18 de julio de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

¿Tiene razón o no Adriana Lastra al despreciar el plagio de hasta 500 palabras?

 

Adriana Lastra ha dicho que "300 o 500" palabras sin entrecomillar no son un plagio, e incluso se ha mostrado airada cuando un periodista le ha preguntado al respecto. Su respuesta, a la carrera, no ha podido ser más despectiva: "Por favor", como si la mera sospecha ya fuera improcedente.

El revuelo montado por la tesis de Pedro Sánchez y el posterior libro prácticamente calcado a ésta no ha hecho más que crecer gracias a la portavoz del PSOE en el Congreso de los Diputados, cuyas palabras le han resultado escandalosas a casi todo el mundo. ¿Pero y si tiene razón? ¿Se puede considerar plagio el uso de hasta 500 palabras sin citar su procedencia ni autoría?

 

Sometida Lastra al polígrafo para saber la verdad, éste es el resultado:

La Universidad de Alcalá, en Madrid, dedica un amplio espacio a definir qué es plagio, cuándo se comete y en qué casos no hay excusa posible. Y su definición, muy similar a la de la práctica totalidad de instituciones académicas, es bastante concluyente:

"El plagio abarca desde la simple imitación fraudulenta de la obra de otro, hasta la mera reproducción total o parcial de dicha obra, usurpando la condición o el nombre del autor. Son casos de plagio:  

1. Cuando entregamos un trabajo ajeno como si fuera propio, independientemente de que la copia sea total o parcial.

2. Cuando parafraseamos un texto, es decir, lo plasmamos con otras palabras haciendo pequeños cambios en el lenguaje para disimular y sin citar las fuentes.

 

3. Presentar un trabajo nuestro ya utilizado: hablamos de "autoplagio". Cuando copiamos cualquier tipo de multimedia ( gráficos, audio, vídeo, páginas web..), programas de ordenador, música, gráficos... sin citar al autor.

4. Cuando nos basamos en una idea o frase de otro para escribir un trabajo nuevo y no citamos al autor de la idea".

Lo refrendan todos

La Universidad de Sevilla, además, amplía las exigencias previas a la utilización de material ajeno, recordando la ley de propiedad intelectual e imponiendo una máxima innegociable: "Hay pedir permiso al autor explicando para qué lo quieres  y no olvidar citar al autor y la fuente, y enlazarlo, así no infringes ninguna ley".

El mundo académico se toma tan en serio este asunto que, desde 2012, incluso hay instituciones del prestigio de Harvard que obligan a sus estudiantes -no digamos ya a sus doctores y docentes- a sellar un código ético contra las trampas. 

Harvard incluso tiene un decanato de Integridad Académica y Conducta Estudiantil para evitar estos casos

Así lo explicaba el decano adjunto de Integridad Académica y Conducta Estudiantil, Brett Fleminher, en una información de la BBC: "Lo que intentamos trasmitir a los estudiantes es que la exactitud y la honestidad son los fundamentos de todo el trabajo académico y el conocimiento, la ciencia, las humanidades y las ciencias sociales".

La conclusión

El rastreo hecho por El Polígrafo confirma que, en resumen, no hay ninguna universidad del mundo donde el plagio quede impune, si se detecta, ni tampoco donde copiar "300 o 500" palabras sea considerado un hecho menor o sin importancia.

La conclusión, en definitiva, es muy negativa para Lastra: respondió desde la ignorancia más absoluta o desde la entrega incondicional a la defensa de su jefe de filas, pero no desde el rigor más elemental.

Las copias o plagios de Sánchez no superarían el filtro en ninguna insititución académica digna de cierto relieve. Y, desde luego, no se defenderían en sede parlamentaria con la vehemencia inconsistente de Adriana Lastra.

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