21 de agosto de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT
  • Antonio R. Naranjo

    El Gran Carnaval

    Como en la película de Billy Wilder, la política española es un carnaval solemne, cómico y trágico a partes iguales. Y así es esta bitácora de un analista perplejo que cada día lo observa todo en ESdiario y Herrera en Cope.

Pablito en Siria, Imagine

Iglesias en El Hormiguero arrancándose con la guitarra.

Iglesias en El Hormiguero arrancándose con la guitarra.

¿No ven a nuestra "Flota de la Esperanza" emulando la marcha de Selma, entrando al país de Al Asad con los brazos abiertos, buscando y ofreciendo abrazos? ¿Por qué no probar?

Demos una oportunidad a la paz, como piden Ada, Kichi, Manuela, Pablo y todos los tripulantes de esa entrañable "Flota de la Esperanza" que ya ultima una manifestación con el "No a la guerra".

Quizá no funcione, ¿pero y si lo hace? ¿Y si tienen razón y, como dijo la alcaldesa de Madrid a modo de epílogo de cuarenta años de ETA y mil muertos, todo puede arreglarse mirándonos a los ojos, con el corazón, con el diálogo, con abrazos y reconociendo "el dolor en unos y en otros"?

¿Y si es verdad que los yihadistas sólo necesitan un mimo, un hombro y un par de oídos sensibles, dispuestos a escucharles? ¿Y si yendo allí, a sus casas, luciendo un corazón que ya no cabe en tan nobles pechos, de repente dejan de enviar a los más tontos de los suyos a inmolarse en París, a apuñalar en Londres o a reventar trenes en Madrid?

¿Y si con tan noble gesto, fruto de una altura moral que los demás no alcanzaremos jamás, dejan de decapitar a periodistas, de degollar a niños, de lapidar a mujeres, de derribar monumentos, de ahorcar a gais, de someter el Estado a su Fe, de bucear en mitos medievales para chapotear luego en sangre infiel?

¿Y si, aún más, cada problema que padecemos puede también remediarse con la misma actitud? ¿Y si a los padres de Asunta, a los hijos de José Bretón, a Josu Ternera, al Violador del Eixample o al pederasta de Arturo Soria les ha faltado una mirada, un susurro, un abrazo y esa tacañería nuestra explica las barbaridades que de otra forma jamás hubieran cometido?

¿Y si también faltó sólo un beso en Wonded Knee con los indios lakota, en Treblinka con los nazis, en Camboya para Pol Pot o en la Roma púnica con Aníbal? Aún más, ¿y si el desafío en Cataluña dependiera de un simple achuchón a Artur Mas y de un "me gusta mucho tu disco" al líder de las CUP, el inigualable Antonio Baños y su incomprendido grupo de cutrepunk Los Carradine?

¿Y si el "No a la guerra", aunque nos parezca de entrada una confesión vergonzosa de que no se quiere o se sabe defender a las mismas personas a las que pides el voto, es en verdad una brillante respuesta, en su simpleza, a problemas que sólo parecen complejos para las mentes más obstusas?

Hay precedentes. Martin Luther King ya era premio Nobel de la Paz cuando, al comprobar que el presidente Lyndon B. Johnson le daba buenas palabras pero no aprobaba el derecho a votar de los negros, impulsó una marcha entre Selma y Montgomery, en el estado de Alabama, para reivindicar el sufragio universal: en la primera intentona, con 600 hermanos desfilando pacíficamente por el puente que separaba ambas ciudades, la Policía cargó despiadadamente, aporreó a ancianos y acabó con la vida de un sacerdote de Boston, apaleado en los disturbios posteriores. Martin no estaba allí.

Pocos días después, el reverendo que sería asesinado en 1968 de un disparo en la cabeza mientras saludaba a la gente desde su humilde motel Lorraine en Memphis, se puso al frente de una segunda marcha que no llegó a culminar pero conmovió a toda la nación: Johnson, heredero de Kennedy, nieto de españoles, líder demócrata e inductor tal vez de los más importantes derechos sociales y civiles en Estados Unidos (desde el Medicare hasta las viviendas de alquiler bajo o las becas educativas) firmó la ley que equiparaba a blancos y negros antes las urnas.

La tercera marcha, con la ley sancionada, fue una fiesta y más de 25.000 personas acudieron de todo el país para caminar hasta el Capitolio de Alabama y restregarle su victoria en los morros al gobernador del Estado, un tipo siniestro llamado George Wallace que pronunció en aquella época una frase digna de cualquier tertulia:  "Segregación ahora y segregación siempre".

¿No se imaginan a nuestra "Flota de la Esperanza" emulando la marcha de Selma, entrando a Siria con los brazos abiertos, buscando y ofreciendo abrazos mientras uno de ellos, tal vez Pablo Iglesias en persona, toca Imagine con su guitarra de la paz? ¿Por qué no probar?

¿Por qué creer que, mientras en la Francia ilustrada todo el mundo se pone detrás y al lado del presidente y acepta y reclama medidas excepcionales para desafíos sin precedentes; aquí sólo quieren probar a ver si hay suerte y todo esto afecta a las inminentes elecciones generales?

¿Por qué pensar que son una mezcla de chusma cobarde y de pijos irresponsables que, en el fondo, quieren que otros les defiendan si, pese a sus bobadas, ellos mismos se convierten en objetivo?

¿Por qué dar por supuesto que, en su alocamiento ideológico y en su buenismo pancetero, tienen tendencia a entender siempre al verdugo y a ignorar a la víctima, cuando no a hacerla culpable de lo que le ocurre? ¿Por qué pensar que son una tropa ignorante, huevona, de eterna facultad indolente?

Probemos, pues. Que Aznar se calle. Que Pedro Sánchez se salga del pacto antiyihadista y borren su firma Rivera y compañía. Que el portaviones Charles de Gaulle se dé la vuelta y Hollande se meta la lengua en salvo sea su volován. Que Rajoy se centre en dar collejas a su hijo. Que Merkel anule el viaje de los chicos a Mali y que, por supuesto, acaben los controles en las calles, se dejen de cerrar mezquitas ilegales, se permita a esta buena gente utilizar las redes sociales y, siempre, se anteponga la empatía sobre el odio. Que éste se reserve, en fin, para asaltar los cielos de aquí, que son mucho más peligrosos.

Enviemos pues a Pablo, a Manuela, a Ada, a Garzón, a Monedero, a Sor Lucía, a Miss Talegón y a cualquiera que de verdad crea que es una opción el "No a la guerra" cuando ya te están matando al lado de tu casa y no una cobarde invitación a que lo sigan haciendo salvo que lo evite otra persona a la que has estado insultando. Que vayan, entre aplausos, con una guitarrita. Y unas velas. Repartiendo flores y abrazos.

Tal vez funcione. Y si no, en el caso de que puedan volver con sus privilegiadas cabezas sobre los hombros, quizá entiendan algo básico. Que el problema, en realidad, no son los yihadistas.

Somos nosotros. Son ellos.

Comenta esta noticia
Update CMP