Educación presencial, online y covid: adaptarse a nuevos escenarios de trabajo

El aprendizaje en las aulas es insustituible. Sin embargo, existe una carga burocrática que debería ser sustituible y regulada en la función docente

La pandemia por coronavirus ha paralizado la actividad económica y empresarial de multitud de países en todo el mundo. Sin embargo, uno de los colectivos más vulnerables y que se ha visto afectado enormemente por estos cambios han sido los niños y las niñas en edad escolar.

Docentes y alumnado nos hemos adaptado a esta crisis dando lo mejor de cada uno. Sin embargo, uno de los principales problemas que hemos encontrado ha sido la incapacidad de desconectar del trabajo de numerosos docentes y la incapacidad de acceso a la formación por una gran parte del alumnado.

En este aspecto entiendo que la mejor manera de aprender es la presencial, pues hay una parte de la educación que intrínsecamente se transmite del profesorado al alumnado y que no se escribe en los libros, sino que se vive cada día. Las administraciones han actuado con lentitud para tratar de resolver los problemas que iban aconteciendo durante esta pandemia. Nos hemos encontrado situaciones de auténtico malestar por una educación “online” no regulada, no controlada y que desbordaba a profesores, familias y alumnos.

Tal es así, que se convertía en urgente un tema dejado caer en el cajón de las mesas de nuestros dirigentes, la regulación del teletrabajo. En nuestro sector docente debe primar la presencialidad, pero hemos sido abordados de lleno por esta pandemia y debe existir una regulación que permita que nos situemos en nuevos horizontes. Afortunadamente, esta regulación se está llevando a cabo y este pasado 21 de septiembre de 2020 se firmó desde CSIF un acuerdo con el Ministerio para su regulación voluntaria y reversible para los empleados públicos. Ahora falta la parte importante de este rompecabezas, cómo gestionar esa regulación en nuestra administración docente y cómo puede afectar a nuestros puestos de trabajo, algo que todavía queda pendiente de negociar.

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), estableció diez medidas para ayudar a las instituciones educativas a que realicen la educación online de la mejor manera posible. Estas medidas están dirigidas tanto a docentes como al alumnado. Las recomendaciones incluyen:

  • Optar por el uso de soluciones de alta o débil tecnología en función de la energía y el tipo de acceso a Internet con los que cuenten los estudiantes, así como del nivel de competencias digitales que tengan estos y los docentes. En este aspecto los docentes han realizado grandes esfuerzos por adaptar información y apuntes personales al entorno digital. Asimismo se han retransmitido vídeos de contenido educativo por niveles de edad en algunos canales de televisión.
  • Garantizar el carácter inclusivo de los programas de aprendizaje online. Se 
    insiste en la necesidad de aplicar medidas que garanticen el acceso a la educación online por parte del alumnado con discapacidad o que proviene de familias de ingresos bajos. Las administraciones han reaccionado con lentitud para hacer llegar dispositivos digitales. Los gobiernos deben considerar la posibilidad de transferir temporalmente este tipo de dispositivos de las salas de informática a las familias, y facilitarles un acceso a internet y unas condiciones dignas de aprendizaje.
  • Proteger la privacidad y la seguridad de los datos.  
    Con el funcionamiento de la educación online es necesario comprobar el nivel de seguridad durante las descargas de recursos pedagógicos en las diferentes webs educativas y al transferirlos a otras organizaciones o personas. Hay que "velar por que la utilización de las aplicaciones y plataformas no afecte la privacidad de los datos de los alumnos y alumnas", advierte la UNESCO. Usando dispositivos particulares y tratando datos personales, está claro que en este sentido estamos lejos de cumplir objetivos.
  • Centrarse en los problemas psicosociales del alumnado antes de impartir la enseñanza. Desde la UNESCO se hace énfasis en la importancia de crear vínculos entre las escuelas, los padres, los docentes y el alumnado durante el confinamiento para darse apoyo socioemocional. Esta situación ha desbordado a muchos docentes, familias, alumnos y alumnas que han requerido asistencia especializada tras el estado de alarma.
  • Planificar con frecuencia el desarrollo de los programas de aprendizaje online. Desde la Unesco se recomienda a los equipos directivos y los docentes reunirse virtualmente para determinar si el programa de aprendizaje online debe centrarse en la enseñanza de nuevos conocimientos o reforzar aquellos ya adquiridos durante las lecciones precedentes. En este sentido las reuniones virtuales se han convertido en frecuentes y los docentes se han visto en ocasiones saturados ante estas herramientas de trabajo, presentando problemas de conciliación por la situación vivida.
  • Proporcionar a docentes y alumnado asistencia en cuanto al uso de las TIC. Durante la pandemia también nos encontramos escasos de ayuda en cuanto a programas de formación para el profesorado.
  • Combinar los enfoques adecuados y limitar la cantidad de aplicaciones y de plataformas. El profesorado debe combinar las herramientas tecnológicas a los que el alumnado pueda tener acceso. Si bien es necesario recomendar plataformas, hay que evitar abrumar a los estudiantes y a los padres pidiéndoles que descarguen o prueben una gran cantidad de aplicaciones y plataformas. Cada docente especificaba carencias en el uso de las plataformas y desde las administraciones deben “permitir” que las plataformas funcionen correctamente, manteniendo si es necesario nuevos acuerdos con empresas tecnológicas tal y como se remarcó desde el sindicato CSIF.
  • Establecer las reglas de la educación online y dar seguimiento al proceso de aprendizaje. Ha faltado organización para determinar las reglas del aprendizaje online, es decir, cómo se resolverán dudas, cómo se realizarán los ejercicios y se evaluarán, etc. Numerosos docentes se “quejaban” del exceso burocrático de información para realizar informes y de la sobrecarga de trabajo por el indebido uso de alumnado y familias en las vías de contacto con ellos.
  • Definir el tiempo de duración de las clases online en función del alumnado. 
    Desde la UNESCO se advierte de que la unidad de aprendizaje del alumnado de Primaria no debe sobrepasar, de preferencia, los 20 minutos, y la de los de Secundaria, los 40. En ocasiones era impracticable y las dificultades tecnológicas particulares implicaban una mayor dedicación.
  • Crear comunidades entre el profesorado y favorecer los vínculos sociales. 
    La UNESCO también sugiere que se creen comunidades virtuales de docentes, familias y directores de centros educativos para facilitar los intercambios de experiencias, así como el debate de las estrategias de gestión de las dificultades de aprendizaje. Los docentes están saturados de reuniones y es por ello que se convierte en fundamental regular el proceso de aprendizaje telemático.

 

El teletrabajo supone un reto para nuestro colectivo. La educación entiendo que debe ser presencial, pues hay una serie de valores éticos y morales que se adquieren por la interacción entre alumnado y profesorado y con los vínculos del propio alumnado entre sí. Este aprendizaje es insustituible. Sin embargo, existe una carga burocrática que debería ser sustituible y regulada en la función docente, así como una serie de funciones que sí podrían regirse por otras vías.

Deseamos que la pandemia termine y podamos regresar a la naturalidad de las aulas, mientras tanto, nos adaptaremos a los cambios.

 *Presidenta provincial de Educación del sindicato CSIF en Valencia.

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