichando vengo”.

Empezaron en Cs con esa extravagancia de Valls, siguieron los generales de Vox tras Pepu para la alcaldía de Madrid por el PSOE y hay quién dice que dudaron en Podemos tras el optimista ofrecimiento de Maduro (López Obrador no está available). Lo de Cayetana en el PP no es tan llamativo, ni lo de Adolfo Suárez; ya estaban o estuvieron ahí.

Los fichajes conllevan también despidos. Con o sin reconocimiento de los servicios prestados, viejos y no tan viejos valores de la palestra política hacen mutis por el foro o reaparecen en escenarios distintos. Nadie sabe si el balance será positivo, cuántos (votos) vendrán con el neófito o cuántos se irán con el amortizado.

Así que, una vez más, voy a reivindicar la ficha de los currantes, la de abrir la ventanilla, la persiana, o la caja de herramientas; el aula, la consulta o la sala; la compañía, la patrulla o la escuadra. La de los españoles de bien, exigiendo administradores sensatos, que fichen por la salud y la seguridad, y también en su trabajo.

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