25 de septiembre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Sánchez e Iglesias engañan a la sociedad para esconder sus múltiples escándalos

Pablo Iglesias, en el Senado

Pablo Iglesias, en el Senado

Si Sánchez evita la investigación parlamentaria y la comparecencia, se hará cómplice de los posibles delitos y demostrará su catadura tras desalojar a Rajoy en nombre de la higiene.

 

 

Si nada lo remedia, el PSOE evitará hoy que Pablo Iglesias tenga que comparecer en el Congreso para dar explicaciones sobre los múltiples escándalos que se le acumulan a Podemos, a cual más oscuro, alguno de ellos en fase judicial.

No se trata de inventos de la "cloaca", como dicen el vicepresidente segundo del Gobierno para escurrir el bulto de manera impresentable, sino sospechas razonables de delitos graves que han merecido la atención de los jueces.

Desde la Caja B hasta el dudoso crowfunding, pasando por la financiación, los sobresueldos, las obras de su sede o los trabajos con extrañas consultoras extranjeras; todo lo relativo a los dineros de Podemos tiene un evidente aroma a irregularidad.

Acrecentada por una certeza que los líderes intentan disimular insistiendo en que, hasta ahora, todas las denuncias se han archivado: eso es cierto, tanto como que los fundadores del partido, de manera personal o con fundaciones, facturaron millones de euros de siniestros regímenes poco antes, vaya casualidad, de que lanzaran la formación.

Con instrucciones en marcha, cualquier dirigente de un Gobierno debería asumir la responsabilidad de dar explicaciones en sede parlamentaria. Y de aprobar y apoyar una Comisión de Investigación. Pero esa obligación es especialmente insoslayable en los casos de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, impulsores de una moción de censura con la que el primero llegó al Gobierno y el segundo acabó haciéndolo tiempo después.

 

 

A Rajoy lo desalojaron, tras ganar dos Elecciones Generales en seis meses, apelando a una sentencia que solo enjuició dos casos de corrupción doméstica del año 2003, sin que la Justicia determinara responsabilidad alguna en el entonces presidente, cuyo papel en aquel juicio se limitó al de ser un testigo.

Con ese precedente, que Podemos ahora se niegue a comparecer las veces que haga falta y que el PSOE le ayude desde el Congreso, es implemente impresentable. Y una falta de respeto a la ciudadanía, a la que se persuadió de que su censura al PP obedecía al deseo innegociable de aplicar criterios de transparencia y decencia a la acción pública.

Sánchez e Iglesias, en fin, quedarán retratados como un par de ventajistas sin escrúpulos ni principios; movidos exclusivamente por el deseo de llegar al poder como sea y mantenerlo al precio que haga falta. Si se concreta este ejercicio de opacidad extrema, en fin, quedarán retratados para siempre. Y los españoles solo tendrán ya en los jueces una esperanza de regeneración que ellos, desde luego, no representan.

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