29 de septiembre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Verstappen y Pirelli logran que Hamilton hinque la rodilla

Verstappen, celebrando el triunfo.

Verstappen, celebrando el triunfo.

Verstappen se impuso en la carrera del 70º Aniversario, disputada en Silverstone, en una nueva exhibición de mala suerte para Carlos Sainz y su McLaren.

Hamilton hincó la rodilla, y esta vez no por su afán influencer ante el soberano aburrimiento que suponen sus paseos mundialistas. Porque Max Verstappen, en su Red Bull Honda, ganó el GP del 70º Aniversario, disputado en el circuito de Silverstone, amparado en el mejor trato del monoplaza austriaco a los neumáticos Pirelli en comparación con cómo los gestionaron los Mercedes del británico y de Bottas, que completaron el podio. De nuevo, decepcionante carrera de Carlos Sainz en su McLaren, van demasiadas veces esta temporada, lastrado por un pitstop nefasto.

Que Mercedes AMG, el mejor monoplaza de la era híbrida sin que nadie sea capaz de ponerle en apuros, es un coche que sufre todos los años en los meses más calurosos, tanto por sobrecalientamientos como por degradación de las gomas, es algo ya conocido. Verstappen arriesgó en los entrenamientos para poder salir con duras a carrera, y esa decisión sabatina fue decisiva el domingo, porque le permitió permanecer más tiempo en pista antes del primer pitstop, ponerse primero y no abandonar esa posición el resto de la carrera. Fue una Maxterclass del Holandés Volador.

Bottas y Hamilton salieron como dos disparos, estabilizaron su ventaja respecto a Verstappen en torno a los cuatro segundos y entones, sus Pirelli comenzaron a sufrir blistering, comprometiendo su ritmo y teniendo que entrar prematuramente en boxes. Eso les hizo perder la carrera porque el hecho de que los neumáticos elegidos para la carrera fueran la gama más blanda del fabricante italiano es lo que peor le viene a Mercedes. Hamilton, eso sí, se deshizo con absoluta facilidad del finlandés en el tramo final de carrera, beneficiado por tener ruedas más frescas. Esas cosas que pasan en la angloalemana que siempre le benefician a él  y que confirman que el recién renovado Bottas es un mandado.

Carlos Sainz, mientras, tuvo otra carrera para el olvido, de nuevo, y van demasiadas veces ya, castigado por un espantoso pitstop de su equipo que le hizo perder ocho segundos extra cuando estaba peleando en mitad de la montonera por acabar en los puntos y condenándole a acabar décimotercero, sin posibilidades de arañar nada. Todo lo malo que pasa en McLaren le pasa a él: su monoplaza es el que corre menos, el que se sobrealimenta más y el que se atasca en las paradas en boxes, y nunca su compañero.

Puede ser mala suerte, pero la cosa empieza a parecer, cuanto menos, sospechosa, pese a las palmadas en la espalda y los halagos públicos de los gestores del equipo. Al menos, Sainz vio cómo Leclerc llevó al Ferrari al cuarto lugar gracias a su extraordinario cuidado de las gomas y pudo comprobar cómo pese al día para olvidar pudo acabar justo tras el alerón trasero del otro Ferrari, el de Vettel. El Ferrari que será suyo la próxima temporada.

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