¡Qué escándalo, los separatistas quieren un referéndum!

Seguro que muchos de ustedes recuerdan el célebre diálogo entre Humprey Bogart (propietario del Café de Rick) y el gendarme francés Renault (interpretado por Claude Rains) en la película Casablanca.

Renault: ¡Salgan inmediatamente! Rick: ¿Con qué derecho me cierra usted el local? Ranault: ¡Qué escándalo! ¡Qué escándalo! He descubierto que aquí se juega. Crupier: Sus ganancias, señor. Renault: Muchas gracias (metiéndose el dinero en un bolsillo). ¡Todo el mundo fuera!

Carmen Calvo, que es vicepresidenta del Gobierno, ha descubierto que los separatistas catalanes juegan. Y ha dicho que del juego, del referéndum que exigen desde hace años PdCat y ERC, no se puede hablar. Bueno, hablar sí, pero llegar a acuerdos no: “durante años se pidió diálogo. Lo hemos hecho. Si esto no es suficiente hay que parar”. Pues sus interlocutores nunca han dejado de exigir la consulta. Ni con Mariano Rajoy ni con Pedro Sánchez. Pero el Gobierno parece que se entera ahora.

Diálogo, predicaban. No abandonar la política, clamaban, para poder eliminar el conflicto. Pues no señor, al final, si uno no quiere dos no acuerdan. No es posible. Hasta aquí llegó el agua. Se congela el diálogo (no se rompe, ni se liquida aún la figura del “relator”), porque de ciertas cosas no se puede hablar. Vale, conversar sí, pero ceder más no.

Oiga, pues resulta que al final no hay tantas diferencias entre Mariano Rajoy y Pedro Sánchez. El popular exploró tanto las vías del diálogo -que ahora parece que haya inventado el PSOE- que le montó un despacho en Barcelona a la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría. Hasta que se toparon con el muro del referéndum. El mismo que Sánchez, asustado por la magnitud de la reacción contra el “relator” y presionado por quienes ya se veían en mayo en la oposición, tampoco va a saltar.

Para este viaje no hacían falta tantas alforjas. O, como diría José Mota, si hay que ir se va, pero ir pa ná es tontería.

Porque además han pillado con el paso cambiado, sin ir más lejos, a un tibio pero incómodo y enigmático Ximo Puig (“el Parlamento no puede estar fronterizado de tal manera que no haya posibilidad de superar las fronteras de los partidos”, en La Sexta) y a una Mónica Oltra inasequible al desaliento (“todo lo que contribuya a una solución dialogada y política de un conflicto que está ahí y no podemos negar, toda posición que avance hacia la solución de eso se debe intentar”).

A la vez y por separado, los dos máximos dirigentes de la autonomía valenciana defendían de nuevo en sendas declaraciones un diálogo que claro que siempre es deseable pero que nunca podría fructificar en los términos esperados porque una de las posturas se sabe desde hace años que es inamovible e incompatible con la otra.

 

 

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