10 de diciembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Sánchez tiene su hoja de ruta marcada por el odio a Rajoy y pactará con Podemos

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, en una imagen del pasado invierno.

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, en una imagen del pasado invierno.

En la Presidencia del Gobierno no cabe la menor duda: el del PSOE lo intentará de nuevo; como sea y con quien sea. Él es el decantador de todo el odio que su partido le guarda al presidente.

Ha habido, a trancas y barrancas, pacto; no habrá, ni con fórceps socialista investidura; y Sánchez lo intentará, con rojos y separatistas, otra vez. Sobre esta trilogía de dos certezas y una probabilidad “muy posible”, hay que construir el edificio de los próximos días en la política nacional. Al agrietado edificio hay que añadir dos pisos más: las elecciones vascas y gallegas del próximo 25 de septiembre. Y aún, un ático que hace más inestable, por su vulnerabilidad, la construcción entera: la cuestión de confianza de Puigdemont del día 28.

En la Presidencia del Gobierno no cabe la menor duda: Sánchez lo intentará de nuevo; como sea y con quien sea. El es el decantador de todo el odio, escribo bien, odio que su partido le guarda al todavía presidente Mariano Rajoy. El rencor, la rabia, el desprecio son muy similares en las trazas y la cantidad a los que, en su momento profesaba el PSOE a José María Aznar que tuvo, por dos veces, el atrevimiento infame de ganarles en las urnas. Solo existe una pieza distintiva: que Aznar, a la sazón, no portaba fatigosamente, la repugnante mochila de la corrupción.

Ese es el sostén interesado (la paja en el ojo ajeno) sobre el que mantienen Sánchez y su cuadrilla de novilleros indoctos el “no” rotundo a la investidura presidencial de Rajoy. Sánchez sólo renunciaría a rogarle al Rey la segunda oportunidad para un perdedor nato que sólo cambiaría de obsesión si el día 25 se pega un  trastazo monumental en Galicia y repite en el Noroeste lo consabido: el peor resultado de la historia para el socialismo. Y aún así…veríamos.

Para Rajoy comienza una semana de pasión que culminará con una derrota pírrica, valga la contradicción. Ciento setenta diputados no le alzarán al podio, y, a continuación lo que es aún peor, esa cifra, será revisada a la baja por Ciudadanos, al tiempo, en el mismo segundo en que el marcador del Congreso inscriba el siguiente resultado: Rajoy, 170 escaños; los demás, patuleas incluidas, 180. En ese singular instante el inefable dúo que forman Villegas y Girauta, deslizará que el pacto suscrito con el PP ya no vale para nada, que en un minuto los tiempos han cambiado y que verdes las han segado.

Y a partir de ese minuto, lo verán, Sánchez, que ya tiene un colega, como él, derrotado en la investidura, sacará pecho ibicenco y remedará a su correligionario Iceta para decir: “Bueno, pues hay que buscar otras alternativas”. Naturalmente, la suya. A él acudirán como naúfragos en la sopa parlamentaria los diputados soviéticos de Podemos y los rompepatrias de todo pelaje y hasta algún barrenero que pase por allí. Y empezarán a idearse a continuación calendarios más o menos extravagantes y engordará, hasta la peste, la campaña ya iniciada de: “Rajoy, vete ya” que no sólo entonarán todos los mencionados y sus corifeos mediáticos, sino incluso parte de la derecha tonta del haba que, en su eterna estulticia, sigue sin saber que el problema no es Rajoy, que será el siguiente, o el siguiente del siguiente. O sea, ellos, las “derechas”, el PP de ahora mismo. Bobos.

Al fin y al cabo de lo que se trata es de que “nunca mais” gobiernen en su España destrozada esas tremebundas “derechas”, el término que acuñó en el 34 el golpista Largo Caballero y que ahora ya se repite ferozmente en saraos, tertulias, conciliábulos y covachas de revolucionarios más o meno señoritos que, como Sánchez, se han pasado agosto tumbados en hamacas propias de jubilados alemanes.

Y, claro está: las terceras elecciones ya no serán  únicamente una especulación festiva de columnistas y contertulios, será también otra certeza: la posibilidad muy segura de que no conviene asustarse demasiado porque a lo mejor, y como decía Joaquín Garrigues: “Las cosas se tienen que poner muy mal para que al final se pongan bien”, lo que traducido al panorama actual consistiría en que a la tercera, los votantes españoles, recobrarán el sentido común y negarán su papeleta a los de la nueva casta; a estos mendrugos de la piña revolucionaria que quieren importar el Gobierno de Maduro.

Pero no sólo a ellos; asimismo a estos ciudadanos que sin ganar una sola elección, prófugos como son de otros partidos, se han presentado como vestales que, seguro, van a arreglar España. Pues enfin: semana del “Rajoy vete ya” y clamor televisivo por el Ejecutivo que nuestro país  necesita tanto como un buen aseo de Iglesias, Bescansa y el coplista zumbón Echenique: gran altura intelectual la suya. Nos ha conquistado con su llamada a la procaz Dominga.

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