26 de febrero de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

No lo llamen Sánchez; llámenlo "San-patero"

Tras año y medio de Sánchez en Moncloa, los estragos de sus decisiones económicas ya son evidentes: una España subsidiada es una España empobrecida y dependiente. Quizá eso es lo que busca.

 

 

 

Pedro Sánchez cerró su primer año completo al frente del Gobierno con el peor dato de paro desde 2013: ya no se crean puestos de trabajo, se destruyen, y el número de cotizantes también se reduce. Otro daño añade más penumbras a un paisaje ya definitivamente gris: el gasto en subsidios se disparó en ese periodo un 9%, hasta llegar a los 20.000 millones de euros.

No es un dato estacional, como intenta alegar el Gobierno, pues hay un mes de enero todos los años y en ninguno como en éste, desde 2013, la magnitud del desempleo había llegado a estos extremos: empieza a ser estructural y atiende, sin duda, a decisiones y mensajes emitidos desde el propio Ejecutivo, primero en solitario del PSOE y ahora en coalición con Podemos.

 

Porque Sánchez ha elevado el SMI, amenazado con anular la reforma laboral, disparado el gasto con los demagógicos "viernes sociales", aumentado la deuda con subidas de subsidios y pensiones y, en general, adoptado decisiones meramente electorales en un contexto global de recesión económica que a España siempre le pasa más factura.

Porque nuestro déficit es elevado, la capacidad de exportación menor, el tamaño de las empresas pequeño y la exposición a los problemas internacionales mayor. Con ese panorama, disparar el gasto como ha hecho Sánchez y criminalizar al empresariado como responsable de los evidentes bajos salarios de España es una temeridad con efectos perversos.

A Sánchez se le pone ya cara de Zapatero, y a España de recesión y desastre inducido por un Gobierno demagógico

La memoria de los estragos de Zapatero, en este mismo ámbito, es bien reciente y a nadie se la ha olvidado aún: con mensajes similares a los de Sánchez, provocó los efectos contrarios a los que decían perseguir, haciendo con ello la peor de las políticas sociales posibles.

¿Como Andalucía?

Porque el bienestar de la ciudadanía no se retrata por la variedad del catálogo de subsidios existente en un país; sino por la autonomía individual derivada de la buena salud económica propia. Lo que vuelve a pasar en España, de momento sin la virulencia de la era Zapatero pero con le mismo aspecto, es lo que ya sucedió en Andalucía durante décadas.

Esto es, una Comunidad subsidiada, que es la manera con la que los Gobiernos incompetentes y sectarios intentar garantizarse la lealtad del ciudadano, haciéndole creer que las dádivas dependen de la perpetuación de un partido determinado. Si no es eso lo que busca Pedro San-patero.

Comenta esta noticia
Update CMP